Compañías como Twitter estaban trabajando en una aplicación para las Google Glass, y en que hubiera cada vez más utilidades en las gafas inteligentes en lo que a la red social se refiere. Sin embargo, con el tiempo han decidido dejar de trabajar en las Google Glass para centrarse en su aplicación para Android Wear. Como este, hay muchos otros ejemplos de compañías que ya no creen que las Google Glass son el futuro, sino que este está en realidad en Android Wear y en los relojes de Samsung y Apple. Según Reuters, de las 16 compañías que estaban trabajando en las Google Glass, nueve ya han dejado de hacerlo.
Por qué se enfría el interés de los desarrolladores

Esto se debe a dos motivos en concreto y muy claros. El primero de ellos es que las gafas inteligentes tienen limitaciones obvias. Todavía no son tan inteligentes como lo son los smartphones, y Google incluso ha conseguido que los relojes inteligentes sean ya mejores que las gafas inteligentes. Así, se ve un desinterés de Google en las Google Glass, que quizás puede ser solo aparente en este momento, pero que sigue siendo lo que ven los desarrolladores. A esto hay que sumar que las gafas no llegan al mercado con la cadencia esperada: se habló de una versión para todos los usuarios, con mejoras y precio más económico, que no llegó en los plazos previstos. Mientras tanto, algunos usuarios terminaron vendiendo sus Glass incluso a mitad de precio.
Además de la falta de masa crítica de usuarios, varias empresas y desarrolladores consultados por Reuters explicaron que el catálogo de aplicaciones no crecía al ritmo necesario: llegaron algunos servicios importantes, pero faltaron apps clave y hubo compañías que retiraron las suyas. A ello se sumó la salida de empleados clave del proyecto, algo que alimentó la percepción de pausa y redujo la confianza del ecosistema.
Limitaciones técnicas y ecosistema de desarrollo

En el plano técnico, los equipos que probaron la plataforma destacaron barreras que desincentivan crear apps: hardware costoso para acceder al SDK, ausencia de simulador para pruebas rápidas, documentación escasa en aspectos avanzados y restricciones como los comandos de voz no registrados o límites en reproducción de audio. Todo ello hacía que la depuración fuera más lenta y elevaba el coste del proyecto.
La experiencia de uso tampoco ayudó: interfaz de voz poco práctica en entornos reales, navegación táctil que obliga a tocar el lateral con frecuencia, batería limitada y distracciones en actividades como la conducción. Para muchos, Glass era un prototipo demasiado prototipo: generaba fascinación en pruebas cortas, pero perdía atractivo en el día a día.
Privacidad, aceptación social y normas de uso
El dispositivo también chocó con el “contrato social” en espacios públicos y privados: ¿estamos siendo grabados?, ¿qué ocurre con los datos?, ¿se aplica reconocimiento facial? Aunque Google marcó límites (por ejemplo, vetando apps de reconocimiento facial o contenido adulto, indicando la grabación con una luz e impulsando interacciones por voz o toques), la posibilidad de “life logging” constante generó rechazo y llevó a vetos en algunos locales y entornos. La tensión entre beneficio individual de quien las usa y la intrusión percibida por el resto sigue siendo uno de los mayores frenos.
¿Dónde sí encajan las gafas inteligentes?
Mientras el consumo generalista no despegaba, surgieron casos de uso de alto valor en entornos profesionales: sanidad, manufactura, logística o formación técnica. Programas orientados a empresas dieron lugar a implementaciones en hospitales y compañías industriales, donde ver instrucciones manos libres o compartir vídeo en tiempo real aporta eficiencia y seguridad. Algunos desarrolladores pivotaron de consumidor a verticales B2B, donde hay clientes, métricas de ROI claras y menos fricciones sociales.
En paralelo, el mercado de wearables de muñeca maduró con fuerza: Android Wear y los relojes de Samsung, Apple, Motorola, Sony, LG o Asus se convirtieron en una alternativa más asequible y con casos de uso claros para notificaciones, salud y productividad. Con más usuarios, mejores SDK y marketing coordinado, los relojes ofrecieron a los desarrolladores mayor retorno a corto plazo.
Todo esto ha hecho que los desarrolladores pierdan interés en un producto que los usuarios compran, en pequeña cantidad, y aun así venden, en comparación con los relojes inteligentes, que cada vez se lanzan más, son mucho más económicos, y encima la competencia demuestra que son exitosos: Samsung, Google y Apple competirán en este mercado en software, y Samsung, Apple, Motorola, Sony, LG y Asus, compiten como fabricantes. ¿Cuál es el futuro de las Google Glass? Si tenemos en cuenta que el futuro de un dispositivo inteligente depende de los desarrolladores, en este caso no le vemos un futuro muy prometedor. Espero equivocarme..
Google ha reiterado su compromiso con la categoría y ha impulsado nuevas iteraciones orientadas a usos concretos. Si las gafas inteligentes quieren recuperar el favor de los desarrolladores, deberán ofrecer hardware más maduro, SDKs con menor fricción, garantías de privacidad y una propuesta de valor que resuelva problemas cotidianos mejor que el móvil o el reloj. El potencial existe; la clave será alinear tecnología, experiencia, normas sociales y negocio.

