Sistemas operativos móviles antes de Android: historia completa y legado

  • Antes de Android e iOS existió una gran variedad de sistemas operativos móviles (Symbian, Palm OS, Windows Mobile, BlackBerry OS, Maemo, MeeGo, Bada, WebOS, etc.) que introdujeron muchas funciones hoy básicas.
  • Symbian, Windows Mobile y BlackBerry dominaron la era pre-smartphone táctil gracias a su robustez, enfoque profesional y primera multitarea, pero la falta de adaptación a las pantallas capacitivas y a las tiendas de apps los relegó.
  • Proyectos basados en Linux como Maemo, MeeGo, Tizen, Ubuntu Touch o Firefox OS exploraron modelos abiertos, convergencia y apps web, pero no lograron un ecosistema de aplicaciones y fabricantes suficiente.
  • La combinación de la App Store en iOS y la plataforma abierta de Android consolidó el actual duopolio, heredando e integrando muchas innovaciones de esos sistemas anteriores.

Sistemas operativos móviles antes de Android

Antes de que Android se convirtiera en el titán casi omnipresente que es hoy, existían numerosos sistemas operativos móviles que dominaban el mercado o, al menos, intentaban hacerse un hueco en él. Estos sistemas fueron pioneros en funciones que hoy damos por sentadas: navegación web, correo electrónico, tiendas de aplicaciones y conectividad avanzada. Desde los PDA de Palm hasta los emblemáticos Nokia con Symbian, el camino hacia el smartphone moderno estuvo plagado de innovaciones, fracasos y transformaciones radicales.

Explorar estos sistemas es como hacer un viaje en el tiempo por la historia de la tecnología móvil. Veremos cómo cada uno influyó en lo que hoy entendemos por un sistema operativo moderno, qué aportaron, por qué desaparecieron y cómo encajaron en un mercado que terminó cayendo bajo el dominio de dos gigantes: Android e iOS. Además, conoceremos otros proyectos menos conocidos, como Maemo, MeeGo, Bada, Firefox OS, Ubuntu Touch o Tizen, que intentaron abrirse camino con propuestas muy distintas, desde la filosofía del código abierto hasta la idea de convertir el móvil en un ordenador de bolsillo.

Symbian: el rey indiscutible de la era pre-Android

Historia y legado de Symbian OS

Durante muchos años, Symbian fue el sistema operativo más utilizado en teléfonos móviles. Nació a partir de una colaboración entre empresas como Ericsson, Motorola, Nokia y Psion, y se apoyaba en la experiencia previa de EPOC, el sistema que utilizaban las agendas electrónicas de Psion. Su primer dispositivo oficial llegó en el año 2000, y la base EPOC le dio a Symbian una arquitectura muy optimizada en consumo de batería y en uso de recursos, ideal para los móviles de la época, que contaban con hardware muy limitado. Symbian fue descontinuado oficialmente en 2013.

Su versión más popular fue Symbian S60, que llegó a estar presente en una enorme variedad de teléfonos Nokia y de otros fabricantes. En móviles tan avanzados como el Nokia N95, Symbian ofrecía funciones que en su momento parecían ciencia ficción: un sistema GPS integrado, acceso a internet, reproductor de música y vídeo, multitarea real y una cámara considerada de las mejores del momento. Gracias a su soporte para aplicaciones de terceros, surgió un ecosistema de software con reproductores avanzados, utilidades de productividad y herramientas que exprimían al máximo las capacidades del hardware.

Symbian OS en teléfonos Nokia

Uno de los grandes puntos fuertes de Symbian era su robustez y eficiencia energética. Mientras otras plataformas consumían más batería, Symbian permitía mantener activo el móvil durante días, incluso con uso intensivo de llamadas y mensajes. Además, fue un impulsor temprano de los widgets y de la personalización del escritorio, permitiendo mostrar información como el calendario, accesos directos o datos del sistema directamente en la pantalla principal.

