
Durante años presumir de coche o de casa era el gran símbolo de estatus, pero en el mundillo tech ya hay un nuevo indicador silencioso de poder adquisitivo: la cantidad de memoria RAM que lleva tu móvil. Lo que antes parecía un simple número en la ficha técnica se ha convertido en el centro de una tormenta perfecta que está sacudiendo a toda la industria. La subida salvaje del precio de la RAM no es una anécdota: amenaza con cambiar cuánto pagamos por un smartphone y qué prestaciones vamos a recibir a cambio en los próximos lanzamientos.
La situación ha llegado a tal punto que varios análisis de mercado, fabricantes y directivos coinciden en algo que hace nada sonaba a chiste: podríamos volver a ver móviles nuevos con solo 4 GB de RAM, incluso en gamas donde 6 GB ya se habían convertido en el mínimo razonable. Todo esto, mientras la inteligencia artificial se lo come absolutamente todo, los conflictos geopolíticos encarecen el transporte y las materias primas, y los grandes gigantes del chip reasignan sus fábricas para alimentar centros de datos en lugar de nuestros bolsillos.
¿Por qué la RAM se ha convertido en el nuevo termómetro del dinero?
Lo que hace nada era una especificación más, hoy es casi un símbolo de status: quien lleva un móvil con 12 o 16 GB de RAM parece ir “sobrado” en un contexto en el que la memoria empieza a ser un bien escaso. La crisis de la RAM es tan seria que ya se habla abiertamente de un escenario en el que se frene el avance de los smartphones y se den pasos atrás en configuraciones que dábamos por consolidadas.
En apenas medio año, distintos informes apuntan a que el precio de la RAM se ha disparado entre un 100 % y un 400 %, según gama y tipo de memoria. Fabricantes como Samsung y SK Hynix están desbordados, hasta el punto de dedicar cerca del 40 % de sus recursos productivos a alimentar gigantescas infraestructuras de IA como Stargate, el macrocentro de datos de OpenAI. El resultado es un valle de escasez en la memoria destinada a consumo, donde entran los móviles, los portátiles y otros dispositivos personales y técnicas como la RAM virtual.
La situación ha llegado a tal punto que varios análisis de mercado, fabricantes y directivos coinciden en algo que hace nada sonaba a chiste: podríamos volver a ver móviles nuevos con solo 4 GB de RAM, incluso en gamas donde 6 GB ya se habían convertido en el mínimo razonable. Todo esto, mientras la inteligencia artificial se lo come absolutamente todo, los conflictos geopolíticos encarecen el transporte y las materias primas, y los grandes gigantes del chip reasignan sus fábricas para alimentar centros de datos en lugar de nuestros bolsillos.
El papel de la inteligencia artificial: la IA se lo está comiendo todo
El detonante principal de esta crisis no es la inflación general ni una subida puntual de la demanda, sino la voracidad de la inteligencia artificial generativa. Los centros de datos que entrenan y ejecutan modelos de IA necesitan cantidades brutales de memoria, pero no cualquier memoria: demandan sobre todo HBM (High Bandwidth Memory), una memoria de alto ancho de banda compleja, cara y extremadamente rentable para los fabricantes.
Este cambio ha provocado una reasignación industrial de manual: las obleas de silicio que antes se destinaban a RAM “normal” para móviles y ordenadores ahora se están dedicando a HBM para chips de Nvidia y otros grandes proveedores de IA. Firmas como IDC lo describen como un juego de suma cero: cada oblea que sirve para alimentar una GPU de un centro de datos es una oblea que se le niega a un módulo de RAM para un smartphone de gama media o un portátil doméstico.
La consecuencia es un cuello de botella artificial: la industria ha decidido priorizar la memoria para servidores de IA en detrimento de la memoria para dispositivos de consumo. Esto no solo inflaciona el precio de los módulos DRAM y NAND para móviles y PCs, sino que además tensiona toda la cadena de suministro tecnológica a medio y largo plazo.
Subidas brutales de precio: de la RAM a la NAND
Las alarmas comenzaron a sonar con fuerza cuando se confirmó que Samsung había duplicado de golpe el precio de la memoria DRAM tras quedarse prácticamente sin stock. Pero el problema no se queda ahí: los últimos informes financieros de compañías como SK Hynix o SanDisk señalan que el precio de venta de las memorias NAND Flash (el almacenamiento interno de los móviles) ha subido más de un 30 % solo en el último trimestre analizado.
Analistas como TrendForce calculan que, solo por el componente de memoria, la lista de materiales (BoM) de un smartphone puede haberse encarecido ya entre un 10 % y un 25 % desde comienzos de 2025, siendo los móviles baratos los más afectados. Para terminales por debajo de 200 dólares, el sobrecoste de la memoria puede llegar a ese 25 %, mientras que en gama media y alta se mueve alrededor del 10-15 %.
