La venta de Motorola a Lenovo por parte de Google sorprendió a muchos, pero el movimiento no dejó a Google con las manos vacías. Además de retener buena parte de las patentes obtenidas con la compra de Motorola —que Lenovo puede licenciar—, la compañía decidió conservar el esfuerzo más disruptivo: Project Ara, una apuesta por el smartphone modular diseñada para democratizar el hardware.
Project Ara, como muchos sabéis, es la investigación impulsada por un equipo de más de cien personas con Regina Dugan al frente para desarrollar un teléfono por piezas. La idea: un móvil modular que se actualiza por componentes igual que actualizamos el software, manteniendo el dispositivo al día sin cambiarlo entero.
Este grupo de investigación no reportaba al CEO de Motorola, sino directamente a Sundar Pichai, y así continuó, pues Google se quedó con el proyecto para seguir investigando.
Project Ara se queda en Mountain View
Regina Dugan y su equipo trasladaron su investigación a la sede central de Google para seguir adelante con el móvil por módulos. La intención de la compañía fue explotar las oportunidades de un smartphone así y sumar Ara a iniciativas como Google Glass, dejando claro que el interés por el hardware innovador seguía muy vivo.
Fuente: The Verge.
Cómo funciona Ara: endos, módulos y tamaños
La plataforma se construye sobre un endoesqueleto metálico (el ‘endo’) que actúa como marco, switch de interconexión y estructura. Sobre él se acoplan módulos frontales y traseros. Se definieron tres tamaños de endo (frames) con ranuras normalizadas para ordenar la industria: mini (aprox. 45 × 118 × 9,7 mm, distribución 2 × 5 atrás), medium (68 × 141 × 9,7 mm, 3 × 6) y large (91 × 164 × 9,7 mm, 4 × 7). Las ranuras frontales ocupan el ancho del endo con distintas alturas para pantalla y sensores, mientras que las traseras usan medidas estándar 1×1, 1×2 y 2×2. El marco incluía una batería de reserva para que la batería principal pudiera intercambiarse en caliente.
Los módulos quedaban asegurados con imanes electropermanentes, y las carcasas se podían imprimir en 3D para personalizarlas. Entre los módulos previstos: cámara, altavoz, radio, almacenamiento, pero también módulos especializados como medidores médicos, impresoras de recibos, punteros láser, proyectores pico, sensores de visión nocturna o botones físicos para juegos. La filosofía: hot swap sin apagar el teléfono.
Ecosistema, precio de kits y tienda
Google aspiraba a que Ara estuviera diseñado para miles de millones de personas, con una barrera de entrada bajísima para fabricantes y creadores. Por eso planteó un kit inicial en torno a 50 dólares con marco, pantalla, batería, procesador económico y Wi‑Fi; y un costo de endo aproximado de 15 dólares para escalar el ecosistema.
La hoja de ruta contemplaba una tienda oficial de módulos y soporte para tiendas de terceros. Por defecto, el teléfono aceptaría módulos certificados, aunque el usuario podría permitir módulos no oficiales desde software, en un enfoque análogo a la instalación de APKs en Android. La meta era pasar de unas pocas marcas a millones de desarrolladores de hardware.

Tecnología y prototipos: de UniPro a M‑PHY
Para unir los bloques, Ara utilizó el protocolo UniPro (AraMIPI). Los primeros kits de desarrollador se basaron en FPGAs con enlaces LVDS dentro del endo y clavijas retráctiles para los módulos. El plan posterior fue migrar a una implementación ASIC de mayor rendimiento con UniPro sobre una capa física M‑PHY, mejorando latencia, eficiencia y consumo.
Hubo demostraciones públicas de prototipos; en una presentación célebre, un dispositivo se congeló en la pantalla de arranque, evidencia de lo complejo que era orquestar buses, energía e imanes en caliente. Aun así, Google programó conferencias de desarrolladores para lanzar MDKs y acelerar el ecosistema.
