El proyecto Motorola Ara es uno de los más ambiciosos que se han conocido desde hace un tiempo en el segmento de los teléfonos móviles. Con él, la compañía norteamericana busca lograr diseños modulares en la fabricación de estos dispositivos y, por lo tanto, conseguir que se puedan sustituir partes a voluntad.
Por lo tanto, la idea es poder cambiar componentes de un teléfono con una gran sencillez… no tanta como instalar una aplicación, pero la idea general es esa. Así al menos se desprenden de las declaraciones que han publicado desde Motorola: “queremos hacer con el hardware lo que Android ha conseguido con el software”. Como idea, no está nada mal.
El proyecto es de código abierto, lo que resulta muy interesante ya que cualquiera que desee participar no tendrá problemas de patentes y similares y, además, esto encaja en la política de Google (actual propietario del fabricante). Además, ha anunciado que apoyará el desarrollo del hardware que encaje el proyecto Motorola Ara, lo que es un intento de atraer a los diferentes fabricantes. El objetivo es crear un ecosistema amplio de módulos interoperables donde la base o endo actúe como chasis y red interna del terminal.

Con una gran colaboración con Phonebloks
Esta compañía, y más concretamente su comunidad, será una de las grandes implicadas en el proyecto. Es normal, ya que no hace mucho presentó un proyecto de terminal en forma conceptual -como se puede ver en el vídeo que dejamos a continuación-, y tiene cierta experiencia a la hora de trabajar en conseguir dispositivos que sean modulares. Su visión influyó directamente en la definición de módulos y del endoesqueleto.
La verdad es que, captando la idea más que los diseños conceptuales que se ven en el vídeo, es interesante el poder crear teléfonos en los que se puedan cambiar componentes a discreción como por ejemplo los procesadores, pantallas e, incluso, las conexiones. Todo ello, evidentemente, sujeto por una carcasa (esqueleto) denominado “endo”. El endo no solo sostiene, también interconecta los módulos y gestiona la energía.
Arquitectura de Ara: endos, marcos y módulos
Los teléfonos Ara se construyen sobre marcos endoesqueléticos (“endos”) con ranuras delanteras para la pantalla y otros módulos, y ranuras traseras adicionales estandarizadas. El marco hace de columna vertebral y switch interno de datos, uniendo todos los módulos entre sí.
Habrá varios tamaños de marco: mini, medio y grande. Las medidas contempladas para los prototipos fueron de referencia: mini (45 × 118 × 9,7 mm, trasera 2 × 5 ranuras), medio (68 × 141 × 9,7 mm, 3 × 6) y grande (91 × 164 × 9,7 mm, 4 × 7). En el frontal, las ranuras ocupan todo el ancho permitiendo distintas alturas de módulo; detrás, los tamaños son estándar 1×1, 1×2 y 2×2 para combinar funciones. Cada ranura acepta cualquier módulo del tamaño correcto.
Para garantizar la intercambiabilidad en caliente, el endo integra una pequeña batería de reserva, de forma que se puede extraer la batería principal o sustituir un componente sin apagar el teléfono. Los módulos se fijan mediante imanes electropermanentes que aportan seguridad y permiten un diseño delgado (el objetivo de grosor total se situó en torno a 9,7 mm). Las carcasas de los módulos se plantearon con impresión 3D para personalización estética y rápida iteración.
El plan incluía un kit inicial asequible con marco, pantalla, batería, una CPU de bajo coste y Wi‑Fi, y marcos cuyo coste de fabricación estimado era reducido. La idea era que el marco fuera el único componente producido por Google, abriendo el resto del hardware a terceros.
Ecosistema abierto, desarrollo y tienda de módulos
El proyecto estuvo impulsado por ATAP (Advanced Technology and Projects). Su desarrollo y liderazgo recayeron en perfiles con experiencia en innovación acelerada, como Paul Eremenko, con visión clara: bajar drásticamente la barrera de entrada del hardware para que millones de desarrolladores pudieran crear módulos, no solo unas pocas compañías.
Se promovieron iniciativas como la comunidad de Ara Scouts y un programa itinerante de co-creación para recopilar ideas y medir el interés real por la personalización. La ruta incluyó talleres, prototipos funcionales y contacto directo con makers.
En lo técnico, los primeros kits emplearon una implementación AraMIPI UniPro en FPGA corriendo sobre capa física LVDS para validar la comunicación entre módulos. Las siguientes revisiones planificaron dar el salto a ASIC UniPro de mayor rendimiento sobre M‑PHY, con mejoras de eficiencia y latencia. Android incorporó un gestor de módulos para ver, activar o desactivar cada pieza vía software.
La distribución contemplaba una tienda oficial de módulos y compatibilidad con tiendas de terceros. Por defecto, el teléfono aceptaría módulos certificados, aunque el usuario podría habilitar módulos no oficiales, de forma análoga al sideloading de apps en Android. Se barajó una gama de módulos que iba desde cámaras, altavoces o sensores hasta funciones especializadas como proyectores pico, impresoras de recibos, visión nocturna, botones para gaming o dispositivos médicos.
Retos técnicos, regulatorios y de producto
La modularidad implica compromisos en volumen, peso y consumo. Se estimó un sobrecoste inferior al 25% frente a diseños integrados, considerado asumible si a cambio se lograba flexibilidad y vida útil extendida. La disipación térmica y la integridad de señal entre módulos fueron áreas críticas.
En regulación, surgieron dudas sobre la homologación de combinaciones: las agencias suelen certificar configuraciones cerradas. No obstante, la interlocución con reguladores fue positiva. La logística y el soporte posventa añadían complejidad: gestionar inventario de múltiples módulos, compatibilidades y ciclos de actualización heterogéneos.
En escenarios de demostración pública se vieron prototipos cercanos a producción, aunque no siempre libres de incidencias (como bloqueos de arranque en estados tempranos). Todo ello sirvió para refinar el enfoque y priorizar la experiencia “enchufar y usar”.
Estado del proyecto, alternativas y legado
Aunque la iniciativa se detuvo antes de su comercialización masiva, su legado permeó en propuestas como los Moto Mods (accesorios magnéticos sobre pines Pogo que añadían batería, altavoz, cámara o proyector), los módulos LG Friends del G5 o la aproximación centrada en reparabilidad de Fairphone. El aprendizaje clave: los usuarios valoran ampliaciones sencillas que no comprometan el núcleo del teléfono.
El contexto actual favorece una vuelta a la modularidad: normativas europeas que impulsan baterías sustituibles, mayor presión por la sostenibilidad y compromisos de largos periodos de actualizaciones de software. Con tecnología más eficiente y componentes más baratos, la idea de un teléfono que se adapta, repara y evoluciona cobra nuevo sentido.
Vía: SmartZona.
Ahora sólo hay que esperar cómo es la evolución de este Motorola Ara, que la verdad es interesante y que, en realidad, depende en gran medida de la implicación de los fabricantes de hardware, ya que sin que ellos pongan componentes compatibles en el mercado no hay nada que hacer. Pero, de conseguirlo, puede significar un paso muy importante en un futuro. La visión de Ara sigue marcando la conversación sobre cómo alargar la vida de los móviles y hacerlos realmente personales.