Sin embargo, su interfaz inicial estaba pensada para teclados físicos y botones de navegación, no para pantallas táctiles. A medida que el mercado se desplazó hacia los paneles capacitivos y las interacciones con los dedos, esta herencia empezó a ser un lastre. La transición a versiones táctiles, como las ediciones de Symbian S60 adaptadas a pantallas, resultó compleja y fragmentada, obligando a los fabricantes a lanzar múltiples revisiones y actualizaciones para lograr una experiencia mínimamente fluida.

Otro de los grandes problemas de Symbian fue su complejidad para los desarrolladores. Programar aplicaciones requería herramientas y conocimientos muy específicos, lo que dificultaba que nuevos actores se sumaran a su ecosistema. La coexistencia de varias ediciones (S60, UIQ, Series 80, etc.) generó fragmentación interna y complicó aún más el desarrollo de apps universales. Con la llegada de plataformas más amigables, como iOS y más tarde Android, muchos programadores abandonaron Symbian en busca de tiendas de aplicaciones centralizadas, APIs coherentes y mejores oportunidades de monetización.

Symbian y EPOC32, sistemas anteriores a Android

Aun así, Symbian dejó innovaciones clave. Popularizó funciones como la multitarea real, el soporte avanzado para cámaras, la integración de GPS y la idea de que un móvil podía ser mucho más que un teléfono. Muchos conceptos de interfaz, notificaciones y gestión de recursos que vemos hoy en Android e iOS tienen raíces en experimentos y decisiones de esta plataforma. A pesar de que acabó siendo sustituida en su propio fabricante estrella por otros sistemas, Symbian sigue siendo un símbolo de la edad de oro de los móviles clásicos y una referencia obligada en la historia de los sistemas operativos móviles.

Para los amantes de la tecnología, es interesante conocer cómo se han medido distintos rendimientos de smartphones a lo largo de los años, y cómo plataformas como Symbian marcaron el listón de lo que considerábamos un teléfono potente.

Windows Mobile: Microsoft y su visión de un PC de bolsillo

Sistemas operativos móviles antiguos

Lanzado inicialmente como evolución de Windows CE y Pocket PC, Windows Mobile fue uno de los primeros intentos serios de llevar la experiencia de escritorio a los móviles. Su primera versión comercial apareció alrededor del año 2000, y su origen estaba estrechamente vinculado al mundo de las PDA y Pocket PC, dispositivos que ya ofrecían agendas, correo y aplicaciones de productividad, pero que aún no se concebían como smartphones tal y como los entendemos hoy.

La apuesta de Microsoft consistía en ofrecer una experiencia familiar a los usuarios de Windows, con menús similares, el clásico botón de inicio y ventanas. La interfaz estaba pensada para ser usada con stylus, lo que permitía pulsar pequeños elementos y escribir sobre la pantalla resistiva. En este contexto, los “smartphones” con Windows Mobile se veían casi como pequeños ordenadores de bolsillo, especialmente en un momento en el que el concepto de móvil conectado a la red aún estaba madurando.

Uno de sus grandes atractivos fue la inclusión de versiones móviles de Outlook, Word, Excel, PowerPoint y hasta Escritorio Remoto. Esto permitía a profesionales acceder a documentos, editar presentaciones, gestionar su correo de empresa y conectarse a servidores desde prácticamente cualquier lugar. El sistema se basaba en Windows CE y ofrecía versiones adaptadas: Standard para móviles sin pantalla táctil, Classic para PDAs y Professional para smartphones más completos con pantalla táctil y funciones avanzadas.

Sin embargo, el diseño de la interfaz seguía arrastrando la filosofía de escritorio, con iconos pequeños, menús desplegables y ventanas superpuestas. Aunque era potente y flexible, muchos usuarios lo percibían como un sistema poco amigable para usar con los dedos, justo lo contrario de lo que empezaba a imponerse con la nueva generación de pantallas táctiles capacitivas. Esta desconexión entre hardware emergente y diseño de software fue uno de los factores que le restó competitividad a medio plazo.

