
Durante años, muchas sillas gaming han intentado justificar su precio con la misma fórmula de siempre: diseño agresivo, promesas de ergonomía y poco más. Algunas cumplen, otras no tanto. Pero de vez en cuando aparece un modelo que intenta diferenciarse de verdad, no solo en el aspecto, sino también en la forma en la que se usa a diario. Y ahí es donde entra la DXRacer Martian.
No estamos ante una silla pensada únicamente para “jugar cómodo”, sino ante un modelo claramente orientado a quienes pasan muchas horas sentados y quieren algo más que un asiento bonito para el setup. Aquí encontramos elementos que no solemos ver en este segmento, como un respaldo con ajuste eléctrico, soporte lumbar con airbags, batería integrada o incluso un pequeño toque visual con iluminación LED.
Ahora bien, cuando una silla empieza a meter tanta tecnología, también es normal preguntarse si todo eso aporta algo real o si solo sirve para encarecer el producto. Tras analizar lo que ofrece esta Martian, te cuento lo mejor, lo menos bueno y, sobre todo, si realmente tiene sentido pagar lo que cuesta.
Una silla que entra por los ojos, pero que quiere convencer por comodidad
Lo primero que transmite la DXRacer Martian es que estamos ante un producto de gama alta. Se nota tanto en el planteamiento general como en los materiales, los acabados y el tipo de funciones que incorpora. No busca ser discreta como una silla de oficina clásica, pero tampoco cae en el exceso visual de otros modelos gaming que parecen pensados más para un escaparate que para usarse ocho horas seguidas.
Su diseño mantiene esa estética deportiva que uno espera en una DXRacer, pero aquí está algo más refinada. Tiene presencia, sí, pero sin resultar exagerada. Encaja muy bien en un setup gaming llamativo, aunque también puede quedar bastante bien en una zona de trabajo si te gusta un estilo más tecnológico o moderno.
En esta versión, además, el tapizado en tejido resistente al agua me parece un acierto. No solo porque visualmente queda bien, sino porque en la práctica suele ser una opción mucho más sensata para quienes, como yo, viven en zonas cálidas o pasan muchas horas sentados. Así que si vives en el sur o tu habitación se calienta bastante, el tejido suele ser mejor compañero que muchos acabados tipo cuero sintético.
Pero donde la Martian empieza a tener sentido no es en la estética, sino cuando piensas en ella como una silla para uso intensivo real. Porque esta no es una silla que esté pensada para sentarte media hora a jugar, sino para pasar tiempo de verdad delante del escritorio: trabajar, editar, escribir, jugar, ver contenido o hacer un poco de todo sin cambiar de silla.
El respaldo eléctrico no es un capricho, es comodidad
Uno de los elementos más diferenciales de la DXRacer Martian es su respaldo ajustable eléctricamente, y sinceramente, es de esas funciones que al principio pueden sonar innecesarias… hasta que te imaginas usándola todos los días.
Normalmente, en una silla gaming de este nivel esperas un respaldo reclinable manual, más o menos suave, más o menos estable. Aquí DXRacer va un paso más allá y apuesta por un sistema eléctrico que permite ajustar el ángulo entre 90° y 135° con solo pulsar un botón. Y eso cambia bastante la experiencia.
¿Por qué? Porque hace mucho más natural ir modificando la postura a lo largo del día. No es lo mismo sentarte rígido para trabajar por la mañana que querer echarte ligeramente hacia atrás después de comer, o reclinarte más por la noche para ver un vídeo, jugar con mando o simplemente descansar un poco entre tareas. En muchas sillas, esos cambios se hacen poco porque da pereza reajustar. Aquí, precisamente, esa fricción desaparece.
Y esto me parece importante decirlo porque la ergonomía real no consiste en sentarte “perfectamente recto” ocho horas seguidas, sino en poder cambiar de postura con facilidad. Ahí es donde un sistema así sí tiene sentido. No porque sea “tecnología por tecnología”, sino porque facilita algo que tu espalda agradece mucho más de lo que parece.
Obviamente, si eres de los que quieren una silla para tumbarse completamente plana, esta no es esa silla. Pero dentro de un uso realista y diario, ese rango de 45º inclinación está bastante bien resuelto.