Lo peor es que las previsiones no son nada optimistas: se espera que el precio de los módulos DRAM pueda subir hasta un 40 % adicional en el segundo trimestre de 2026. Si este escenario se cumple, los costes de producción de los smartphones podrían incrementar entre un 8 % y un 15 % extra, un golpe que muy probablemente termine trasladándose, en mayor o menor medida, al usuario final.
Samsung marca el paso… y también sufre la presión
Como uno de los gigantes en la fabricación de memorias DRAM y NAND, Samsung es a la vez protagonista y víctima de esta crisis. La propia compañía ha reconocido que atraviesa “una de las situaciones más duras de su historia” en lo que respecta a memoria. A las puertas del lanzamiento de futuros Galaxy S, la marca ve cómo sus márgenes se estrechan y sus decisiones estratégicas se complican.
La anomalía es tal que Samsung ha tenido que buscar suministro en un competidor directo como Micron para no depender en exclusiva de su propia división de semiconductores, un movimiento poco habitual en el sector. TrendForce, por su parte, ha pronosticado que el mercado de memorias NAND podría vivir una explosión de precios del 55-60 % en un solo trimestre, un golpe durísimo para cualquier plan de mantener precios estables en la gama alta.
Conflictos geopolíticos y materias primas: el cóctel se complica
La subida de la RAM no viene sola. La tensión en Oriente Medio y, en concreto, en el estrecho de Ormuz, está afectando al transporte de petróleo y carburantes, lo que se traduce en costes logísticos superiores para toda la industria tecnológica. A esto se suman problemas con materiales clave para la fabricación de chips y componentes, como el helio y el bromo, cuyo suministro también se ha visto tensionado.
Según IDC, en este contexto tan delicado no sería raro ver incrementos de hasta un 14 % en distintos segmentos tecnológicos solo por el impacto conjunto de energía, materias primas y logística. Fabricantes como Xiaomi, OPPO o OnePlus ya han advertido que los precios de sus próximos modelos subirán, no solo por la memoria, sino por todo este entorno global más caro y complicado.
Cómo afecta la subida de la RAM al precio de los móviles
El impacto en el bolsillo se materializa, básicamente, en dos caminos poco agradables: pagar más por un móvil o aceptar un móvil recortado. Diversas fuentes de la industria ya hablan de un encarecimiento directo de hasta el 25-30 % en el coste de los smartphones, solo contando el efecto de la memoria en la BoM y el resto de presiones de costes.
Carl Pei, CEO de Nothing, llegó a ponerle cifra a este golpe: el precio final de los móviles podría subir alrededor de un 30 %. Otros fabricantes exploran la “reduflación”, es decir, mantener (más o menos) el mismo precio oficial pero recortar por dentro: menos RAM, menos almacenamiento o componentes algo más modestos. El problema es que esto nos lleva a un escenario donde, sobre el papel, un móvil de 2026 podría rendir peor que su equivalente de 2024 o 2025.
Vuelta a los 4 GB de RAM: un paso atrás preocupante
En los últimos años se había consolidado un consenso técnico bastante claro: por debajo de 6 GB de RAM un smartphone moderno empeora mucho la experiencia. Se consideraba casi un mínimo razonable incluso para la gama de entrada. Sin embargo, varias consultoras y filtraciones coinciden en que, si la memoria sigue encareciéndose, en 2026 podríamos ver una “vuelta” masiva a modelos básicos con 4 GB de RAM. Esto queda relacionado con debates sobre por debajo de 6 GB y su impacto real en el uso diario.
Esta marcha atrás tendría varias caras. Por un lado, terminales económicos que ya empezaban a disfrutar de 6 GB como estándar volverían a los 4 GB. Por otro, en la gama media podría desaparecer la configuración de 12 GB de RAM que muchos modelos estaban popularizando, reservándose esas cifras solo para los buques insignia. Y en la gama alta, donde hoy vemos variantes con 16 GB, no sería extraño que algunos fabricantes se quedasen en 12 GB para contener costes.
Lo que no te cuentan de la RAM: por qué importa tanto
Desde fuera puede parecer que todo esto es solo una cuestión de “más apps abiertas a la vez”, pero la realidad es que la RAM es uno de los órganos vitales del smartphone moderno. Buena parte de las funciones que hoy damos por sentadas dependen de que haya memoria suficiente y de calidad.