Con el tiempo, Microsoft intentó relanzar su estrategia con Windows Phone (la renovación inició en torno a 2010), un sistema completamente nuevo que rompía con la estética “de escritorio” y apostaba por una interfaz basada en azulejos dinámicos (Modern UI). No obstante, arrastró varios problemas críticos: falta de aplicaciones clave, cambios de arquitectura que rompían la compatibilidad entre versiones (por ejemplo, entre generaciones de Windows Phone) y un ecosistema de desarrolladores insuficiente. Finalmente, Microsoft anunció el abandono de su desarrollo para móviles y, tras 2017, centró sus esfuerzos en llevar sus servicios a Android e iOS.

La temperatura de los móviles es un tema crucial que muchos usuarios deben considerar, especialmente cuando se analizan los sistemas operativos antiguos y sus requerimientos, ya que muchos de ellos no estaban pensados para los niveles de potencia y exigencia térmica que vemos en los smartphones actuales.

BlackBerry OS: el favorito del mundo empresarial

sistemas operativos móviles antes de Android y BlackBerry

De origen canadiense, BlackBerry OS fue sinónimo de productividad móvil durante muchos años. Sus dispositivos se convirtieron en un icono dentro del mundo empresarial, de las administraciones públicas e incluso entre figuras influyentes de la política y los negocios. La combinación de teclado físico completo, sistema de correo electrónico seguro y herramientas centradas en el trabajo diario convirtió a BlackBerry en la referencia para quienes necesitaban tener la oficina en el bolsillo.

Los móviles BlackBerry ofrecían un servicio de correo push propietario, que entregaba los mensajes en tiempo real y con un nivel de cifrado y seguridad muy valorado. Esto, sumado a servidores dedicados (BES, BlackBerry Enterprise Server), facilitaba la administración centralizada, el control de políticas de seguridad y la gestión remota de flotas de dispositivos, algo especialmente atractivo para grandes empresas y organismos oficiales.

En una de sus series más representativas, como la familia BlackBerry 8800, la marca incorporó un innovador trackball para desplazarse por los menús con precisión. La interfaz estaba organizada en torno a un escritorio con accesos directos y un cajón de aplicaciones con herramientas de correo, calendario, contactos, mapas, navegación web y aplicaciones multimedia. Aunque contaba con juegos y algunas apps de ocio, el foco del ecosistema estaba claramente en la productividad y la mensajería.

Con el auge de los smartphones táctiles de pantalla completa, BlackBerry afrontó un reto complicado. Durante un tiempo trató de mantener su apuesta por el teclado físico como elemento diferenciador, pero las preferencias del público empezaron a inclinarse hacia pantallas más grandes y experiencias táctiles integrales. El lanzamiento de BlackBerry 10 supuso un intento de modernizar por completo la plataforma, incorporando una interfaz gestual diseñada para pantallas táctiles, un sistema de multitarea avanzado y soporte, en algunos modelos, para aplicaciones Android a través de capas de compatibilidad.

Aun con estos esfuerzos, la marca se encontró con una dura realidad: un ecosistema de aplicaciones de consumo muy limitado frente a las enormes bibliotecas de la App Store y Google Play. Tras años de declive comercial, cambios de estrategia y licencias de la marca a otros fabricantes, la compañía terminó adoptando Android en algunos terminales y el soporte de sus sistemas propios fue finalmente cerrado (con hitos relevantes en los años siguientes, incluyendo el cese de muchos servicios y la transformación del negocio; el ecosistema tradicional quedó prácticamente inactivo alrededor de 2022).

Con el cierre de BlackBerry, muchos usuarios comenzaron a buscar alternativas en el mercado, lo cual impulsó el crecimiento de pagos móviles efectivos y de nuevas soluciones basadas en Android e iOS, que integraban cada vez más funciones bancarias y empresariales en plataformas abiertas.

Palm OS y WebOS: la promesa de la computación de bolsillo

PalmOS en dispositivos PDA

Palm OS vio la luz con las PDA Palm Pilot, y fue uno de los primeros sistemas que apostó claramente por el concepto de “ordenador de bolsillo”. En una época en la que los móviles apenas servían para llamar y enviar SMS, las PDA con Palm OS ofrecían gestor de contactos, calendario, calculadora, notas y una amplia gama de aplicaciones de productividad. Su interfaz estaba pensada para pantallas táctiles resistivas y hacía uso de un stylus y de un sistema de escritura gestual llamado Graffiti, que permitía introducir texto mediante trazos específicos.