El soporte lumbar con airbags es lo más interesante de toda la silla
Si tuviera que señalar el punto más llamativo y posiblemente más útil de la DXRacer Martian, sería su soporte lumbar inteligente con airbags.
Y aquí conviene aclarar algo: no estamos hablando del típico cojín lumbar externo que muchas sillas incluyen “por cumplir” y que, en la práctica, acaba apartado en una esquina a la semana de uso. Lo que propone DXRacer aquí es un sistema integrado dentro del respaldo que busca adaptarse mejor a la curva natural de la espalda.
Según la marca, utiliza airbags dobles para ofrecer soporte en la parte lumbar superior e inferior, rellenando mejor el hueco entre tu espalda y el respaldo. Traducido a uso real: la silla no te empuja sin más, sino que el apoyo lumbar se siente más localizado, más progresivo y menos rígido que en otros sistemas que he probado. Y eso es exactamente lo que debería hacer un buen soporte lumbar: acompañar, no molestar.
De hecho, si hay algo que suele marcar la diferencia entre una silla “cara” y una silla realmente buena, no suele ser ni el diseño ni los acabados, sino cómo se comporta tu espalda después de varias horas. Pasando entre 8 y 10 horas al día sentado en ella, el sistema lumbar parece haberse adaptado bien a la curva de mi espalda: no noto molestias acumuladas por estar sentado, que no es poco. Eso sí, levántate y muévete de vez en cuando, porque la silla te da soporte pero no te mueve ella a ti.
Eso sí, conviene ser honestos: ninguna silla te va a arreglar por sí sola una mala postura ni sustituye levantarte, estirar y moverte de vez en cuando. Pero si vas a pasar muchas horas sentado, tener un sistema lumbar mejor resuelto sí puede marcar una diferencia importante con el tiempo.
Reposabrazos 4D y reposacabezas magnético: dos extras que sí se notan en el día a día
Hay dos cosas que muchas veces se infravaloran al hablar de sillas gaming: la posición de los brazos y el apoyo del cuello. Y curiosamente, son dos de las que más factura pasan cuando acumulas horas delante del escritorio.
La DXRacer Martian monta reposabrazos 4D, así que tenemos lo que ya esperamos en una silla de esta gama: ajuste en altura, profundidad, anchura y rotación. Lo importante aquí no es tanto la ficha técnica, sino lo que eso te permite hacer en la práctica: adaptar la silla a tu cuerpo y a tu escritorio, en lugar de estar tú adaptándote constantemente a una postura incómoda.
Si trabajas con teclado y ratón, juegas bastante en PC o incluso pasas muchas horas escribiendo, unos buenos reposabrazos son muchísimo más importantes de lo que parecen. Cuando los codos no descansan bien, la tensión se va subiendo a hombros, cuello y espalda sin que te des cuenta. Por eso, que aquí haya un sistema 4D bien planteado es justo lo que se le debe exigir a una silla de este precio.
Además, DXRacer habla de un sistema de reemplazo superior para las tapas, con fijación magnética. No es el detalle más revolucionario del mundo, pero sí es un toque premium interesante de cara al mantenimiento o a posibles reemplazos futuros.
Y luego está el reposacabezas magnético con espuma viscoelástica, que personalmente me parece una mejora mucho más importante de lo que puede parecer. El problema de muchos cojines cervicales tradicionales es que quedan donde quieren ellos, no donde los necesitas tú. Aquí, al usar un sistema magnético, el ajuste se nota bastante más cómodo y flexible.
Probándolo, se mantiene firme y permite colocarlo con bastante precisión, por lo que es un extra muy agradecido para quienes alternan trabajo, ocio y descanso en la misma silla.
Batería integrada, cargador retráctil y LED: lo útil y lo accesorio
La DXRacer Martian también quiere jugar la carta de la silla “tecnológica”, y aquí es donde entra una parte de su propuesta que seguramente dividirá opiniones: batería integrada, carga retráctil y luz LED amarilla.