En el ámbito de la inteligencia artificial local, por ejemplo, ejecutar modelos de IA directamente en el móvil sin depender siempre de la nube requiere una cantidad de RAM nada despreciable. El caso del iPhone 15 y sus funciones avanzadas de IA es ilustrativo: sin memoria suficiente, muchas de esas características simplemente no podrían correr de manera fluida o ni siquiera llegarían. La tendencia hacia modelos cada vez más exigentes conecta con análisis sobre memorias mucho mayores en el futuro.
La fotografía computacional es otro campo crítico. Procesos como el HDR avanzado, el zoom digital inteligente o el tratamiento de archivos RAW implican mover una enorme cantidad de datos en tiempo real. Todo esto se hace en gran medida en RAM, tanto en fotos como en grabación de vídeo de alta resolución. Si el dispositivo va justo de memoria, o bien tarda más o bien recorta funcionalidades.
La multitarea moderna va mucho más allá de que un juego no se cierre al pasar a otra app: hablamos de tener Google Maps en segundo plano sin ralentizaciones, YouTube en ventana flotante, el teclado aplicando correcciones y traducciones en tiempo real y notificaciones que llegan sin lag… Todo ello se apoya en disponer de suficiente memoria rápida para ir moviendo procesos sin que el sistema se “ahogue”, especialmente en dispositivos con poca RAM.
En juegos ocurre algo parecido. Normalmente se pone el foco en CPU y GPU, pero la RAM es clave para reducir tiempos de carga, evitar tirones y asegurar que el juego no se cierra al cambiar rápidamente entre apps. Con menos memoria, la experiencia se vuelve más inconsistente, con cargas forzadas constantes y más cierres inesperados; por eso títulos optimizados para bajos recursos como versiones lite siguen teniendo sentido.
Impacto en las ventas y en las marcas de móviles
Counterpoint Research y otras consultoras anuncian que la escalada del precio de la RAM ya está afectando a las ventas de smartphones a nivel mundial. Desde comienzos de 2025 se estima que el coste de la memoria ha contribuido a que la lista de materiales de muchos móviles suba entre un 10 % y un 25 %, lo que está forzando a los fabricantes a tomar decisiones incómodas.
De cara a 2026, los analistas prevén que los envíos globales de móviles caigan alrededor de un 2,1 % interanual, revirtiendo previsiones que hablaban de un ligero crecimiento. Apple podría sufrir una caída cercana al 2,2 % en los envíos de iPhone, Samsung rondaría el 2,1 %, Xiaomi bajaría alrededor de un 1,8 % y Honor se llevaría uno de los golpes más fuertes, con una contracción aproximada del 3,4 %.
Firmas como IDC barajan dos escenarios de mercado: en uno moderado, el mercado de smartphones caería alrededor de un 3 % en 2026; en el más pesimista, la caída superaría el 5 %. En paralelo, el precio medio de venta de los móviles podría subir entre un 3-5 % (escenario moderado) y un 6-8 % (escenario negativo), en gran parte por el coste de la memoria.
Gama media y baja: las grandes perjudicadas
La estructura de costes juega muy en contra de los móviles más asequibles. En la gama media y baja la RAM puede representar hasta un 20 % del coste total de componentes, mientras que en la gama alta ese porcentaje suele rondar el 10 %. Esto significa que, para los móviles baratos, cualquier subida en la memoria hace mucho más daño proporcionalmente.
Fabricantes como Xiaomi, Transsion, TCL, Realme, Oppo o Vivo operan con márgenes muy ajustados, especialmente en segmentos económicos. Si el coste de la memoria se dispara, tienen poco margen para absorberlo sin tocar el PVP. IDC lo dice sin rodeos: muchas de estas marcas no tendrán más remedio que trasladar buena parte del sobrecoste al usuario final o recortar en especificaciones para mantener precios.
En este contexto, se espera que el avance en prestaciones de la gama media y de entrada se estanque. En lugar de ver saltos en RAM y almacenamiento, podríamos encontrarnos con modelos que repiten o incluso empeoran cifras respecto a generaciones anteriores, al tiempo que se intenta ahorrar en otros componentes menos visibles. Algunas opciones para mitigar el efecto en usuario final pasan por aprender a usar la RAM virtual en terminales económicos.
La respuesta de los fabricantes: freno, recortes y cambios de estrategia
La industria ya está reaccionando. Un ejemplo claro es Nothing, que ha decidido saltarse una generación de móvil insignia para evitar el dilema de lanzar un producto notablemente más caro o uno recortado que no cumpla con las expectativas. Prefieren esperar a que el mercado se estabilice algo antes de volver a la batalla de la gama alta.
Apple y Samsung, con más músculo financiero, podrían permitirse aguantar parte del golpe sin subir tanto los precios de salida. Sin embargo, diversos informes apuntan a que probablemente contengan el crecimiento de RAM en sus nuevos modelos. En lugar de aumentar capacidad generación tras generación, podrían mantener cifras o subir menos, reservando las configuraciones más bestias para las versiones tope de gama.
