Todos conocemos Uber, la plataforma con la que los usuarios pueden encontrar a personas con vehículos que están dispuestos a llevarlos a donde quieran a cambio de un pago. Algo parecido al mundo del taxi, pero con precios más económicos. Pues bien, Google podría lanzar un nuevo Uber con sus coches autónomos.
Coches autónomos
Los coches autónomos están más cerca de ser una realidad gracias a Google. En realidad, estos coches ya existen, y en algunas regiones de Estados Unidos es posible verlos incluso circulando por carreteras públicas, debido a que Google ya ha comenzado a probar estos coches fuera de circuitos cerrados. Uno podría pensar que eso de los coches autónomos es algo en lo que trabajan las compañías del mundo de la tecnología simplemente porque alguna debe ser la primera, y serlo supondría quedar por encima de sus rivales, pero lo cierto es que Google podría tener un objetivo más interesante que simplemente superar a Apple. Uber podría ser el futuro rival de estos coches autónomos de Google.
El proyecto nació en el laboratorio de innovación de Google (conocido entonces como Google X) y con el tiempo se consolidó bajo la marca Waymo, perteneciente a Alphabet. Su misión declarada es clara: reducir drásticamente los accidentes, ofrecer un transporte inclusivo que dé libertad de movimiento y operar con un enfoque sustentable y eficiente en colaboración con ciudades y socios industriales. Antes, figuras como Sebastian Thrun (Stanford AI Lab) o miembros clave como Chris Urmson, Mike Montemerlo y Anthony Levandowski ya habían impulsado hitos tempranos de conducción autónoma.
Uber
Y es que parece que, según afirma Steve Jurvetson, un conocido y experto inversor del mundo de la tecnología, Google podría lanzar un servicio muy similar al de Uber, pero con una diferencia fundamental, y es que los vehículos serían autónomos. De esta manera, nosotros podríamos solicitar un coche, y vendría automáticamente uno de estos coches de Google. Como un servicio de taxi, o como Uber, a fin de cuentas. Aunque hay más diferencias.

Al prescindir del conductor, un servicio de este tipo podría operar 24/7 con tiempos de espera más cortos, integrarse con Google Maps para la gestión de rutas y optimizar precios dinámicos. Frente a Uber, la ventaja estaría en la escala tecnológica (sensores, mapas HD y simulación) y en la posibilidad de desplegar flotas uniformes con actualizaciones de software constantes.
Sería gratuito
Jurvetson continúa dando más detalles sobre lo que sería este nuevo servicio de Google. Al parecer, se denominaría «Free Ride», y eso significa que sería un servicio gratuito. Es decir, que podríamos utilizarlo sin tener que pagar. Un servicio de taxis, pero gratis. Y no es la primera vez que se habla de un servicio de estas características. El propio Jurvetson ya habló de esta posibilidad en el mes de febrero, y lo cierto es que los inversores especializados en el mundo de la tecnología son siempre los que mejor conocen la industria y las novedades que están por llegar. Al fin y al cabo, hay mucho dinero en juego, y conocer qué es lo que van a lanzar las compañías antes de que lo lancen es algo clave. El hecho de que pueda dar tantos detalles, como el propio nombre del servicio, nos hace pensar que no es nada raro que esté en lo cierto. Y además, Google se caracteriza precisamente por lanzar servicios gratuitos que para otras compañías son de pago.
Si Google materializara Free Ride, el modelo de negocio podría apoyarse en publicidad contextual, acuerdos con comercios, suscripciones premium o integración con servicios logísticos (entregas de última milla). Waymo, por su parte, ya ha demostrado que es viable ofrecer viajes con y sin conductor de seguridad en áreas urbanas, por lo que un escalado a un servicio de coste cero en zonas concretas sería una hipótesis plausible a modo de promoción o piloto.