El ecosistema de Palm OS llegó a contar con decenas de miles de aplicaciones, desde herramientas de oficina hasta juegos y utilidades especializadas para nichos muy concretos. Esto lo convirtió en un entorno pionero para los desarrolladores móviles, mucho antes de que se generalizara el concepto de tienda de apps tal y como lo conocemos. Palm demostró que era posible construir un catálogo de software diverso y de calidad alrededor de un dispositivo de bolsillo.

Con el tiempo, Palm OS evolucionó hacia los smartphones y dispositivos híbridos, integrando funciones de telefonía en modelos como la serie Treo. Sin embargo, el sistema arrastraba ciertas limitaciones técnicas y de arquitectura que dificultaban su adaptación a las nuevas demandas de conectividad permanente, multimedia avanzada e interfaces más modernas. Palm OS se considera desaparecido desde alrededor de 2007.

Ese intento de reinvención llegó con webOS (lanzado en 2009), un sistema operativo completamente nuevo que apostó por tecnologías web como base de su interfaz y aplicaciones. WebOS introdujo ideas muy adelantadas a su tiempo, como la multitarea basada en tarjetas (donde cada app se mostraba como una tarjeta que se podía organizar y cerrar con gestos) y un sistema de notificaciones sutil y no intrusivo. Además, incorporaba una tienda de aplicaciones y un enfoque muy visual y gestual de la navegación.

La propuesta de webOS llamó la atención de la industria, pero una combinación de decisiones empresariales, cambios de propiedad y falta de apoyo de hardware impidieron que se consolidara en el mercado móvil. El sistema pasó a manos de diferentes compañías y finalmente encontró su lugar en el ecosistema de televisores inteligentes de LG, donde sigue siendo un ejemplo de diseño de interfaz elegante y centrado en el usuario, aunque ya alejado del mundo de los smartphones.

Palm OS y WebOS representaron soluciones adelantadas a su tiempo, con ideas que después inspirarían a otros sistemas. Su visión de la multitarea, las notificaciones, la organización de apps y la integración con servicios en la nube dejó una huella clara en el diseño posterior de interfaces móviles. No obstante, la falta de una estrategia sólida a largo plazo y la dificultad de competir con gigantes con mayores recursos terminaron relegándolos a un papel más bien testimonial en la historia reciente de la movilidad.

Linux y derivados: los pioneros desconocidos

Linux y sistemas móviles anteriores a Android

Antes de Android, ya existían intentos de usar el kernel Linux en móviles. Algunos dispositivos de Motorola, como el Rokr E6, utilizaron versiones propietarias basadas en Linux que ofrecían funciones interesantes como reconocimiento de tarjetas de visita, conectividad avanzada y capacidades multimedia. A pesar de estas innovaciones, muchos de estos terminales sufrían de lentitud, interfaces poco pulidas y catálogos de apps muy limitados, lo que dificultaba su adopción masiva.

Una de las apuestas más ambiciosas fue Maemo, desarrollado por Nokia y fundamentado en Debian. Maemo proponía una experiencia más cercana a la de un miniordenador con Linux, con acceso a un escritorio completo, multitarea avanzada y soporte para aplicaciones de código abierto. Esa filosofía atrajo a entusiastas y desarrolladores que veían en Maemo una forma de tener un entorno Linux casi “de escritorio” en el bolsillo. En 2010 Maemo se fusionó con Moblin, un proyecto de Intel, para dar lugar a MeeGo.

Posteriormente, MeeGo generó mucha expectación porque unía la experiencia de Nokia en móviles con la potencia de Intel en hardware, bajo una filosofía abierta y muy flexible. Sin embargo, las estrategias cambiantes de los fabricantes y la presión de Android alteraron el rumbo. Nokia terminó abandonando MeeGo para apostar por otras plataformas, dejando el proyecto en una situación complicada. Aun así, MeeGo dejó tras de sí un legado importante: influyó directamente en el nacimiento de Tizen, un sistema respaldado por Samsung e Intel que heredaba la idea de funcionar en múltiples tipos de dispositivos, desde móviles hasta relojes inteligentes y televisores.