En el otro extremo, los fabricantes chinos se verán forzados a tomar decisiones más drásticas: volver a lanzar móviles de entrada con 4 GB de RAM, eliminar variantes con 12 GB en la gama media, ajustar cámaras, reducir la calidad de ciertos paneles o baterías, y en general recortar aquello que no sea imprescindible para sostener el precio final.
Mercado de portátiles y ordenadores: otro gran damnificado
La crisis de la RAM no solo afecta a los móviles; el mercado de PC y portátiles también está dentro de la tormenta. IDC maneja estimaciones en las que, en los escenarios más pesimistas, los ordenadores podrían encarecerse hasta un 10 % por culpa de la memoria. La presión será especialmente intensa en la segunda mitad de 2026, justo cuando se intentaba impulsar el segmento de PC con IA integrada.
Los grandes del PC, como Lenovo, Dell, HP, Acer o ASUS, ya están renegociando contratos corporativos con subidas entre el 15 y el 20 % en algunos lotes, anticipando futuras alzas de precios o especificaciones más contenidas. Los portátiles ultrafinos de gama alta, con RAM soldada en placa, son especialmente vulnerables: ahí no se puede ahorrar fácilmente reduciendo módulos o permitiendo ampliaciones posteriores.
En el mercado de consumo, los fabricantes todavía juegan con cierto colchón de stock de productos ya fabricados, lo que permite mantener los precios relativamente estables a corto plazo. Pero las consultoras avisan: a medio y largo plazo serán inevitables los ajustes, ya sea en forma de subidas de PVP o recortes en memoria y otras prestaciones.
Las primeras víctimas: marcas de RAM, PCs por piezas y microordenadores
La reorientación hacia la IA también está pasando factura a otros nichos. Micron ha decidido cerrar sus marcas de consumo Crucial y Ballistix para concentrar recursos en el mercado empresarial y de centros de datos. Esto golpea directamente al ecosistema de PC por piezas, donde usuarios y empresas montan sus equipos eligiendo cada componente.
Compañías especializadas en ordenadores a medida, como CyberPowerPC o Maingear, ya han avisado de subidas de precio inminentes, con incrementos en el coste de la RAM de hasta un 500 % en el mercado retail más extremo. Esto repercute en el precio final de los equipos gaming y de alto rendimiento, que dependen enormemente de configuraciones con grandes cantidades de memoria.
Incluso proyectos pensados para educación y bricolaje tecnológico se están viendo afectados. La Raspberry Pi Foundation ha tenido que subir entre 5 y 25 dólares el precio de sus modelos 4 y 5, alrededor de un 8 % en ambos casos, precisamente por el encarecimiento de componentes clave, entre ellos la memoria. Su CEO ha calificado la situación de “dolorosa, pero temporal”, aunque los análisis de mercado sugieren que lo de “temporal” puede alargarse bastante.
Una crisis que parece estructural, no un simple bache
A diferencia de lo que ocurrió en 2020 con la minería de criptomonedas, donde el problema era que los mineros competían directamente con consumidores finales por el mismo stock, ahora estamos ante algo más profundo. IDC y otras firmas insisten en que la crisis actual de la memoria va más allá de un pico de demanda puntual: se trata de una reasignación estratégica de capacidad productiva hacia la IA.
Esta transformación podría marcar el final de una era de memoria y almacenamiento baratos y abundantes, al menos en el medio plazo. Con solo tres empresas controlando la mayor parte de la producción mundial de RAM, cualquier cambio de prioridades, como el actual giro masivo hacia HBM para centros de datos, tiene un efecto sistémico en todo el ecosistema tecnológico.
Mientras tanto, la explosión de centros de datos de IA presiona no solo la cadena de suministro de chips y memorias, sino también el propio mercado eléctrico, por el enorme consumo energético de estos sistemas. La pregunta clave que se hacen muchos analistas es hasta cuándo durará esta “burbuja” de inversión en IA y si, cuando se estabilice, habrá margen para que los precios de la memoria vuelvan a un terreno más razonable para el usuario de a pie.
Todo apunta a que los próximos años van a estar marcados por móviles y ordenadores más caros o con especificaciones recortadas, especialmente en memoria, mientras la IA siga acaparando obleas de silicio y la geopolítica mantenga al alza los costes de energía y transporte; en este panorama, los consumidores tendrán que afinar más sus compras, valorar opciones como los reacondicionados y asumir que aquello de “mucha RAM y almacenamiento por cuatro duros” puede haber quedado atrás durante una buena temporada. Comparte la información para que más usuarios conozcan del tema.