La batalla por dominar la inteligencia artificial a nivel mundial no se libra solo en los laboratorios de diseño de algoritmos, sino también en las fábricas de semiconductores y en los centros de datos. Huawei ha dado un paso más en su estrategia para convertirse en un actor clave en este campo, presentando sus últimos procesadores y una arquitectura de infraestructura que busca competir directamente con la estadounidense Nvidia. La compañía china no se conforma con fabricar chips, sino que pretende construir todo un ecosistema que pueda sostener el crecimiento futuro de la IA, marcado por la explosión de agentes autónomos y un consumo masivo de datos.
Durante la conferencia Huawei Connect 2026, celebrada en Shanghái, la tecnológica ha desvelado parte de su hoja de ruta, que incluye la llegada de los nuevos procesadores Ascend 960 para 2027 y que se extiende hasta 2029 con las próximas generaciones. Estos lanzamientos buscan cerrar la brecha con las soluciones más avanzadas del mercado, aunque Huawei reconoce que no se trata de igualar el rendimiento individual de los chips rivales, sino de compensar esa diferencia con una arquitectura de sistemas mucho más eficiente. La estrategia pasa por agrupar miles de procesadores trabajando en conjunto como si fueran una sola máquina.
La nueva generación de procesadores para retar a Nvidia
Según ha confirmado David Wang, presidente rotatorio de la compañía, el plan es lanzar el chip Ascend 960DT durante el primer trimestre de 2027, mientras que el Ascend 960PR llegará algo más tarde, en el tercer trimestre. Estos procesadores serán los herederos de la familia Ascend 950, que ya se está utilizando en algunos de los centros de datos más punteros de China. La hoja de ruta no se detiene aquí, ya que la compañía prevé introducir los Ascend 970 y 980 en 2028 y 2029, respectivamente, con mejoras notables en potencia de cálculo para mantenerse en la carrera.
La presión competitiva es enorme. Nvidia sigue siendo el referente mundial en aceleradores de IA y sus chips son la primera opción para entrenar los modelos más avanzados. Sin embargo, las restricciones impuestas por Estados Unidos han complicado el acceso de las empresas chinas a estos procesadores, lo que ha obligado a buscar alternativas domésticas y a acelerar el desarrollo propio. Es aquí donde Huawei quiere marcar la diferencia, no solo con nuevos chips, sino con una capacidad para interconectarlos y hacerlos trabajar de forma conjunta de una manera más eficiente que la competencia.
La firma con sede en Shenzhen asegura que cada nueva generación de chips Ascend duplicará la potencia de cálculo de su predecesor. Esto les permitiría ir acortando distancias paulatinamente, aunque todavía existe un desfase considerable respecto a las propuestas más potentes de Nvidia, especialmente en cargas de trabajo de entrenamiento intensivo. Pese a ello, las autoridades chinas y las propias empresas del país ven en Huawei una apuesta sólida y de confianza para reducir la dependencia tecnológica del exterior.
Superclústeres y tecnología UnifiedBus
La estrategia de Huawei no se limita a la creación de semiconductores. Una de las claves de su propuesta es la tecnología de interconexión UnifiedBus, que permite que miles de chips se comuniquen entre sí a gran velocidad y colaboren como si fueran uno solo. La compañía ha desarrollado hasta once procesadores basados en esta tecnología y asegura que sus sistemas más grandes, denominados “superclústeres”, pueden llegar a soportar hasta un millón de procesadores de IA funcionando de manera coordinada.
Para hacer realidad estos enormes conjuntos, Huawei ha presentado también su nueva infraestructura Atlas 960 SuperPoD, sucesora del modelo Atlas 950 que se había lanzado solo unos meses antes. La combinación de UnifiedBus con los sistemas ópticos Hi-ONE permite conectar hasta 4.000 procesadores en un único SuperPoD, lo que multiplica por 2,3 la capacidad para entrenar modelos de IA de hasta 10 millones de parámetros y por 2,5 la inferencia en comparación con su predecesor. Estas cifras buscan demostrar que la solución de Huawei puede competir en prestaciones con opciones occidentales.
Esta arquitectura de supernodos, como la denomina la compañía, no solo busca rendimiento. La construcción de centros de datos a escala ultragrande es una tendencia imparable y Huawei quiere posicionarse como uno de los proveedores de referencia. La ventaja de este enfoque es que la escalabilidad se consigue combinando un gran número de chips menos potentes, pero bien conectados, en lugar de depender de un único procesador de altísimas prestaciones. Una estrategia que recuerda a la que llevó a otros fabricantes a triunfar en el pasado.
