La locura de Pokémon GO

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Juegos

Comencé a vivir en el año 1992, eso significa que pertenezco a una generación que se vio muy marcada por la era de Pokémon. Y como tal, todos soñábamos por aquel entonces con convertirnos en entrenadores Pokémon. Podemos decir que lo más parecido a esto que se ha conseguido hasta ahora ha cobrado forma ahora con Pokémon GO. Pero aun así, hay que decir que la fiebre de Pokémon GO está superando cualquier expectativa.

Se supone que a alguien como a mí, que siempre quiso un juego del estilo de Pokémon GO, debería gustarle este juego, y me gusta. En realidad lo tengo, lo juego, y lo seguiré jugando con el tiempo. Quizás más que todos aquellos usuarios que ahora juegan. Sin embargo, lo que se está viviendo en las ciudades de los países en los que se ha lanzado el juego parece casi de broma. Y es que no son esos usuarios de la generación de los noventa los que llenan cada una de las Poképaradas, o los Gimnasios de la ciudad, sino que son aquellos que no pertenecen a aquella generación. Pase tienen todavía los que son de una generación posterior, nacidos después del 2000, a los que puede llamarles la atención el juego en sí mismo, o que vivieron generaciones posteriores de la serie y los juegos de Nintendo. Pero mucho menos pase tienen todos aquellos usuarios que pertenecen a generaciones anteriores. En cualquier caso, ambas dos generaciones son realmente curiosas. Dejadme que os cuente una historia.

Pokemon GO

Ayer mismo pude ver a un grupo de jóvenes hablando sobre Pokémon, y concretamente hablaban de uno llamado “Arcanine”, leído en español tal y como se escribe. Un Pokémon que para mí es bien conocido, y cuya pronunciación aprendí siendo todavía bastante niño. Me llamó la atención que les gustara tanto un juego cuyos personajes ni siquiera conocían bien. Poco después uno de los jóvenes se separó del grupo, enfadado, y sin smartphone en la mano. El momento álgido, quizás, fue aquel en el que el grupo le pidió que no se fuera, que se quedara al menos para hablar, y este arguyó “¿de qué? ¡¡¿de Pokémon?!!”, marchándose enfadado y generando risas en otro tanto grupo de jóvenes que acababa de llegar.

No obstante, no menos raro fue ver cómo un grupo muy grande de personas mayores, de la generación de los 80 e incluso de los 70, comenzó a llegar a aquella zona. Y es que precisamente allí había una Poképarada y un gimnasio Pokémon. Alguien había activado un cebo en la Poképarada y todos estaban acudiendo allí. Si no eran 40 personas las que allí estaban, podría estar mintiendo. Una gran cantidad de personas. Me desplacé, precisamente para evitar estar con tantas personas, no sin que antes alguien me preguntara si estaba intentando vencer en el gimnasio. La mala suerte quiso que fuera a parar a otra Poképarada, y que un rato después, todos los que estaban en el primer lugar, empezaran a acudir en bloque al segundo. Más sorprendente fue, quizás, el hecho de que comenzaron a llegar vehículos y a parar en la zona, precisamente por esa Poképarada, en la que alguien habría activado también un cebo.

Pero es que, esta misma mañana me encuentro con un amigo que me dice que es increíble, como en otro parque de la ciudad, se había juntado una gran cantidad de gente a jugar al juego, y que no habían ni siquiera quedado, sino que se habían reunido allí por pura casualidad, en buscar de ese gimnasio o de esa Poképarada, y en la que encontraron a un gran grupo de personas que estaban también usando su smartphone. Al final, lo que ocurrirá es que cuando vayamos por una calle capturando un Pokémon, o estemos en una Poképarada y veamos a alguien con su smartphone, pensemos “tú, probablemente, también estás jugando a Pokémon GO”, cuando quizás no es así.