Si en los dos primeros artículos de esta serie hablamos sobre cómo podíamos mejorar en nuestra fotografía y conseguir hacer fotos como un profesional dominando lo que tenía que ver con la velocidad de obturación y con la sensibilidad ISO, ahora hablaremos de la apertura, algo que tendremos que conocer a la perfección para saber cómo afecta a nuestras fotos y cómo utilizarla.
Capturando fotos con ajustes manuales
Lo primero que debes saber para empezar a trabajar con la apertura de diafragma es que es un ajuste al que no tenemos acceso en todos los móviles. Y solo en algunos casos podremos modificar la apertura si se nos da la posibilidad de acceder a ajustes manuales. En muchos smartphones la apertura es fija de fábrica; existen excepciones con apertura variable en determinados modelos, pero no es lo habitual. En otros casos podremos controlar manualmente la velocidad, el ISO, el balance de blancos, el enfoque o la compensación de exposición desde el modo Pro de la app de cámara o mediante una aplicación de cámara alternativa. Sea como sea, debes ser consciente de que este ajuste podría no estar disponible en tu móvil.

Apertura
La apertura es el nombre de uno de los tres elementos principales con los que podremos gestionar la exposición a la luz del sensor de nuestra cámara. Ya dijimos que la luz es la clave de cualquier fotografía, por lo que este es un elemento más a tener en cuenta, dentro de esos tres, a la hora de capturar una foto. En este caso, la apertura, tal y como su nombre indica, es relevante porque se encarga de determinar cuánta luz llega hasta el sensor. Una mayor apertura implica más luz que llega al sensor, mientras que una apertura inferior indica menos luz que llega al sensor. En smartphones, las aperturas más comunes son luminosas (por ejemplo f/1.8, f/1.7, f/1.6) para mejorar el rendimiento con poca luz; algunos ofrecen un pequeño rango variable (p.ej., f/1.5→f/2.4), útil para escenas muy brillantes.
¿Cómo reconocer la apertura en nuestra cámara?
Ahora bien, si no estás relacionado con estos términos, menos lo estarás todavía con los indicadores que se utilizan para la apertura. Concretamente, verás la apertura expresada como f/1.8, f/2.2, f/8… Esto podría no resultarte familiar, pero así es como se expresa la apertura de diafragma de cada cámara. Hasta aquí todo bien, el problema es que estas cifras no son intuitivas de un primer vistazo. Uno podría pensar que f/8 es una apertura superior a f/1.8, pero es todo lo contrario. Ten en cuenta que f/1 se considera la apertura total, por lo que cuanto mayor es el número, menor es la apertura de diafragma. Eso significa que con f/1 el sensor estaría captando toda la luz.
Los móviles no cuentan con f/1. De hecho, no es común ni en las cámaras de alto nivel con los objetivos normales. Sin embargo, sí podríamos llegar a ver un f/2.8, o incluso un f/2.2 en algún smartphone. Estas serán las máximas aperturas, las que más luz captarán, mientras que f/8 será una apertura inferior, y captará menos luz. Entre un valor f/ y el siguiente hay lo que llamamos pasos: cada paso duplica o reduce a la mitad la luz. Por ejemplo, de f/2 a f/2.8 entra la mitad de luz; de f/2.8 a f/2 entra el doble. Esta relación es clave para compensar cambios de ISO y tiempo según la ley de la reciprocidad.
¿Cómo elegir la apertura?
Para elegir la apertura adecuada para tu cámara, debes tener en cuenta algunas cosas. Lo principal es saber cómo afecta la apertura a las fotografías que captures. Ya hemos dicho que una apertura más grande hace que la cámara capte más luz. Y así es. Sin embargo, una apertura más grande también reduce la profundidad de campo. Esto hace que elijamos un punto de enfoque, y los elementos alejados de este aparezcan más desenfocados.
