Revisa estos ajustes de privacidad para mantener tu móvil protegido

  • Configura bloqueo de pantalla, permisos de apps y sensores (cámara, micrófono, ubicación) para reducir al mínimo la exposición de tus datos.
  • Refuerza la seguridad con 2FA, protección de la cuenta de Google, Play Protect, Buscar mi dispositivo y bloqueo de SIM frente a robos o secuestro de cuentas.
  • Revisa mensualmente WhatsApp, redes, contraseñas filtradas y actualizaciones, evitando malas prácticas como instalar apps de fuentes dudosas o usar WiFi inseguras.

ajustes de privacidad en el móvil

Tu móvil se ha convertido en el epicentro de tu vida digital: conversaciones privadas, fotos íntimas, documentos del trabajo, datos bancarios, historiales médicos, ubicaciones… todo pasa por ese pequeño aparato que llevas en el bolsillo. El problema es que, con los años, vamos instalando apps, aceptando permisos a toda prisa y tocando los ajustes lo justo para que nada moleste. Resultado: un teléfono comodísimo de usar, pero también un caramelo para curiosos, anunciantes y atacantes.

La parte buena es que Android y iOS traen un montón de opciones de seguridad y privacidad que casi nadie mira y que, bien configuradas, pueden blindar tu dispositivo en pocos minutos. A eso hay que sumar funciones de WhatsApp, del navegador, de tu cuenta de Google y hasta ajustes de la SIM que marcan la diferencia entre un móvil relativamente protegido y uno totalmente a merced de terceros. Vamos a revisar, paso a paso, todos esos puntos clave y algunos malos hábitos que conviene desterrar. Si quieres una guía adicional para activar un modo de privacidad casi total, también tienes opciones para profundizar.

Centro de seguridad y privacidad de Android: el panel que no miras nunca

En muchos móviles modernos, Android agrupa los controles importantes en un apartado llamado “Seguridad y privacidad” dentro de Ajustes. Allí ves de un vistazo si el dispositivo está razonablemente protegido o si hay agujeros gordos que deberías cerrar cuanto antes.

En la parte superior suele aparecer un estado general: cuando ves algo tipo “Todo correcto” significa que el sistema no detecta riesgos urgentes; si aparece “El dispositivo está en riesgo” sabrás que hay problemas con el bloqueo de pantalla, permisos peligrosos, Play Protect desactivado, ausencia de cifrado u otras alertas similares.

Desde ese centro puedes tocar opciones como “Analizar dispositivo” para que Android revise configuraciones críticas: bloqueo, escaneo de apps, cifrado, uso y diagnóstico, permisos sensibles y recomendaciones adicionales. Cualquier aviso en rojo o con icono de advertencia no es para dejarlo “para luego”: son justo las cosas que facilitan que tus datos acaben en manos ajenas al mínimo despiste.

Ten en cuenta que no todos los fabricantes agrupan seguridad y privacidad en una sola pantalla; en algunos modelos verás secciones separadas. Aun así, casi todos incluyen un resumen del estado, alertas y sugerencias para cerrar fallos básicos.

Bloqueo del móvil y pantalla de bloqueo: tu primera muralla

Lo más elemental, y aun así algo que mucha gente descuida, es configurar un bloqueo robusto de pantalla con PIN, patrón o contraseña y un método biométrico (huella o reconocimiento facial). Sin esta barrera, cualquiera que coja tu teléfono desbloqueado o sin clave accede en segundos a fotos, chats, correo, redes sociales y apps bancarias.

En Android, entra en Ajustes → Seguridad y privacidad → Desbloqueo del dispositivo (el nombre puede cambiar según la marca) y elige método de bloqueo. Lo ideal es un código numérico largo o una contraseña alfanumérica, usando huella o cara solo como complemento para que desbloquear no sea un suplicio.