Waymo y la tecnología detrás del volante
La plataforma se apoya en un conjunto de sensores con visión 360° que combinan LiDAR (millones de pulsos láser por segundo), cámaras de alta resolución (capaces de detectar colores, semáforos y luces intermitentes incluso con poca luz) y radares que perciben objetos en distintas condiciones climáticas. Todo ello se fusiona con mapas de alta definición y software de predicción y elevada capacidad de cálculo con próximos procesadores Snapdragon 820 para alcanzar niveles de autonomía elevados (nivel 4), donde el sistema se encarga de la conducción dentro de áreas operativas definidas.
En cuanto al vehículo, Waymo ha preferido adaptar modelos existentes en colaboración con fabricantes (por ejemplo, Jaguar I-Pace o Chrysler Pacifica), trabajando con integradores como Magna Steyr para su conversión a robotaxis. También ha sellado alianzas con Volvo para integrar su tecnología en futuras plataformas, dejando atrás prototipos propios como el Firefly en favor de bases de producción consolidadas que facilitan el mantenimiento de flotas.
En el frente corporativo, Waymo pasó a formar parte del ecosistema Alphabet, adoptó una dirección compartida (Tekedra Mawakana y Dmitri Dolgov) y amplió su actividad con Waymo Via para el transporte de mercancías. A nivel regulatorio, estados pioneros habilitaron marcos legales y otorgaron las primeras licencias a vehículos modificados (como el Toyota Prius), abriendo la puerta a pruebas sin conductor de seguridad en zonas concretas. Con el tiempo, las autorizaciones han permitido expandir servicios urbanos (incluyendo áreas del Silicon Valley y conexiones hacia aeropuertos) y extender rutas en áreas metropolitanas amplias, llegando a operar una de las coberturas más grandes de robotaxis. El proyecto nació con referentes como Stanley (robótico de Stanford galardonado en un gran desafío del Departamento de Defensa) y ha atraído inversión externa por varios miles de millones de dólares a lo largo de sus distintas fases. Todo ello refuerza la idea de que la visión de Waymo no es un experimento aislado, sino una apuesta industrial sostenida por la innovación y la seguridad.
Un problema para los taxistas
Y esto nos obliga a acordarnos de los taxistas. En España ellos consiguieron que Uber no pudiera operar. Sin embargo, lo cierto es que uno de los problemas de Uber era que los taxistas en nuestro país deben adquirir una licencia, que no tenían los conductores de Uber, obviamente. ¿Qué ocurriría con un servicio como Google Free Ride? Si no hay conductores, no hacen falta licencias, ¿no? Y en cualquier caso, estamos hablando de sustituir a trabajadores por coches autónomos que además trabajan gratis. De alguna manera esto podría afectar mucho a un sector que está viendo cómo el mundo de la tecnología los puede hacer desaparecer. Lo que está muy claro es que estas novedades acaban llegando quieran ellos o no, y que lo único que se puede hacer es empezar a ver qué posibilidades habrá en el futuro para los taxistas. Por suerte, eso sí, todavía quedan unos cuantos años para que podamos ver estos vehículos autónomos circulando por aquí. Y será entonces cuando todavía habrá que ver si de verdad Google decide lanzar ese servicio o no.
Para minimizar impactos, gobiernos y operadores deberían avanzar en marcos que garanticen seguridad, accessibility e integración laboral (nuevas funciones en mantenimiento de flota, atención al usuario o supervisión remota). También será clave acompañar la transición con formación y reconversión del sector y asegurar que los beneficios (reducción de siniestros, menos emisiones y mejor cobertura para personas con movilidad reducida) lleguen a toda la ciudadanía.
La convergencia entre la apuesta de Waymo por una movilidad más segura, inclusiva y sostenible y la hipótesis de un servicio Google Free Ride sugiere un futuro donde pedir un coche sea tan sencillo como pulsar un botón, con costes mínimos y tecnología madura. Si ese futuro llega bajo un modelo gratuito, pago o mixto, dependerá de la regulación, la aceptación social y la capacidad de escalar flotas que cumplan con estándares de seguridad y servicio.