Historia de Symbian OS y sistemas Linux móviles

Aunque Tizen apenas logró penetrar en el mercado de los smartphones, sí encontró su sitio como sistema para smartwatches, televisores inteligentes y otros dispositivos conectados. Esto demostró que la idea de un sistema basado en Linux, modular y adaptable, seguía teniendo mucho sentido, especialmente en el contexto del Internet de las Cosas y de los ecosistemas multiscreen.

Junto a estos proyectos, también aparecieron otras iniciativas basadas en Linux como OpenMoko o propuestas experimentales orientadas a desarrolladores, que permitían crear y probar aplicaciones en entornos de código abierto. Aunque muchas de estas plataformas no llegaron al gran público, fueron fundamentales para explorar modelos de desarrollo abiertos, APIs compartidas y nuevas formas de interacción que más tarde se consolidarían en sistemas como Android.

En este contexto, es importante tener en cuenta las mejores móviles actuales que han logrado adaptarse mejor a las nuevas demandas del consumidor, y cómo el uso del kernel Linux en Android acabó materializando muchas de las ideas que estos proyectos pioneros habían puesto sobre la mesa.

Bada, Firefox OS y Ubuntu Touch: intentos con enfoque alternativo

Sistemas operativos móviles alternativos

Bada OS fue la apuesta de Samsung por tener su propio sistema operativo propietario para móviles. Se incluyó en terminales como los Samsung Wave y contaba con su propia tienda de aplicaciones, una interfaz muy orientada a iconos y pantallas de inicio personalizables. La experiencia de uso resultaba en muchos aspectos similar a la de Android, con pantallas deslizables y widgets, pero el sistema giraba alrededor del ecosistema de software y servicios de Samsung.

Bada recibió varias actualizaciones que mejoraron la estabilidad y añadieron nuevas funciones, pero se encontró con un obstáculo difícil de superar: un catálogo de apps más limitado que el de Android y la ausencia de aplicaciones clave como WhatsApp en sus primeros compases. Esta carencia dificultó que el usuario medio lo considerara una opción a largo plazo. Con el tiempo, Bada fue convergiendo con la línea de desarrollo de Tizen, y ambos caminos acabaron fusionándose, dejando a Bada como un importante experimento pero con poca huella comercial.

Firefox OS, impulsado por Mozilla, representó una idea muy distinta: un sistema operativo basado en tecnologías web abiertas (HTML5, CSS, JavaScript) que ejecutaba aplicaciones web empaquetadas. Su objetivo principal era ofrecer una plataforma ligera y accesible para smartphones de gama baja, especialmente en mercados emergentes, donde el precio y la sencillez eran factores decisivos. Contó con el apoyo de operadoras como Telefónica y de fabricantes que lanzaron terminales asequibles orientados a usuarios que daban el salto desde móviles básicos. Pese a sus esfuerzos, y tras varios años de actividad, el proyecto dejó de desarrollarse oficialmente en 2016.

La filosofía de Firefox OS se centraba en que las apps no necesitaban ser nativas en el sentido tradicional, sino aplicaciones web con acceso a determinadas APIs del sistema. Esta aproximación simplificaba el desarrollo multiplataforma, pero al mismo tiempo se encontró con retos de rendimiento, integración de hardware y experiencia de usuario cuando se comparaba con sistemas nativos como Android. Pese a sus esfuerzos, no consiguió generar una tracción suficiente entre desarrolladores y usuarios, y su desarrollo oficial se detuvo tras unos años de vida.

De este ecosistema surgieron diversas alternativas y herederos orientados a proyectos de código abierto y a dispositivos muy concretos. En el segmento de móviles sencillos con funciones inteligentes ha cobrado protagonismo KaiOS, un sistema derivado de iniciativas anteriores que lleva apps ligeras y conectividad 4G a teléfonos de formato clásico, con teclado numérico y pantallas pequeñas. KaiOS ha demostrado que aún existe espacio para propuestas híbridas entre móvil básico y smartphone, especialmente en regiones donde el coste es determinante.