Igual de importante es controlar lo que se ve en la pantalla de bloqueo. En la mayoría de capas de Android puedes entrar en Ajustes → Notificaciones → “Notificaciones en pantalla de bloqueo” y decidir si se muestra el contenido completo, solo el remitente o nada de nada. Ocultar el texto de mensajes, códigos de verificación o avisos de apps sensibles es clave para que nadie pueda leer información privada sin desbloquear.

Muchos móviles incorporan además detalles como “Privacidad del PIN mejorada”, que evita que se muestren animaciones de los números al marcar el código; así se dificulta que una grabación de pantalla o una mirada indiscreta reconstruya tus pulsaciones. Activar este tipo de pequeños extras suma capas de protección sin complicarte la vida.

No te olvides de revisar, de vez en cuando, qué huellas o rostros se han registrado en el dispositivo. Si en su día diste acceso a otra persona “para un apaño rápido” y ya no quieres que pueda entrar, elimina esos datos biométricos desde los propios ajustes.

Permisos de aplicaciones, panel de privacidad y control de sensores

Más que los virus espectaculares, lo que suele comprometer tu intimidad son aplicaciones aparentemente inofensivas con permisos exagerados. Calculadoras que quieren acceder a tu ubicación, linternas con micrófono, juegos que leen tus contactos… ahí es donde se filtra información valiosa hacia anunciantes, intermediarios de datos o desarrolladores poco éticos.

trucos para proteger la privacidad en smartphone

En Android 13 y 14 tienes dos herramientas muy potentes en Ajustes → Seguridad y privacidad → Privacidad: el panel de privacidad y el gestor de permisos. El primero te enseña qué permisos sensibles (ubicación, cámara, micrófono, etc.) se han usado en las últimas horas y qué apps los han solicitado, con un historial fácil de entender.

El Gestor de permisos organiza todos los tipos de permiso (cámara, micrófono, SMS, contactos, archivos, actividad física, salud, notificaciones…) y, al tocar en cada categoría, verás qué aplicaciones tienen acceso y con qué nivel. Desde ahí puedes limitar para que la app solo use ese permiso mientras la estás utilizando, tenga que pedirlo cada vez o no lo pueda usar nunca.

En el caso de la ubicación, además puedes escoger entre posición precisa o aproximada, de forma que una aplicación sepa que estás “en tu barrio” sin clavar tu dirección exacta. Para el tiempo, un mapa genérico de restaurantes o servicios similares, esta ubicación menos detallada suele ser más que suficiente.

El criterio básico es de sentido común: si una app no necesita un permiso para su función principal, mejor negarlo. Una herramienta de notas que pide micrófono y contactos, o un juego que exige acceso total al almacenamiento, merecen sospecha. Lo más prudente en esos casos es revocar permisos y, si la app insiste, desinstalarla directamente.

Fotos, vídeos, cámara y micrófono bajo llave

Tanto Android como iOS han dado un salto muy grande en cómo controlas el acceso a tu galería y a los sensores de cámara y micrófono. Ya no se trata solo de permitir o denegar, sino de afinar qué ve cada app y cuándo.

En las versiones recientes de Android, cuando una aplicación quiere ver tus fotos o vídeos, puedes conceder acceso solo a determinados elementos en lugar de exponerle todo el carrete. Es perfecto para subir una foto concreta a una red social sin abrirle la puerta al resto de tu vida visual.

Si en su día diste permiso total y ahora quieres recortar, entra en Ajustes → Seguridad y privacidad → Privacidad → Gestor de permisos → Fotos y vídeo, selecciona la app problemática y cambia a modos como “Preguntar siempre” o “Acceso limitado”. La próxima vez, el sistema te permitirá escoger qué imágenes puede ver.

Con la cámara y el micrófono conviene ser todavía más estricto. Desde ese mismo gestor, revisa los apartados de Cámara y Micrófono: desactiva permisos para todas las apps que no los necesiten sí o sí para funcionar (videollamadas, cámara nativa, grabadora…). Para las que sí lo requieren, opta por “Solo mientras se usa” siempre que sea posible.