Si vamos a fotografiar un paisaje, queremos que todo aparezca enfocado. Por ello, necesitamos una apertura pequeña, como un f/8, por ejemplo. Sin embargo, si vamos a fotografiar a una persona, un retrato, lo que queremos es que el fondo aparezca desenfocado para que el sujeto principal sea el protagonista. Para ello tendremos que elegir una apertura grande, como f/2.2 (cuando el móvil lo permita). En la práctica, la mayoría de smartphones tienen profundidad de campo amplia por su sensor pequeño y su óptica gran angular; para lograr bokeh real ayuda: 1) acercarte mucho al sujeto, 2) emplear el módulo tele si tu móvil lo tiene, y 3) aumentar la distancia entre el sujeto y el fondo.
Además, muchos fabricantes ofrecen un modo Retrato que simula el desenfoque con software y mapas de profundidad. Este efecto puede ser muy convincente, pero recuerda que es un desenfoque computacional, no fruto de la óptica, y puede fallar en bordes complejos o cabellos finos. Si tu smartphone dispone de apertura variable (dos posiciones típicas, p.ej., f/1.5 y f/2.4), la posición más cerrada ayuda a evitar sobreexposición a pleno sol y a ganar algo de nitidez global; la más abierta rinde mejor en escenas oscuras.
Un apunte de calidad: cada objetivo tiene un punto de máxima nitidez o «sweet spot» en aperturas intermedias. En móviles con apertura fija, el diseño suele buscar ese equilibrio en su único valor. Si cuentas con apertura variable, evita trabajar siempre en el extremo más abierto para maximizar la acutancia cuando la luz abunda, y abre cuando de verdad necesitas luz extra.
Combina esto con los otros elementos
No obstante, la clave está en seleccionar la apertura en función de los otros dos elementos, la sensibilidad ISO y la velocidad de obturación. Si necesitamos una gran velocidad de obturación para captar los movimientos, entonces será la apertura de diafragma lo que sacrificaremos para conseguir el nivel de luz que queremos. Si tu apertura es fija (lo más frecuente), la exposición la resuelves ajustando la sensibilidad ISO, tiempo y EV (compensación). Por ejemplo, bajo sol directo, siguiendo la conocida «regla del 16», una combinación equivalente a ISO 100 – 1/125 s – f/16 exige, con una óptica fija a f/2, subir la velocidad varios pasos hasta alcanzar tiempos muy cortos (p.ej., 1/16000 s) y/o bajar ISO; ahí entran en juego los obturadores electrónicos y la compensación EV del teléfono.
Con poca luz, abre (si puedes) y baja ISO todo lo posible para evitar ruido. Si tu apertura es fija y la escena es brillante, podrías usar un filtro ND de clip para móvil y así mantener tiempos más largos o evitar quemar altas luces. Y recuerda que los móviles modernos recurren a HDR, apilado de imágenes e IA para ampliar el rango dinámico y reducir el ruido; incluso cuando dispares en RAW, el archivo suele estar bastante procesado respecto al RAW de una cámara tradicional.
Además de la exposición, el modo Pro permite afinar otros parámetros:
- Balance de blancos (sol, nublado, tungsteno, personalizado) para colores más fieles.
- Medición de luz: matricial (toda la escena), ponderada al centro (sujeto principal) o puntual (un único punto crítico).
- Enfoque manual con focus peaking en algunos modelos, útil para macro o escenas con baja luz.
- Compensación EV para oscurecer/iluminar rápido sin cambiar ISO ni tiempo manualmente.
Por último, al valorar la cámara de un smartphone, la apertura es un dato relevante pero no determinante de la calidad: influyen el tamaño del sensor, la estabilización (OIS/EIS), la calidad de lentes y la tubería computacional. Un número f más bajo no garantiza, por sí solo, mejores fotos si el resto del sistema no acompaña.
Dominar la apertura en fotografía móvil significa saber cuánta luz entra y cómo afecta a la profundidad de campo, pero también entender las limitaciones y ventajas de los sensores pequeños y la potencia de los algoritmos. Practica con el modo Pro, prueba distintas escenas y distancias, y apóyate en las herramientas del teléfono para conseguir la atmósfera que buscas sin renunciar a la nitidez y al control.
