El tiempo para las Google Glass se acaba. Eran revolucionarias, y debían cambiarlo todo, pero desde que fueran anunciadas, lo cierto es que el mundo de los smartphones, y todavía más importante, el de los relojes inteligentes, han avanzado mucho. En distintos momentos ha parecido que incluso Google perdió interés en sus gafas inteligentes. Eso, o es que están a punto de lanzar la nueva versión definitiva apoyada en tecnologías que antes no existían.
Las Google Glass ya no tienen muchísimas opciones. Cuando fueron presentadas, todo era innovación, y aunque todavía no eran demasiado útiles, era cuestión de tiempo que fueran contando con más opciones. No obstante, el tiempo ha pasado, y las Google Glass no son lo que esperábamos que fueran. Y lo peor de todo no es que los usuarios piensen que las Google Glass ya no tienen futuro, pues la compañía podría tener preparados grandes lanzamientos para las gafas inteligentes; lo peor es que parece que incluso dentro de la compañía no siempre ha existido el mismo interés por las Google Glass. Sergey Brin así lo ha demostrado. Es uno de los dos fundadores de Google, y el responsable de todos los proyectos de innovación de la compañía. Desde que se lanzaron las gafas, ha aparecido con ellas en muchos eventos, aunque en una entrega de los Breakthrough Prize Awards estuvo sin las gafas inteligentes, y afirmó que las había olvidado en el coche.
Así las cosas, solo quedan dos opciones. Una de ellas es que las Google Glass están muertas. Google ha visto que no tienen tanto futuro como parecían, o que su futuro quizás es demasiado lejano, y ahora no van a tener ningún éxito en el mercado. Quizás lleguen las gafas inteligentes más adelante. La otra opción es que Google ya cuente con la nueva versión de las gafas inteligentes, y no hubieran querido que Sergey Brin apareciera con la versión antigua, además del hecho de que este, como responsable de innovación de la compañía, ya no utilizaría la versión antigua de las gafas inteligentes. Esta opción sería la mejor para el futuro de las Google Glass, pero no sabemos si es la realidad. Lo que sí sabemos es que parece que muchos desarrolladores están renunciando ya a trabajar en las gafas inteligentes, algo que desde luego no es una buena señal.
De la promesa a la reinvención: IA y Android XR
El contexto ha cambiado por completo: hoy la IA generativa es el gran habilitador. Google está probando prototipos de gafas que recuerdan a Glass, pero impulsados por Gemini y ejecutando una plataforma específica, Android XR, pensada para gafas y visores de realidad mixta. Esta combinación permite que el asistente “vea” desde la cámara integrada y entienda el entorno en primera persona.
En demostraciones a puerta cerrada se vio cómo el asistente identifica obras de arte sin necesidad de que el usuario lo especifique, o cómo guía paso a paso en tareas cotidianas, como operar una máquina de café. La información se superpone en una pequeña pantalla en la lente y se acompaña de respuestas por voz, una experiencia mucho más natural que la propuesta original de Glass.
Para reforzar la privacidad, estos prototipos incluyen un botón táctil en la patilla para activar o pausar al asistente y un LED que se ilumina cuando la cámara está activa. Son detalles críticos para la aceptación social y para cumplir con expectativas regulatorias en diferentes mercados.
Diseño que sí apetece llevar y un ecosistema abierto
Otra lección aprendida es el diseño. Google y sus socios exploran estilos discretos y ponibles, inspirándose en colaboraciones del sector moda-tecnología. La compañía trabaja con Warby Parker y Gentle Monster para ofrecer monturas que luzcan como gafas convencionales, alineadas con la tendencia que han consolidado opciones como las Ray-Ban con funciones inteligentes.
Android XR no se limita a un solo formato: Google lo concibe como una plataforma que se extiende a gafas y a visores, en colaboración con Samsung y Qualcomm. Mientras los visores apuestan por experiencias inmersivas, las gafas buscan utilidad diaria con notificaciones, traducciones, navegación contextual y captura de fotos o clips, todo sin sacar el móvil del bolsillo.
La compañía reconoce que, de momento, el texto proyectado en la lente puede resultar mejorable en prototipos tempranos. Aun así, su enfoque es iterar rápido con feedback real para pulir legibilidad, brillo y ergonomía.
Alianzas, fabricación y cadena de suministro
Más allá del software, la estrategia incluye acuerdos que apuntalan la industrialización. Google ha anunciado asociaciones con Samsung y Qualcomm para la plataforma, e invierte en el canal óptico con Warby Parker. Además, su red de fabricación se orienta a garantizar resiliencia: distintas fuentes sitúan la producción en Taiwán, con actores como Quanta o HTC sobre la mesa para prototipos y escalado.
Este viraje responde a dos frentes: por un lado, la necesidad de asegurar cadenas de suministro estables ante escenarios geopolíticos cambiantes; por otro, aprender de errores pasados. Figuras clave de Google han admitido públicamente que subestimaron la complejidad de fabricar gafas de consumo a un coste viable. La nueva etapa busca no repetir esa historia.
En paralelo, el ecosistema XR de Google también se apoya en el lanzamiento de visores de terceros, como el proyecto de un casco de realidad mixta desarrollado junto a Samsung, que servirá como escaparate de Android XR y acelerará la llegada de apps y casos de uso.
Qué falta por resolver: precio, privacidad y usos reales
Aunque el potencial es enorme, Google mantiene una postura prudente: los prototipos aún están en fase temprana y sus demostraciones se han centrado en usos muy concretos. Quedan por despejar variables críticas como el precio final, la autonomía, la robustez ante ruido y situaciones complejas y el encaje legal en entornos sensibles.
También se perfila el rol de las gafas dentro del ecosistema: no buscan reemplazar el móvil a corto plazo, sino complementarlo. Un escenario plausible es usar las gafas para escuchar música, hacer fotos rápidas, recibir indicaciones y hablar con Gemini, mientras el smartphone (incluso plegable y más pequeño) queda para productividad, vídeo y juegos.
El mercado, por su parte, ha madurado. Productos discretos y con precio contenido han demostrado que existe demanda si se equilibran diseño, utilidad y respeto por la privacidad; además, algunos modelos ya se venden al público. Google quiere capitalizar ese aprendizaje con un enfoque menos “gadget” y más “asistente que te acompaña”.
El futuro de Google Glass ya no depende de una sola apuesta, sino de una suma: IA realmente útil que entienda el contexto, un sistema operativo XR que unifique experiencias, un diseño que apetezca llevar, y una cadena de suministro lista para escalar. Si todas esas piezas encajan, la etiqueta de “promesa incumplida” podría dar paso a un dispositivo cotidiano tan natural como mirar a través de unas gafas.