Además, Android incorpora dos interruptores globales para cortar por lo sano: en el menú de Privacidad puedes desactivar de un toque el acceso general a cámara y micrófono. Aunque las apps tengan permisos, mientras esos interruptores estén apagados no podrán usar los sensores. Es ideal en reuniones delicadas, viajes, entornos de trabajo sensibles o cuando simplemente quieres estar totalmente tranquilo.

Ubicación y rastreo: precisa, aproximada y excesos

Historial de ubicaciones en Google maps

Tu historial de ubicaciones dice más de ti de lo que parece: dónde vives, dónde trabajas, qué rutas haces, qué locales frecuentas y a qué horas. Es uno de los datos más jugosos para anunciantes, analistas y, por supuesto, para ciberdelincuentes que quieren perfilarte.

En Android, la configuración clave está en Ajustes → Ubicación → Permisos de ubicación de las aplicaciones. Ahí verás qué apps están autorizadas “siempre”, “solo al usarse” o “no permitido”. Para juegos, redes sociales, linternas, notas y similares, la opción razonable es negar el acceso por completo.

En el caso de servicios que dependen del GPS (reparto de comida, VTC, mapas, tiempo) lo más sensato es elegir “Preguntar siempre” o “Solo mientras se usa”. Así, la app te pedirá permiso cada vez que la abras y dejará de seguirte cuando la cierres.

Dentro de cada ficha de app con permiso de ubicación, desmarca si puedes la casilla de “usar ubicación precisa” para pasar a una posición aproximada. Seguirán funcionando las funciones habituales, pero reduces el nivel de detalle con el que quedan registrados tus movimientos.

En iOS el enfoque es parecido: desde Ajustes → Privacidad y seguridad → Servicios de localización puedes marcar para cada aplicación si puede usar siempre tu ubicación, solo cuando la tienes en primer plano, nunca, y si la lectura será exacta o aproximada.

Cuenta de Google, anuncios personalizados y telemetría

Buena parte de lo que ocurre en un Android moderno pasa por tu cuenta de Google, que centraliza actividad, copias de seguridad, contraseñas y preferencias. Blindar esa cuenta es casi tan importante como proteger el propio teléfono.

Desde Ajustes → Google o entrando en tu cuenta desde el navegador, accede al apartado “Datos y privacidad”. Allí deberías revisar al menos estos puntos: Actividad en la Web y en Aplicaciones, Historial de ubicaciones (Timeline) e Historial de YouTube. Desactivar estas opciones o limitar su alcance reduce el registro de tus búsquedas, del uso de apps, de tu posición en el mapa y de todo lo que ves y buscas en YouTube.

También encontrarás el área de Mi centro de anuncios o Centro de publicidad, donde puedes apagar los anuncios personalizados y, en muchos móviles, eliminar el ID de publicidad desde Ajustes → Seguridad y privacidad → Más ajustes de privacidad → Anuncios. Seguirás viendo publicidad, pero ya no estará tan directamente asociada a tu comportamiento.

Otra parte importante es el envío de estadísticas de uso y diagnósticos. En Ajustes → Privacidad → Avanzado (o rutas similares según la marca) está la opción “Uso y diagnóstico”. Al desactivarla, evitas que se envíen datos sobre fallos, consumo de batería y patrones de uso a Google y al fabricante; a cambio, las empresas tienen algo menos de información para pulir el sistema.

Si quieres ir aún más lejos, puedes plantearte reducir al mínimo las apps de Google y sustituirlas por alternativas centradas en la privacidad: otro navegador en lugar de Chrome, un correo distinto de Gmail, mapas libres, ofimática sin rastreo, etc. Para usuarios avanzados, incluso existen ROMs personalizadas que minimizan o eliminan la dependencia de los servicios de Google a nivel de sistema.

Play Protect, antiphishing y protección frente a robos

Aunque se hable mucho de malware, la primera línea de defensa en Android son las herramientas nativas de protección que vienen activadas por defecto… y que a veces la gente desactiva sin darse cuenta. Una de las más importantes es Google Play Protect, accesible desde la app Play Store o desde Ajustes → Seguridad y privacidad.