Una apuesta con dimensión geopolítica y comercial
La ofensiva de Huawei no es solo una cuestión tecnológica, sino también estratégica y política. Las restricciones estadounidenses han acelerado la necesidad de China de ser autosuficiente en semiconductores, y Huawei se ha convertido en el punta de lanza de ese esfuerzo. Guo Ping, presidente del consejo de supervisión, fue tajante al afirmar que el objetivo de sus negocios de tecnologías de la información es convertirse en una alternativa capaz de competir directamente con Nvidia. Una declaración de intenciones que ya resuena en los principales foros tecnológicos del gigante asiático.
La respuesta de Huawei a las limitaciones impuestas por las sanciones ha sido la innovación arquitectónica. En lugar de obsesionarse con superar el rendimiento individual de cada chip, la empresa busca diferenciarse mediante un diseño de sistemas a gran escala, con encapsulado avanzado y cooptimización de software y hardware. Han desarrollado incluso técnicas como LogicFolding para mejorar el rendimiento sin necesidad de procesos de fabricación más avanzados, algo que los analistas consideran un movimiento inteligente y pragmático dadas las circunstancias.
A pesar de las dificultades, Huawei ya ha encontrado respaldo entre grandes clientes. La popular firma de IA DeepSeek planea instalar al menos 160.000 de sus chips Ascend 950DT en un centro de datos que está construyendo en el norte de China. Estas cifras demuestran que la industria china confía en las soluciones de Huawei, aunque los laboratorios más punteros todavía dependan de chips de Nvidia para ciertas fases de entrenamiento. La compañía también está explorando nuevos mercados internacionales, con especial interés en Malasia o Egipto, donde pretende exportar su pila tecnológica completa.
El futuro de la IA: agentes autónomos y una demanda disparada
El anuncio de nuevos procesadores y sistemas no es un hecho aislado. Huawei lo acompaña con una visión de futuro de lo más ambiciosa, recogida en su informe “Intelligent World 2035: Turning Vision into Action”. Según sus propias proyecciones, para el año 2035 habrá alrededor de 900.000 millones de agentes de IA activos en todo el mundo, una cifra casi cien veces superior a la población humana estimada. Estos agentes autónomos serán capaces de percibir su entorno, razonar, planificar y ejecutar tareas complejas, lo que los convertirá en los dominadores absolutos del tráfico digital.
Huawei calcula que estos agentes llegarán a generar más del 90% del tráfico global de tokens, las unidades fundamentales de procesamiento de los modelos de IA. Además, estima que el consumo anual de tokens se multiplicará por 100.000 en la próxima década, una cifra que no hace sino reforzar la necesidad de una infraestructura de computación, almacenamiento y redes mucho más potente que la actual. Esta transformación supondrá un cambio estructural en la industria, donde los chips para IA serán tan esenciales como el petróleo en décadas pasadas.
La compañía también avanza una serie de prioridades tecnológicas para hacer frente a estos desafíos, como sistemas operativos específicos para agentes, almacenamiento más rápido o mecanismos de seguridad y privacidad adaptados a la nueva realidad. En este contexto, no es de extrañar que la firma dedique una parte sustancial de sus esfuerzos a crear una infraestructura que pueda sostener semejante demanda. Huawei quiere ser el cimiento sobre el que se construya el futuro de la inteligencia artificial, y sus anuncios dejan claro que no piensa quedarse de brazos cruzados.
Los desafíos que siguen pendientes
Pese a la contundencia de su mensaje, Huawei todavía tiene que superar importantes escollos. La escasez de memorias HBM de alto ancho de banda, también sujetas a restricciones, se ha convertido en un cuello de botella que ha elevado el coste de sus chips más avanzados. Según Reuters, el precio de algunas tarjetas Ascend ha llegado a superar los 250.000 yuanes, lo que limita la adopción masiva en algunos mercados y encarece enormemente los grandes despliegues.
La producción interna tampoco da abasto para satisfacer la enorme demanda. Actualmente, Huawei reconoce que no tiene suficiente capacidad para atender todos los pedidos de equipos de computación de IA en China, un problema que también frena su expansión internacional. Aun así, la compañía defiende que su apuesta a nivel de sistema, combinando chips, interconexión y software, le permite compensar sus limitaciones en fabricación individual. Los analistas internacionales contemplan con interés estos avances, aunque se muestran prudentes a la hora de vaticinar un vuelco inminente en el dominio de Nvidia.
Las dudas también surgen en el plano estratégico. Mientras Huawei se centra en ofrecer la infraestructura para que otros desarrollen modelos de IA, sigue dependiendo en gran medida del software y los ecosistemas creados alrededor de Nvidia. Las empresas chinas más punteras, como DeepSeek, aún recurren a chips estadounidenses para sus fases de entrenamiento más exigentes. No obstante, el respaldo de Pekín a la autosuficiencia tecnológica es total, y los continuos anuncios de Huawei refuerzan su posición como el bastión tecnológico chino en la guerra fría por la supremacía digital.

