¿Cuál es el componente más relevante en un smartphone? Todo depende del usuario, pero lo cierto es que hay muy pocos usuarios que no piensen que la la batería y la autonomía del smartphone es de lo más relevante. El Samsung Galaxy S6 Edge sorprende precisamente en este campo, tanto en vida de la batería como en tiempo de carga.
Gran autonomía, poca capacidad
Lo más sorprendente del Samsung Galaxy S6 Edge es que su batería no es de alta capacidad. Mientras que hasta ahora habíamos visto que lo normal para los buques insignia con Android era alcanzar los 3.000 mAh, en el Samsung Galaxy S6 Edge nos encontramos con una batería de 2.600 mAh. Y lo peor es que la pantalla es de 5,1 pulgadas, curva, y con una resolución de 1.440 x 2.560 píxeles. Lo tiene todo para tener una autonomía pésima, pero a pesar de ello consigue unos resultados realmente sorprendente. Al menos, eso es lo que podemos decir a partir de la prueba realizada por Phone Arena y otros test de autonomía. El smartphone es solo superado por otros dos, el Sony Xperia Z3 y el Samsung Galaxy Note 4, y alcanza una autonomía de unas 8 horas y 11 minutos en un uso convencional, aunque activo, de todas las funciones del smartphone. En la tabla de PhoneArena a continuación podéis ver los resultados del resto de los smartphones en circunstancias semejantes.
Además de ese test, ensayos de autonomía basados en tareas reales como PCMark sitúan al S6 Edge sobre las 8 horas de uso continuo (en torno a 8:05), cifras coherentes con la experiencia diaria: un día completo de uso intensivo sin compromisos. Detrás del buen resultado están varias claves: el procesador Exynos de 14 nm, más eficiente que soluciones anteriores; la memoria UFS 2.0 y la RAM LPDDR4, que reducen latencias y consumo; y la pantalla Super AMOLED, que apaga los píxeles en negro y ajusta el brillo con mucha precisión.
En pruebas de usuarios se observan variaciones lógicas: hay quien obtiene de 5 h 30 min a 7 h de pantalla activa con unas 20-24 h totales por ciclo, frente a otros que ven descensos más rápidos si la señal móvil es inestable, si hay muchas apps en segundo plano o si la ubicación está siempre activa. Estos extremos se explican por el modo de brillo (automático vs manual), el tipo de conexión (WiFi vs 4G), la coberturía y los wakelocks. Cuando el terminal no entra en deep sleep (sueño profundo) de forma adecuada, el drenaje en reposo se dispara, algo fácil de detectar si el tiempo en reposo consume demasiado porcentaje sin tocar el móvil.

Carga realmente rápida
No obstante, lo verdaderamente destacable reside en la velocidad de carga de la batería del smartphone, algo que a su vez tiene como origen el hecho de que la capacidad de la batería sea baja. Eso no es algo negativo, sino más bien todo lo contrario. El smartphone alcanza una gran autonomía con una batería de inferior capacidad que, por tanto, cargaremos en menos tiempo. Concretamente, el Samsung Galaxy S6 Edge se carga en solo 83 minutos, siendo el más rápido de esta lista, con la salvedad del Galaxy S6, a pesar de ser el tercer smartphone con mayor autonomía de todos.
Con el cargador rápido incluido, los tiempos medios medidos para pasar del 15% al 100% rondan los 72 minutos, quedándose en torno a 96 minutos con carga normal. En carga inalámbrica estándar el llenado completo suele ir a unos 155 minutos. Además, con carga rápida es viable obtener alrededor de un 20% en 10 minutos, excelente para recuperaciones rápidas a mitad de jornada. La compatibilidad dual con Qi y PMA facilita usar bases de terceros sin adaptadores.
La carga inalámbrica no es la vía más rápida, pero sí la más cómoda para mantener el terminal siempre a punto: dejarlo sobre una base mientras trabajas compensa su menor velocidad. Para aprovechar al máximo la carga rápida, lo ideal es usar el cargador oficial o uno certificado con perfiles equivalentes y evitar sesiones de juego pesadas durante la carga (la gestión limita potencia si el terminal se calienta). El control térmico del S6 Edge es solvente: fuera de benchmarks y cargas intensas, el aumento de temperatura es moderado.
No hay duda de que Samsung ha realizado un gran trabajo con el Galaxy S6, al optimizar el software y el procesador para que su consumo de batería sea el mínimo necesario. Eso sí, su pantalla AMOLED ha tenido también una gran importancia, al necesitar estas pantallas menos energía. El brillo automático se adapta bien y contribuye a contener gasto, y los perfiles de pantalla (Básico, Foto/Cine AMOLED o Adaptativo) permiten ajustar color y contraste sin penalizar excesivamente el consumo.
Si tu prioridad es exprimir cada miliamperio, el ecosistema del S6 Edge ofrece palancas efectivas sin renunciar a funciones clave: los modos de ahorro, el ultraahorro cuando la situación lo exige, la gestión de apps en segundo plano de Smart Manager y una conectividad completa (LTE Cat 6, WiFi ac, Bluetooth LE, NFC e infrarrojos) que, usada con criterio, mantiene el equilibrio entre rendimiento y autonomía. Varios paneles de la curva Edge añaden accesos e información sin impacto significativo en batería; su aportación es más estética que funcional, pero no penaliza.
Como idea fuerza, el S6 Edge demuestra que capacidad no es sinónimo directo de autonomía: integración de hardware eficiente, una pantalla que gestiona muy bien el consumo y un sistema de carga rápida/inalámbrica maduro compensan con nota los 2.600 mAh. Si cuidas variables como cobertura, brillo y servicios en segundo plano, el resultado diario es sólido: jornada completa sin apuros y recargas cortas que marcan la diferencia.