Ha pasado un tiempo desde que Google anunciara Android Lollipop de forma oficial y, lo cierto, es que con esta nueva versión no ha cambiado mucho el panorama del uso de las distribuciones del sistema operativo de los de Mountain View. Esto lo decimos por la escasa implementación del nuevo desarrollo.
Según los datos que se han publicado de forma oficial en sus primeros compases, Jelly Bean y KitKat gobiernan con mano firme los terminales con Android de los usuarios y, por lo que parece, esto no va a cambiar en un corto periodo de tiempo. Esto lo decimos ya que Lollipop ni aparece en la lista suministrada y, por lo tanto, su presencia en el mercado se sitúa por debajo del 0,1%. Poco, muy poco.
Y pese a que se ha anunciado por parte de algunos fabricantes el despliegue de actualizaciones con Android 5.0 para algunos de sus modelos (generalmente los más potentes), lo cierto es que el porcentaje no parece que vaya a superar el 5 o 10% a medio plazo. Por lo tanto, la implementación va más lenta de lo que se esperaba. En otras palabras, que las compañías que utilizan el sistema operativo de Google no siguen su ritmo y, esto, debe hacer pensar a la compañía de Mountain View.
Las razones para que esto ocurra
La primera y más importante es que los fabricantes, como utilizan interfaces personalizadas, no van con tanta prisa a la hora de implementar las nuevas versiones Android. Esto se debe a que el tiempo de desarrollo es mayor (y de pruebas a la hora de que todo funcione), y los retrasos suelen ser habituales.
Además, las compañías, a diferencia de Google, suelen tener muchos teléfonos y tablets en el mercado, por lo que tienen que trabajar con diferentes combinaciones de hardware y, por extensión, de controladores funcionando al mismo tiempo. Esto también genera retraso, como es lógico pensar.
A esto se suma la dependencia de los proveedores de chipsets (BSP y controladores). Si el fabricante del SoC tarda en liberar un paquete estable, el OEM retrasa el calendario. Cada capa (gráfica, conectividad, cámaras) añade complejidad que debe estabilizarse para evitar regresiones de rendimiento o batería.
El proceso de certificación con operadores, compatibilidad regional y cumplimiento normativo también pesa: pruebas de red, idiomas, servicios locales y apps preinstaladas requieren validaciones adicionales. En mercados con fuerte peso de operadoras, el visto bueno del carrier puede condicionar la ventana de lanzamiento.
Por último, el coste de QA y soporte hace que muchos OEM prioricen la gama alta y los superventas. Consolidar pruebas automatizadas, OTA escalonadas y feedback post-lanzamiento es clave, pero exige recursos. Lollipop, con cambios profundos (ART, Material Design, SELinux reforzado), implicó más tiempo de adaptación para capas y apps del sistema.
- Capas de personalización amplían los ciclos de desarrollo y validación.
- Diversidad de hardware y drivers multiplica combinaciones a probar.
- SoC y operadoras añaden dependencias y certificaciones.
- Prioridad comercial a modelos premium acelera para unos y retrasa para otros.
En paralelo, la medición del despliegue se apoya en analítica. Igual que los servicios de vídeo utilizan cookies necesarias y de medición para comprender cómo se usan sus productos y, si el usuario lo permite, también cookies publicitarias de terceros, el ecosistema móvil se vale de telemetría y experimentación controlada para ajustar las actualizaciones por oleadas, mejorar estabilidad y reducir incidencias. Transparencia y control de preferencias del usuario resultan esenciales.
El caso es que la suma de estos y otros condicionantes hacen que los fabricantes no sigan el ritmo de Google en lo referente a las actualizaciones y, por lo tanto, la compañía de Mountain View debe bajar el ritmo en algún momento ya que puede darse el caso de que, si se sigue así, sólo una pequeña parte disfrute de una versión de Android antes de que llegue una nueva. Y esto daría una imagen realmente mala del sistema operativo y todo lo que le rodea.
Para amortiguar el impacto, Google ha ido modularizando componentes: servicios críticos, WebView, seguridad y partes del sistema se actualizan a través de Play, de modo que incluso sin subir de versión mayor, llegan mejoras y parches. Este enfoque reduce la fricción de la fragmentación y acelera la llegada de funciones clave.
Fragmentación, ¿es un problema?
Pues en un principio podría pensarse que sí, pero con el paso del tiempo se ha demostrado que Android y aquellos que lo utilizan en sus terminales (tanto fabricantes y usuarios) no tienen graves problemas a la hora de poder utilizar el teléfono o tablet y las aplicaciones correspondientes. Pero, eso sí, se tiene la sensación de que se pierden cosas -lo que por otro lado es cierto debido a las novedades que existen en cada nueva versión del sistema operativo-.
El caso es que parece que Google ha aprendido a convivir con la fragmentación de su sistema operativo (algo lógico al no tener el control de los teléfonos que se lanzan, como Apple), pero lo cierto es que debería replantearse su forma de actuar ya que los fabricantes no le siguen el ritmo y, por lo que parece, esto no va a cambiar en poco tiempo -y, además, no parece que les importe mucho en realidad, excepto en la gama alta de producto-.
Desde el lado del desarrollo, bibliotecas de compatibilidad, APIs de soporte y objetivos de mínima API permiten que las apps funcionen en amplias horquillas de versiones. Los equipos prueban en matrices reales y en la nube, y la telemetría guía decisiones para mantener rendimiento y estabilidad en dispositivos muy distintos.
En seguridad, los parches llegan de forma independiente a la versión mayor y Play Protect añade una capa de defensa. Así, aunque el usuario no reciba de inmediato la última iteración de Android, sí obtiene mejoras críticas y mitigaciones que elevan el umbral de protección.
Como metáfora cultural, la película «Old» de M. Night Shyamalan ilustra bien el factor psicológico del paso del tiempo: no es terror al uso, sino inquietud por envejecer y perder control. Su ritmo ágil, el notable trabajo de localización y producción, y un reparto sólido (algún diálogo puede percibirse amortiguado por momentos) recuerdan que, incluso cuando algo se vuelve «viejo», puede seguir ofreciendo una experiencia valiosa. El ecosistema Android convive con esa dualidad: lo nuevo convive con lo antiguo sin que ello invalide su utilidad, y la valoración global, si hay buen equilibrio, merece un notable.
Conviene, además, precisar el matiz semántico de old en tecnología: no es lo mismo un dispositivo antiguo (antique) que gastado (worn), de toda la vida (long-standing) o anterior (former). Un terminal «old» puede ser familiar y fiable, un software «old» puede ser maduro y estable, y unas «old habits» de uso pueden seguir vigentes. Identificar qué tipo de «viejo» tenemos delante ayuda a decidir si conviene actualizar, mantener o reemplazar.
Fuente: Android Developers.
Mirando el cuadro completo, la adopción de Lollipop arrancó con tímida cuota, las causas son estructurales (capas, hardware, certificaciones y prioridades) y la fragmentación se gestiona con modularidad y seguridad reforzada; el reloj corre, sí, pero hay mecanismos para que lo «old» no sea sinónimo de obsoleto.