Cuando las Google Glass se lanzaron solo se podían comprar en tres tiendas, las tres tiendas dedicadas exclusivamente a las gafas inteligentes de Google, y que estaban situadas en tres ciudades americanas de gran nivel: Nueva York, San Francisco y Los Ángeles. Pues bien, estas tres tiendas han cerrado. ¿Es el fin de las Google Glass?
Algo ocurre con las Google Glass. No sabemos si la consecuencia final de todo esto será la cancelación oficial de las Google Glass, algo de lo que ya hemos hablado esta semana, o si en realidad será todo lo contrario, el lanzamiento de una nueva versión para el público. Pero desde luego, está claro que Google ha decidido qué va a ocurrir con las Google Glass, y pronto se sabrá. Mientras tanto, se han cerrado las Glass Store de Estados Unidos. En estas tiendas fue posible adquirir las Google Glass si contábamos con una de las invitaciones para el programa Glass Explorer. Era necesario viajar a Estados Unidos, ir a una de estas tiendas, y pagar los 1.500 dólares por las Google Glass. Además, a estas tiendas también se podía acudir para sesiones con otros usuarios de Google Glass, y se podían conocer los nuevos accesorios para las gafas inteligentes que se iban a lanzar.
Del programa Explorer a la tienda online: contexto y aprendizaje

La transición desde puntos físicos a la venta online fue lógica: el flujo de visitantes era limitado, las compras requerían viaje e invitación, y la comunidad pedía disponibilidad directa. Aun así, aquellas Glass Store dejaron lecciones valiosas: sesiones con usuarios reales, demostraciones guiadas y feedback sobre accesorios. Ese conocimiento ha servido para perfilar qué debe cambiar en una eventual nueva generación: más discreción, mayor autonomía y una experiencia menos intrusiva.
IA y realidad extendida: cómo cambiaría la experiencia

El gran salto llega al integrar un asistente multimodal como Gemini con visión en primera persona. La IA puede interpretar lo que ves y responder en contexto: identificar un cuadro y su autor sin más indicaciones o guiarte para usar una cafetera concreta paso a paso. Esto reduce fricción frente a los asistentes que dependen solo de voz o texto.
Para la privacidad, los prototipos contemplan un botón táctil en la patilla para activar o pausar el asistente y un LED que indica cámara activa. Así, el control está en el usuario y las personas alrededor tienen una señal clara. La información se proyecta en el cristal mediante un microdisplay; en prototipos tempranos, la legibilidad del texto aún requiere pulido, algo esperable en fases de prueba.
Este enfoque se apoya en una plataforma específica: Android XR. El objetivo es que funcione en gafas de distintos formatos, con un diseño discreto y llevable a diario, más cercano a unas gafas convencionales que a un gadget ostentoso.
Plataforma, alianzas y fabricación: las piezas del posible regreso

Google impulsa Android XR junto a Samsung y Qualcomm para la capa de hardware y rendimiento. En diseño y distribución, alianzas con Warby Parker y Gentle Monster persiguen integrar tecnología y moda, evitando errores logísticos del pasado. Incluso a nivel ejecutivo se han reconocido fallos históricos: la complejidad de las cadenas de suministro y la dificultad de fabricar a coste razonable no se comprendieron del todo en la primera ola.
En el frente industrial, suenan escenarios de fabricación externalizada con candidatos como Quanta o incluso HTC, un socio con larga relación con el ecosistema Android. También se baraja diversificar la cadena de producción hacia ubicaciones con menor riesgo geopolítico, una tendencia que ya sigue la industria para equilibrar proveedores y regiones.
El diseño apunta a gafas que quieras llevar: monturas bonitas, perfiles delgados y controles sutiles, una línea que el mercado ha validado con propuestas discretas tipo gafas de sol conectadas. El éxito dependerá de integrar IA, cámara, micrófonos y altavoces sin sacrificar comodidad.
Qué podrán hacer y qué no (todavía)

Los casos de uso más prometedores incluyen traducción en tiempo real, asistencia contextual para tareas, navegación paso a paso y captura manos libres. La IA permitirá consultas sobre lo que tienes delante sin sacar el móvil, algo natural en paseos, museos o compras.
Aun así, incluso Google admite que las gafas no sustituirán al smartphone a corto plazo. Lo sensato es una convivencia: usar las gafas para voz, audio, consulta rápida y notificaciones, y reservar el móvil o un plegable para tareas complejas. Aquí el precio y el ecosistema serán clave: estrategia de alianzas, catálogo de apps y comodidad marcarán la adopción.
En paralelo, el desarrollo de visores XR de mayor potencia sigue su curso, con proyectos compartidos con fabricantes de primer nivel. Es una apuesta dual: gafa ligera para el día a día y casco para experiencias inmersivas. Si la plataforma madura y la oferta de desarrolladores crece, la segunda oportunidad de Glass tendrá sentido.
Tras el cierre de tiendas físicas y las dudas sobre su continuidad, el rumbo apunta a un renacimiento apoyado en IA, diseño usable y socios estratégicos. Si Google combina comodidad, privacidad y utilidad real, unas nuevas Google Glass pueden volver a sorprender y, esta vez, quedarse.