Play Protect se encarga de analizar las apps instaladas y las nuevas descargas buscando comportamientos sospechosos. Conviene comprobar que está encendido y, de vez en cuando, lanzar un escaneo manual. Es recomendable mantener también activa la opción de enviar muestras y datos sobre apps potencialmente peligrosas para mejorar la detección colectiva.

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En versiones recientes de Android se suman funciones como la detección de aplicaciones engañosas y ataques de phishing, el filtrado de mensajes sospechosos en la app Mensajes (marcando como spam o intento de estafa muchos SMS maliciosos) y, en algunos modelos como los Pixel, la defensa inteligente en llamadas, capaz de avisar o bloquear supuestas estafas telefónicas.

En el plano físico, es básico activar y probar “Encontrar mi dispositivo” (Find My Device o Find Hub). A través de android.com/find puedes localizar el móvil en un mapa, hacerlo sonar, bloquearlo o borrar su contenido si lo das por perdido o robado. Renunciar a esta función puede mejorar un poco la privacidad frente a Google, pero te deja sin una herramienta crítica en caso de desaparición. Si te interesa el estado de los planes de localización y servicios asociados, consulta la pieza sobre el plan de Google para encontrar dispositivos.

Algunos terminales avanzados ofrecen todavía más: Theft Detection Lock, Offline Device Lock o bloqueo remoto rápido, que usan sensores e inteligencia artificial para detectar un tirón típico de robo, endurecen el bloqueo cuando el teléfono pasa mucho tiempo sin conectarse o facilitan bloquear el dispositivo a distancia de forma casi inmediata.

Protección de la SIM, 2FA y bloqueo avanzado de acceso

Tu número de teléfono es una pieza clave para recuperar cuentas y recibir códigos de verificación, así que proteger la tarjeta SIM es obligado. Desde Ajustes → Seguridad o Ajustes → SIM puedes activar el PIN de la SIM y, en muchos casos, bloquear cambios en eSIM o en la SIM física. De este modo, resulta mucho más complicado que alguien duplique tu línea para robar códigos SMS y secuestrar tus cuentas.

Más allá del pin básico del móvil, conviene activar la autenticación en dos factores (2FA) en tu cuenta de Google y en todos los servicios críticos: correo, redes sociales, banca, almacenamiento en la nube, etc. La combinación ideal es usar los avisos en el propio teléfono, una app de autenticación y, si puedes, una llave de seguridad física tipo U2F o FIDO.

Android incluye opciones como Identity Check o confirmación biométrica adicional, que piden huella o cara para acceder a ajustes delicados, ver contraseñas guardadas o realizar cambios críticos. También está el llamado Modo bloqueo o Lockdown, que desactiva temporalmente huella, reconocimiento facial y desbloqueos “cómodos”, dejando solo el PIN o la contraseña. Es muy útil si temes que alguien pueda forzarte a desbloquear el móvil: lo activas antes y, aunque te cojan la mano, tus biometrías ya no sirven.

Para esos momentos en los que prestas el teléfono, dispones de fijación de apps (anclar una aplicación en pantalla) y de un posible Modo invitado o perfiles separados. La fijación impide que quien use el móvil salga de la app fijada sin tu código; el Modo invitado crea un entorno limpio, sin acceso a tus datos, tus cuentas ni tu historial.

Muchas aplicaciones sensibles (WhatsApp, bancos, gestores de archivos, galerías) ofrecen además su propio bloqueo interno con PIN o biometría. Activarlo añade una segunda capa: aunque alguien consiguiera superar el bloqueo de pantalla, se toparía con otro muro dentro de las apps más delicadas. Para entender mejor aspectos técnicos de la SIM y sus identificadores, revisa el artículo sobre ICCID e IMSI.

Ajustes de privacidad en WhatsApp y bulos sobre la IA

WhatsApp concentra una enorme cantidad de información personal y, por tanto, es uno de los objetivos favoritos de estafadores y fisgones. Conviene hacer una revisión rápida de sus ajustes de seguridad y privacidad cada pocas semanas.