Ubuntu Touch, por su parte, nació con la ambiciosa idea de llevar la experiencia completa de Ubuntu al móvil, apostando por la convergencia: un mismo sistema que pudiera ofrecer una interfaz adaptada al smartphone y, al conectarlo a una pantalla externa, comportarse como un escritorio tradicional. Canonical diseñó una interfaz basada en gestos desde los bordes de la pantalla y un diseño minimalista, con la intención de diferenciarse claramente de los paradigmas de iOS y Android.

No obstante, Ubuntu Touch sufrió la falta de aplicaciones clave, el escaso apoyo de fabricantes y un desarrollo más lento de lo deseado. Pese al interés inicial de algunas marcas, como BQ, el sistema no consiguió reunir el ecosistema necesario para competir en el mercado de consumo. Más tarde, Canonical decidió abandonar el desarrollo comercial del proyecto (en torno a 2017), que pasó a estar mantenido por la comunidad a través de UBports, demostrando que sigue habiendo una base de usuarios y desarrolladores interesados en alternativas abiertas, aunque de nicho.

Las novedades de Android continúan impactando en el desarrollo de sistemas operativos y su competencia en el mercado, pero propuestas como Bada, Firefox OS, Ubuntu Touch o KaiOS recuerdan que siempre hay margen para innovar en nichos específicos, ya sea apostando por el código abierto, por la ligereza o por la convergencia entre dispositivos.

iOS y la revolución de las pantallas multitáctiles

iOS y la revolución móvil frente a sistemas anteriores

Lo que realmente cambió todo fue el lanzamiento del iPhone. Con él llegó iOS, el primer sistema operativo concebido íntegramente para pantallas multitáctiles capacitivas y una experiencia de usuario fluida que se apoyaba en gestos, animaciones suaves y una integración total entre hardware y software. Frente a los stylus y botones físicos que dominaban hasta entonces, iOS apostó por interacciones directas con los dedos, pinch-to-zoom, desplazamientos inerciales y un diseño de interfaz centrado en la simplicidad.

En sus inicios, iOS solo ofrecía aplicaciones nativas de Apple, lo que ya suponía un salto en calidad respecto a buena parte de la competencia, pero la verdadera revolución llegó con la creación de la App Store. El sistema de distribución centralizado permitió que desarrolladores de todo el mundo pudieran publicar, actualizar y monetizar sus aplicaciones de una forma ordenada y segura. Esto dio nacimiento a una auténtica economía de las apps, con modelos de negocio basados en compras únicas, publicidad integrada y suscripciones.

iOS se caracterizó desde el principio por una interfaz cuidada, estable, segura y visualmente atractiva. Apple estableció pautas estrictas de diseño y usabilidad para las apps, lo que contribuyó a mantener un estándar de calidad alto. Con el tiempo, el sistema fue incorporando multitarea, asistentes virtuales como Siri, notificaciones avanzadas, widgets, integración con iCloud y una serie de servicios propios (música, vídeo, almacenamiento, salud) que fortalecieron su ecosistema.

Otro factor decisivo fue la integración con otros dispositivos de la marca, como el iPad, el iPod touch, los Mac y los relojes inteligentes. La continuidad entre dispositivos, la sincronización de datos y la posibilidad de compartir contenidos de forma casi transparente ayudaron a consolidar iOS como piedra angular de un ecosistema cerrado pero muy cohesionado. Aunque su naturaleza cerrada limita ciertas libertades para el usuario avanzado, también contribuye a un mayor control de seguridad y a una experiencia menos fragmentada.

En el plano competitivo, iOS obligó a todos los actores del mercado a replantearse sus estrategias. La combinación de una interfaz moderna, una tienda de aplicaciones robusta y un hardware muy potente marcó un nuevo estándar. Muchos sistemas anteriores no fueron capaces de reaccionar a tiempo, o lo hicieron de forma parcial, lo que allanó el terreno para que iOS se convirtiera en uno de los dos grandes pilares del ecosistema móvil actual.