Personas y antecedentes: ATAP, DARPA y Phonebloks
El proyecto en Google ATAP estuvo dirigido por Paul Eremenko, con Regina Dugan liderando el grupo avanzado. Ambos provenían de DARPA. Antes, Google había adquirido patentes de la israelí Modu, que encajaban con la visión modular. Motorola, por su parte, recorrió el país con MAKEwithMOTO para validar interés y reclutó Ara Scouts. La colaboración con Phonebloks aportó comunidad y tracción.
Retos técnicos y regulatorios
El concepto modular introduce compromisos: Eremenko estimó que la modularidad añadiría menos de un 25% de sobrecarga en tamaño, peso y consumo de los componentes, un peaje razonable a cambio de flexibilidad. También existían desafíos de homologación: los reguladores suelen certificar configuraciones cerradas, aunque desde el regulador estadounidense hubo señales de apertura.
Google Ara: especificaciones, diseño y fotos
Phandroid tuvo acceso a un prototipo identificado como A8A01. Especificaciones destacadas: Snapdragon 810 (MSM8994), 3 GB de RAM, 32 GB de almacenamiento, pantalla TFT‑LCD de 5,34 pulgadas (1080 × 1920, 403 ppp), cámara trasera de 2,1 MP con vídeo 1080p, frontal de 5 MP, batería de 3.450 mAh, 152 × 74 × 12,5 mm y 190 g, conectividad Wi‑Fi, Bluetooth LE, NFC, jack 3,5 mm y USB‑C, y Android 7.0 (NMR1). El endoskeleton metálico alojaba la pantalla y los internos; los módulos de plástico se insertaban con electroimanes, una idea que después veríamos en los Moto Mods del Moto Z. Android integraba un gestor de módulos para ver, deshabilitar o activar componentes —incluida la posibilidad de operar dos módulos de cámara—. A pesar del potencial, el proyecto se suspendió durante su fase de envío a desarrolladores y su destino quedó en el aire.
Vía | Phandroid. En Xataka | Teléfonos modulares y Project Ara: Google lanzó la piedra y ahora retira la mano
Hace tiempo hablamos de Phoneblock, un diseño modular brillante con pocas opciones de llegar al mercado. Motorola presentó Project Ara para llevar esa idea a la práctica con un MDK y colaboración abierta con Phonebloks. Si se lograba, sería una revolución: cambiar módulos de batería, ampliar almacenamiento o montar una mejor cámara según el uso.
Recordamos que Google estaba detrás de Motorola, y la combinación de Android y hardware flexible apuntaba a un salto de plataforma.
También se llegó a informar de que, aunque Motorola pasara a Lenovo, Google retuvo Ara y trabajó con socios como Intel. Se rumoreó incluso un retorno de Ara a Motorola para centralizar I+D, mientras se revisaba el uso de imanes electropermanentes para mejorar la resistencia a caídas.
El proyecto, en paralelo, inspiró a la industria: LG G5 y sus Friends, y Moto Z con Moto Mods ofrecieron un enfoque parcial de modularidad. En el caso de Motorola, los módulos se fijaban con imanes y pines pogo, y aunque el catálogo fue limitado —batería, altavoz, proyector, cámara— demostró viabilidad técnica.
Google, por su parte, llegó a valorar licenciar la tecnología tras pausar el proyecto. La iniciativa empezó bajo el paraguas de ATAP con una narrativa clara: hacer el hardware accesible como lo hizo Android con el software, con un mercado de piezas intercambiables y ciclos de vida más prolongados.
Regina Dugan llegó a comparar el desafío con el origen de Internet: había que repensarlo todo y trabajar en equipo. Paul Eremenko incluso propuso módulos de seguridad que, al retirarlos, dejaran el teléfono sin datos, facilitando préstamo, reutilización y privacidad.
Hoy la tecnología, la presión regulatoria por baterías reemplazables y los compromisos de actualizaciones prolongadas crean un caldo de cultivo idóneo para la modularidad. Ara se adelantó a esa necesidad: un móvil que se ajusta al presupuesto y las prioridades de cada persona con configuraciones prefabricadas o a medida, y capacidad de evolucionar en el tiempo sin generar tanto residuo.