En primer lugar, entra en el apartado “Dispositivos vinculados” y revisa dónde está abierta tu cuenta: navegadores, ordenadores, tablets… Si ves algún equipo que no reconoces o una ubicación extraña, cierra sesión inmediatamente. Una sesión olvidada en un ordenador compartido es una puerta abierta a tu vida entera. Si quieres detalles sobre cómo usar WhatsApp en varios dispositivos, consulta la guía sobre WhatsApp en dos dispositivos.

WhatsApp dejará de funcionar en estos móviles marzo 2025

Activa también la verificación en dos pasos de WhatsApp (un PIN adicional que se pide al registrar la cuenta en un nuevo dispositivo). Aunque alguien consiga tu código de SMS mediante phishing o duplicando la SIM, sin ese PIN no podrá completar el robo de la cuenta. Revisa que el correo de recuperación asociado siga vigente.

Vale la pena activar las notificaciones de seguridad sobre cambios en las claves de cifrado y mantener siempre la app actualizada desde la tienda oficial (nada de clones raros o versiones “mod” que prometen funciones extra). Muchas de esas apps falsas incorporan malware o mecanismos para espiar tus chats; por eso conviene leer alertas como la de peligroso software espía y evitarlas.

En paralelo, conviene ignorar cadenas virales que hablan de supuestos modos mágicos de “privacidad avanzada del chat” que habría que activar para que la IA no lea tus conversaciones. Ese tipo de mensajes son bulos. WhatsApp ya cifra los mensajes de extremo a extremo y las opciones reales de privacidad están claramente documentadas en la propia aplicación.

iOS, rastreo publicitario, WiFi y ajustes compartidos con Android

Si usas iPhone, muchas de las recomendaciones anteriores se aplican igual, pero con rutas distintas. En iOS puedes gestionar qué apps acceden a localización, cámara, micrófono, fotos, contactos y otros datos desde Ajustes → Privacidad y seguridad. El sistema te permite decidir si cada app puede usar esos recursos siempre, solo al usarse, nunca, y si la ubicación será precisa o aproximada.

Una opción específica de Apple es el control del rastreo para publicidad. Cada nueva app puede pedir permiso para seguir tu actividad dentro y fuera de ella con fines publicitarios; puedes aceptar, denegar o desactivar globalmente ese tipo de solicitudes desde Ajustes → Privacidad y seguridad → Rastreo, donde también verás una lista de las apps que ya tienen ese permiso.

Al igual que en Android, iOS permite bloquear apps con Face ID o Touch ID, controlar las notificaciones en la pantalla de bloqueo, limitar el envío de estadísticas de uso y gestionar contraseñas filtradas desde el apartado de Contraseñas en Ajustes. Y en caso de pérdida o robo, la app Buscar te permite localizar, bloquear o borrar el dispositivo a distancia.

En ambos sistemas es importantísimo cuidar el uso de redes WiFi públicas. Siempre que puedas, prioriza redes conocidas, protegidas con contraseña y evita introducir datos sensibles cuando estás en WiFi abiertas de aeropuertos, cafeterías o centros comerciales. Si no te queda otra, una VPN fiable puede añadir una capa extra de cifrado.

Malos hábitos que sabotean tu privacidad (y cómo cambiarlos)

Por muchas opciones avanzadas que actives, la seguridad del móvil se resiente si mantienes ciertos vicios muy extendidos. Hay unos cuantos que conviene corregir cuanto antes.

Uno de los peores es ignorar las actualizaciones de sistema y de apps. Los parches corrigen fallos concretos que ya se conocen y que suelen estar siendo explotados. Retrasarlos meses es dejar la puerta abierta a ataques con manual de instrucciones publicado.

Otro hábito inútil es cerrar todas las apps manualmente cada dos por tres. Android y iOS ya gestionan la memoria; forzar el cierre constante no mejora la privacidad ni la seguridad y, de hecho, suele gastar más batería al tener que abrirlas desde cero cada vez.