Empiezo por lo que sí me parece realmente útil: la batería recargable integrada y el cargador retráctil. Esto tiene sentido porque tanto el respaldo eléctrico como el sistema lumbar necesitan alimentación, así que al menos no estamos ante una función “de relleno”, sino ante algo que forma parte del uso normal de la silla. Aunque, por otra parte, es algo que no gustará a todo el mundo: al incorporar funciones eléctricas, dependes de la batería o de recargarla periódicamente. No es un drama, pero sí algo a tener en cuenta.
Tras varios días de uso, la batería no ha dado ningún problema: no he necesitado recargarla en ningún momento. Eso sí, también la he probado conectada directamente a la corriente y funciona sin inconveniente, por si prefieres no depender de la carga. La gracia aquí está en no tener que tener la silla permanentemente conectada ni depender de cables por el suelo para usar sus funciones principales.
Además, el hecho de que el cargador sea retráctil y alcance entre 1,5 y 2,5 metros también suma bastante en comodidad. Son de esos detalles que no hacen titulares, pero que sí marcan la diferencia entre una función útil y una función incómoda de mantener.
Ahora bien, la luz LED lateral me parece claramente un extra secundario. No molesta, puede quedar bien en setups muy gaming y le da un toque diferente, pero no me parece un argumento de compra serio. Si te gusta, perfecto. Si no, tampoco debería influir demasiado en tu decisión. Y sinceramente, casi mejor así: prefiero que la Martian se valore por su ergonomía y su tecnología funcional antes que por una luz decorativa.
Una silla pensada para quienes pasan muchas horas sentados
Si algo transmite la DXRacer Martian al ver todo su conjunto, es que está diseñada para un usuario muy concreto: alguien que ya no busca simplemente “una silla gaming”, sino una silla principal para su día a día.
Y eso cambia bastante el enfoque. Porque cuando una silla va a ser la que uses para todo (trabajar, jugar, ver contenido, editar, estudiar o incluso echar un rato de descanso) ya no basta con que sea vistosa. Tiene que ser cómoda de verdad, fácil de ajustar y capaz de acompañarte durante muchas horas sin castigarte la espalda.
Ahí es donde esta Martian tiene bastante sentido como propuesta premium. No porque venga con más cosas que la media, sino porque muchas de esas cosas están claramente orientadas a mejorar la experiencia de uso real: poder reclinarte sin esfuerzo, ajustar mejor la zona lumbar, recolocar fácilmente la almohada cervical o no depender constantemente de un cable para usar sus funciones.
Eso sí, también hay que decir lo evidente: 699 euros siguen siendo muchos euros para una silla. Así que esta no es una compra impulsiva ni una silla “para cualquiera”. Aquí solo tiene sentido si realmente vas a sacarle partido y si pasas muchas horas delante del escritorio.
¿Merece la pena la DXRacer Martian?
La DXRacer Martian me parece una de esas sillas que, bien enfocadas, sí tienen argumentos para justificar parte de su precio. No tanto por la estética o por el LED, sino porque aporta mejor ergonomía y más comodidad real a través de funciones que, tras varios días de uso, sí cumplen lo que prometen.
¿Lo más interesante? Sin duda, el soporte lumbar con airbags y el respaldo eléctrico. Son los dos elementos que realmente diferencian a esta silla de muchas otras opciones premium que, aunque cómodas, siguen ofreciendo una experiencia más convencional.
¿Lo menos imprescindible? Probablemente el LED y parte del enfoque “tech” más visual. No estorba, pero tampoco es lo que debería convencerte.
Al final, esta silla tiene sentido si te reconoces en alguno de estos perfiles:
- Trabajas y juegas en el mismo setup y necesitas una silla para muchas horas reales.
- Buscas más ergonomía que la típica silla gaming con cojines sueltos.
- Quieres un modelo premium con funciones diferentes de verdad.
- Te importa tanto la comodidad como la presencia estética del escritorio.
Con todo esto, la DXRacer Martian no intenta ser simplemente otra silla gaming , sino una propuesta más avanzada para quien quiere algo más que diseño y acolchado. Si pasas gran parte del día sentado y te apetece dar el salto a una silla que combine ergonomía, tecnología y presencia, puede ser una opción muy seria a tener en cuenta.





