Flappy Bird vuelve. El creador del juego que se convirtió en el más famoso del mundo aseguró que el videojuego volvería a las tiendas de aplicaciones, y parece que así ocurrirá finalmente en breve. La expectación es máxima, pero también el escepticismo por lo que puede significar su regreso en un panorama móvil muy distinto al que lo vio despegar.
Sin embargo, es probable que el videojuego ya nunca más vuelva a ser tan exitoso. La combinación de nostalgia, mercado saturado y nuevas formas de monetización dibuja un escenario complejo. Aquí están los cuatro motivos que nos llevan a pensar que Flappy Bird no tendrá tanto éxito.
Qué está pasando con el “nuevo” Flappy Bird
El retorno no llega de la mano de su autor original. Hoy el nombre Flappy Bird está en manos de otra empresa, que habría recuperado la marca por desuso y opera bajo una entidad que se presenta como una fundación del juego. El propio Dong Nguyen, autor de títulos como Swing Copters, ha reaparecido en redes para dejar claro que no tiene relación con este relanzamiento y que no apoya iniciativas cripto vinculadas al proyecto.
El reboot promete ir más allá del original: varios mapas, aspectos (skins) para el pájaro y escenarios alternativos, junto con un posible modo historia, minijuegos y variantes competitivas. En materiales promocionales se aprecian cajas de botín, moneda premium y tienda in‑game, rasgos propios de juegos móviles actuales que maximizan la retención y la monetización.
Además, una parte de la experiencia se está impulsando mediante plataformas sociales: una miniapp tipo “Flap‑A‑TON” dentro de Telegram permite jugar y acumular puntos, con la promesa de reclamarlos cuando el juego esté plenamente disponible tanto en Web2 como en Web3. Para ello, se sugiere vincular una cartera de la red TON y aprovechar recompensas por interacción social. Este enfoque apunta a un modelo play to earn y a elementos coleccionables que recuerdan a NFTs, algo que choca con la filosofía del título original.

1.- El videojuego no es nuevo
Solo hay un motivo para que un videojuego tan simple como Flappy Bird consiga ser uno de los más descargados del mundo, y es que es una novedad. La premisa minimalista unida a una dificultad elevada lo convirtió en un fenómeno adictivo. Sin embargo, fue la novedad lo que consiguió que se hiciera tan famoso. Hubo incluso una gran dosis de casualidad en que Flappy Bird se hiciera tan famoso en todo el mundo.
Ahora, todo el mundo conoce Flappy Bird. Ya no será una novedad, sino simplemente el videojuego al que todos jugaron, y que ahora ha vuelto a las tiendas de aplicaciones. Un videojuego que descargaremos, jugaremos el día que lo descarguemos, y muchos volveremos a dejar de jugar a él por muchos meses.
El contexto también ha cambiado: existen decenas de títulos con bucle de juego similar y mecánicas de toque rítmico altamente pulidas. Si el regreso no aporta avances reales en diseño de niveles, control táctil y sensación de recompensa, la nostalgia no bastará para sostener el interés más allá de la primera semana.
2.- No será tan adictivo
Dong Nguyen, el creador del videojuego, retiró Flappy Bird de las tiendas de aplicaciones porque no quería que los usuarios perdieran el tiempo jugando a un videojuego que él había creado. Afirmó que lo volvería a lanzar, pero con un sistema integrado para que los usuarios no pudieran perder tanto tiempo con el videojuego. Todo parece indicar que el videojuego no será tan adictivo.
El nuevo enfoque añade capas que diluyen la sencillez que made in Flappy Bird un “un intento más y lo dejo”. Recompensas por sesión, tareas diarias y monedas premium pueden interponerse entre el jugador y la partida instantánea. Y si hay resurrecciones de pago o ayudas, disminuye la tensión que convertía cada toque en una decisión crítica.
Si además se vincula progreso a plataformas externas (por ejemplo, carteras de blockchain o perfiles sociales) o a ver anuncios para desbloquear contenido, el bucle original se ve afectado. El diseño que más engancha en arcades ultraminimalistas es el que reduce fricciones, no el que las añade.
3.- ¿Compras in-app?
Cuando Flappy Bird estaba todavía disponible en las tiendas de aplicaciones, ya eran muchos los que veían el potencial que tenía la aplicación si se integran las compras in-app. Podríamos modificar el aspecto del escenario o del pájaro, con compras in-app. También podríamos contar con ayudas de pago, como la posibilidad de resucitar al pájaro una vez que se ha estrellado. Son opciones que podrían llegar con la nueva aplicación y que probablemente llegarán. Muy extraño sería que el nuevo Flappy Bird no fuera lanzado con la intención de ganar dinero. No tiene sentido que se retire una app ya lanzada y que es muy famosa, que se mejore, y que se lance otra vez de manera gratuita. La publicidad da dinero, sí, pero si a eso se le añaden las compras in-app, entonces podría ser un verdadero negocio.
Los indicios actuales apuntan a un catálogo completo de monetización: tienda con skins, huevos sorpresa o cajas de botín, moneda premium y pases con desafíos. Incluso se contempla la posibilidad de vincular recompensas a redes como TON, integrar minieventos en Telegram y bonificar la conexión de cuentas o la participación en campañas. Todo ello crea ingresos, pero incrementa la percepción de “pagar para progresar”.

El riesgo para la marca es claro: cuanto más se aleje del espíritu purista del original, más difícil será convencer al público de que esta nueva etapa no es solo una explotación comercial. Y si la personalización llega ligada a modelos coleccionables tipo NFT, parte de la comunidad podría darle la espalda.
4.- Muchos clones
A eso habría que sumar que el videojuego ya ha contado con muchos clones. Incluso era posible modificar el Flappy Bird original para personalizarlo como quisiéramos. Apple y Google tuvieron que bloquear la publicación de aplicaciones que trataran de copiar a Flappy Bird, porque la afluencia de estas apps fue increíblemente grande. No obstante, no es solo una cuestión de los clones exactos del videojuego, sino también de otros videojuegos parecidos que se han lanzado con el mismo estilo.
Retry, de Rovio, es uno de los últimos, y actualmente está solo disponible para iOS. En Retry llevamos a un avión que cada vez que se estrella nos obliga a tener que reiniciar el nivel desde el último punto de control. Al final, el sistema es el mismo. Jugar, estrellarse, y volver a jugar. En el momento en que Flappy Bird se convirtió en un juego mundialmente conocido, ese sistema no estaba tan quemado. Ahora parece que todos los videojuegos son iguales.
Además, el fenómeno generó situaciones extremas: plataformas de reventa llegaron a ver móviles con el juego instalado, lo que tuvo que frenarse por políticas de seguridad y restablecimiento. Ese ruido mediático ya no existe; además se documentó que clones contienen malware, y hoy la competencia por la atención es brutal y las stores están llenas de hipercasuales de ciclo muy corto. En esa selva, sobresalir resulta mucho más costoso.
No obstante, el nuevo Flappy Bird será un videojuego exitoso, y más si llega con modos multijugador. Podrían funcionar variantes como duelos asíncronos, ránkings globales o incluso “battle royale” con partidas ultrarrápidas. Sin embargo, no será tan exitoso como lo fue en su pico original. Aunque podríamos equivocarnos y ver cómo Flappy Bird consigue ser todavía más exitoso cuando sea lanzado de nuevo a las tiendas de aplicaciones.