También deberías evitar conectar el móvil a puertos USB públicos sin protección. Existen técnicas como el juice jacking, que aprovechan cargadores manipulados para inyectar malware o extraer datos. Lo más seguro es usar tu propio cargador de pared o una batería externa.

Descargar aplicaciones de fuentes no verificadas (webs aleatorias que ofrecen APKs “gratis”) es otra ruleta rusa. Para el usuario medio, lo más seguro es limitarse a Google Play, App Store o, si sabes lo que haces, repositorios libres y auditados como F-Droid.

Por último, está la clásica costumbre de aceptar todos los permisos y condiciones sin leer. Hoy los sistemas permiten afinar mucho: cuando algo no cuadre, niega el permiso y busca una alternativa más respetuosa con tus datos, en lugar de resignarte.

Contraseñas, gestores de claves y filtraciones de datos

Muchas de tus cuentas se sostienen en algo tan simple como una contraseña. Por eso, usar claves largas, únicas y bien guardadas es uno de los mejores seguros que puedes permitirte. Lo ideal es que cada servicio tenga una contraseña distinta, de al menos 16 caracteres y combinando letras, números y símbolos.

Tanto Android (a través de tu cuenta de Google o de Chrome) como iOS incluyen un gestor de contraseñas integrado capaz de autocompletar credenciales y avisarte si alguna de ellas aparece en una filtración pública de datos. Cuando eso ocurre, el sistema te sugiere cambiar la contraseña, algo que deberías hacer cuanto antes.

Si no te convence la idea de que Google centralice todas tus claves, puedes desactivar su gestor en Chrome (Configuración → Administrador de contraseñas, apagando “Contraseñas guardadas”) y optar por gestores independientes con buen historial de seguridad y enfoque en la privacidad. En el mismo menú de Chrome es recomendable desactivar también el guardado automático de métodos de pago si prefieres introducirlos a mano.

En cualquier caso, procura combinar contraseñas robustas, autenticación en dos factores y revisión periódica de credenciales comprometidas. Es una tríada sencilla que bloquea buena parte de los intentos de acceso no autorizado.

Opciones avanzadas: DNS privado, VPN y ROMs centradas en privacidad

Crea un hotspot seguro con DNS personalizados

Si ya tienes controlados los ajustes básicos y quieres rizar el rizo, Android ofrece configuraciones avanzadas para quienes buscan un plus de privacidad. Una de ellas es el DNS privado, configurable desde los ajustes de red. Usar servidores DNS que bloqueen rastreadores, malware o ciertos dominios hostiles añade otra capa de defensa frente a ataques de intermediario.

Otra herramienta interesante es una VPN de confianza. Al cifrar tu tráfico y ocultar tu IP real, reduces la exposición cuando te conectas desde redes poco seguras y complicas el rastreo entre servicios. Eso sí, la VPN debe ser seria y transparente: de nada sirve dejar de confiar en tu operador para entregar todos tus datos a una VPN gratuita de dudosa reputación.

Para usuarios muy avanzados que no se asustan ante procesos técnicos, existe la posibilidad de instalar una ROM personalizada basada en Android que priorice la privacidad y la seguridad, reduciendo o eliminando la presencia de Google en el propio sistema operativo. Proyectos de este tipo suelen ofrecer controles más finos sobre permisos, analítica y telemetría, aunque a cambio puedes perder ciertas comodidades y compatibilidades. Si te interesa el modo de protección extremo y cómo evoluciona en las últimas versiones, echa un vistazo a lo que ofrece el modo de protección avanzado.

Sea cual sea tu nivel, mantener buenos hábitos diarios —instalar solo apps necesarias, revisar permisos de vez en cuando, vigilar las cuentas vinculadas, comprobar tu 2FA, activar la localización remota y limitar lo que publicas en abierto— marca una enorme diferencia. Con unos cuantos ajustes bien pensados y un repaso periódico, tu móvil pasa de ser una máquina de rastreo a una herramienta bastante más respetuosa con tus datos y mucho menos atractiva para curiosos y atacantes.

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