Todo apunta a que habrá nueva versión de las gafas inteligentes Google Glass, o al menos una evolución de las que se conocen en la actualidad. Por lo tanto, parece que la compañía de Mountain View no dejará morir a uno de sus proyectos más llamativos, pese a que cada vez está más claro que este producto no será de consumo masivo en el mercado destinado a los usuarios finales.
Por lo tanto, el que se cierren las tiendas donde Google vende este producto tiene sentido, ya que sería a sectores puntuales a quienes se ofertaría este dispositivo, como por ejemplo el de la medicina (salas de cirugía) o el de los aeropuertos en puntos donde la seguridad es clave. Evidentemente, cualquiera podrá comprarse unas Google Glass, pero no parece que las intenciones iniciales por parte de Google se mantengan en lo referente a su despliegue.
Qué cambia en la estrategia: del consumo al entorno profesional
El foco actual sitúa a Glass como una herramienta para productividad y operaciones: asistencia manos libres, formación, telepresencia y flujos guiados. Google lo articula bajo programas de partners que integran hardware y software empresarial, reforzando la idea de que el camino más sólido pasa por fábricas, hospitales, seguros o logística en lugar del uso cotidiano para el gran público.
Este giro responde también a preocupaciones sobre privacidad que marcaron sus primeros pasos (el famoso rechazo social en determinados espacios). Para mitigarlo, se han introducido señales visibles como un LED de grabación, y mejoras en ergonomía y resistencia para aguantar turnos largos y ambientes exigentes.

Nuevo hardware con Intel: de los planes iniciales a las iteraciones reales
En un informe de The Wall Street Journal se indicó que habría una nueva versión de este accesorio wearable y que habría un cambio significativo en lo referente al hardware: el procesador. Para adaptarse mejor a las necesidades del software que utilizan las Google Glass, cada vez más potente, se decidió dejar a Texas Instruments, suministrador actual en la etapa temprana, y decantarse por Intel, una compañía que ofrece componentes muy potentes y perfectamente adaptados.
Según se informó, Google se decantaría por una CPU de dimensiones muy reducidas basada en la arquitectura x86 (nada de ARM, como los procesadores habituales en teléfonos y tablets) llamada Quark, que fue presentada hace un tiempo. Aparte, Intel también suministraría la placa base de las Google Glass, concretamente con el modelo Edison, y el chip para gestionar las comunicaciones sería SoFIA, también de la compañía norteamericana. Un cambio radical, sin duda, que proporcionaría mayor confianza a las empresas a las que se ofrecerían las Google Glass.
La evolución posterior materializó el salto a Intel Atom en versiones empresariales, consolidando un rendimiento superior frente a las primeras TI OMAP. Más adelante, otra iteración orientada a negocio incorporó plataforma Qualcomm Snapdragon XR1 con CPU de cuatro núcleos a 1,7 GHz y proceso de 10 nm, priorizando eficiencia, visión por computadora y aprendizaje automático en usos de realidad asistida.
Especificaciones y mejoras clave que han marcado el rumbo
Las diferentes generaciones y ediciones orientadas a empresa han ido sumando avances tangibles: desde 2 GB de RAM y 32 GB de almacenamiento en las primeras Enterprise con cámara de 5 MP y vídeo 720p, hasta configuraciones con 3 GB de RAM, 32 GB y cámara de 8 MP en evoluciones más recientes, junto a USB-C, Bluetooth 5 y un módulo de pantalla óptica de 640×360. La base de software se apoya en Android, con capas y servicios para despliegues corporativos.
La autonomía también creció: baterías en torno a 780 mAh permitían ya varias horas de uso intensivo (por ejemplo, cerca de dos horas retransmitiendo vídeo continuo). En versiones posteriores se habilitaron diseños más gruesos para admitir baterías de mayor capacidad, pensando en jornadas completas y turnos industriales.
En diseño, se introdujeron monturas plegables, patillas más robustas, conectores de carga magnéticos y cables flexibles para acoplar a baterías externas. También apareció soporte para WiFi de 5 GHz, resistencia mejorada a polvo y salpicaduras, y lectores integrados de códigos de barras, QR y OCR para inventario, picking y trazabilidad.

Distribución, software y casos de uso reales
En mercados como España, la distribución ha contado con socios certificados como Streye, que acompaña el hardware con una suite de aplicaciones para trabajo de campo: colaboración por vídeo en directo, listas de tareas guiadas, alertas geolocalizadas y módulos de escaneo de códigos con integración en ERP. Este enfoque llave en mano acelera la adopción en compañías sin equipos de desarrollo propios.
Ejemplos de despliegue incluyen aseguradoras como Mapfre, donde peritos documentan daños con fotos y vídeo desde las gafas y sincronizan el expediente en tiempo real, o el Centro Médico Universitario Erasmus MC de Róterdam, que ha utilizado Glass para docencia quirúrgica con retransmisión de procedimientos y checklists asistidos.
Para organizaciones que precisan control total, el modelo de licenciamiento contempla versiones con software básico orientado a streaming y almacenamiento en la nube, así como ediciones con plataformas completas y soporte extendido. Los precios han variado según paquete y servicios incluidos, manteniéndose en el rango habitual del hardware profesional.
Las Google Glass no están muertas, sino que han madurado con un enfoque más profesional. La alianza de la compañía de Mountain View con Intel para determinadas iteraciones, seguida de opciones como XR1 en otras, ha cimentado un catálogo capaz de responder a necesidades críticas en empresa, desde la fábrica al quirófano, con mejoras claras en rendimiento, autonomía, conectividad y un ecosistema de software que habilita valor inmediato.
Fuente: The Wall Street Journal.