La llegada de Android y el fin del multipartidismo

Symbian OS y la llegada de Android

Android nació como una idea de crear un sistema operativo abierto, basado en Linux y disponible gratuitamente para fabricantes. Google adquirió Android en 2005 cuando todavía era un proyecto relativamente desconocido, pero con un enorme potencial para impulsar la estrategia móvil de la compañía. En 2008 se lanzó el primer smartphone comercial con Android, el HTC Dream, que demostró que la plataforma podía competir en usabilidad y funcionalidades con los sistemas ya establecidos.

A diferencia de otras alternativas, Android permitía a los fabricantes personalizar las interfaces, añadir sus propias capas de software y servicios e incluso modificar aspectos profundos del sistema, siempre dentro del marco que ofrecía el Android Open Source Project (AOSP). Además, el hecho de no tener que pagar licencias por el uso del sistema supuso un fuerte incentivo económico.

La llegada de la tienda de aplicaciones de Google, que más tarde pasaría a llamarse Google Play Store, permitió que Android entrara de lleno en la carrera de las apps. Pronto comenzaron a aparecer miles de aplicaciones compatibles, desde juegos hasta herramientas de productividad, redes sociales, apps de banca o servicios de streaming. Esto, combinado con la gran variedad de dispositivos Android en todas las gamas de precio, convirtió al sistema en la opción natural para millones de usuarios.

Android superó a Symbian en cuota de mercado en torno a 2012 y se consolidó como el sistema dominante, con cuotas de mercado que en numerosos periodos han rondado entre el 70% y el 80% del total de smartphones activos a nivel mundial. Su evolución ha estado marcada por mejoras constantes en rendimiento, seguridad, privacidad y experiencia de usuario, y por la colaboración (a veces tensa, a veces muy estrecha) con fabricantes que han desarrollado sus propias capas de personalización.

Empresas como Samsung con One UI, Xiaomi con MIUI, Huawei con EMUI, OPPO con ColorOS y muchas otras han utilizado Android como base para construir experiencias diferenciadas, añadiendo funciones exclusivas, herramientas de personalización y servicios propios. En paralelo, algunos fabricantes han apostado por versiones de Android casi “stock”, con pocas modificaciones, para ofrecer una experiencia más cercana a la visión original de Google.

Actualmente, la única competencia real que tiene Android es iOS, con la mayoría del resto de sistemas desaparecidos, convertidos en nicho o reconvertidos a otros sectores (como televisores o relojes inteligentes). La dualidad entre iOS y Android define hoy el mundo móvil, generando un panorama en el que la innovación se centra en servicios, inteligencia artificial, integración con otros dispositivos y modelos de negocio alrededor de las apps y los datos.

Para aquellos que quieran conocer más sobre salud y tecnología, siempre es interesante explorar cómo la evolución de estos sistemas operativos ha impactado en nuestras vidas, desde el seguimiento de la actividad física hasta el control de la domótica del hogar, la fotografía móvil o los pagos sin contacto.

Aunque parezca que iOS y Android han acaparado todo el protagonismo, mirar hacia el pasado permite comprender cómo muchas funcionalidades actuales evolucionaron desde ideas muy anteriores. Symbian, Palm OS, Windows Mobile o BlackBerry OS marcaron el camino y, a su manera, sentaron bases de lo que hoy consideramos indispensable en un smartphone: notificaciones, multitarea, correo push, tiendas de aplicaciones y ecosistemas de servicios conectados. Los sistemas que llegaron después, como Maemo, MeeGo, Bada, Firefox OS, Ubuntu Touch o Tizen, demostraron que existe un amplio abanico de enfoques posibles, aunque muchos no llegaran a consolidarse.

Si bien la mayoría de estos sistemas desaparecieron por falta de adaptabilidad, por errores estratégicos o por no poder competir con el músculo de las grandes plataformas, su legado sigue presente en nuestros móviles de hoy. Cada gesto, cada notificación y cada app que usamos se apoya en una historia de ensayo y error en la que estos sistemas operativos móviles anteriores a Android tuvieron un papel protagonista.

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