Project Ara: por qué se retrasó, cómo cambió y qué queda de su visión modular

  • El retraso se debió a los imanes electropermanentes, insuficientes en pruebas de caída; el equipo exploró un nuevo mecanismo.
  • El diseño evolucionó hacia un endoesqueleto con componentes críticos integrados y bahías para módulos funcionales.
  • El ecosistema propuesto preveía certificación y marketplace de módulos, con debate sobre apertura y control.
  • Alternativas reales (Moto Mods, LG G5, Fairphone) mostraron el potencial y los límites de la modularidad en consumo.

Retraso de Project Ara de Google

En Android Ayuda ya hemos indicado que el esperado Project Ara se ha retrasado, lo que es una decepción ya que se esperaba que en esta etapa fuera una realidad y que algunos usuarios comenzaran a probar dispositivos para conocer si el trabajo era efectivo por el momento. Pero no ha sido así y, ahora, se ha conocido la razón que ha llevado a la compañía de Mountain View a dar el paso antes indicado.

Lo cierto es que el desarrollo y lanzamiento de teléfonos modulares es algo que tiene gran atractivo, ya que puede cambiar en cierta forma cómo se estructura el mercado de los terminales móviles ya que el tiempo de vida de los dispositivos móviles sería mucho mayor. Personalmente, Project Ara es uno de los trabajos que más me llama la atención, debido a las opciones de personalización que permitirá por parte de los propios usuarios (y me sorprendió en su momento que Lenovo no consiguiera llevarse este desarrollo cuando compró Motorola).

Project Ara

Mensaje en Twitter

El caso es que desde la propia cuenta de Project Ara en Twitter se ha indicado cuál es la razón que ha llevado a que se retrase la llegada al mercado de las primeras unidades. A continuación dejamos el mensaje que se publicó, ya que es llamativo por su franqueza:

Pues sí, los elementos electromagnéticos permanentes que sirven de unión entre los diferentes componentes de un dispositivo son los culpables, ya que en las pruebas de resistencia a las caídas han demostrado que estos no ofrecen el aguante necesario para poder ser de la partida en productos del mercado. Esto, evidentemente, hace que se tengan que buscar otras soluciones para Project Ara. En paralelo, el equipo llegó a matizar en redes que se trabajaba en un mecanismo más robusto de fijación, restando hierro al mensaje original y dejando entrever que el sistema de sujeción estaba en plena revisión.

Project Ara teléfono modular

El futuro

Pues esta es una cuestión realmente importante. Los elementos que no han soportado bien los impactos en las caídas eran una parte esencial de Project Ara, ya que con ellos se había conseguido por un lado que los elementos que componen un dispositivo se comunicasen de forma adecuada y rápida y, a la vez, proporcionaban una gran sencillez a la hora de quitar y poner un componente. El caso es que se debe buscar otra solución y, por el momento, se desconoce cuál será… pero veremos si esto no afecta a cómo se entendía el trabajo de Google.

Más allá del anclaje, una de las promesas más potentes del proyecto era el intercambio en caliente de módulos (hot-swap). Incluso se llegó a plantear una interacción por voz para expulsar un módulo, del tipo ‘Ok, Google, expulsa el altavoz’. La experiencia debía ser inmediata y segura, algo que exige un sistema de cierre fiable que no comprometa ni la integridad física del teléfono ni la del usuario.

Con el tiempo, el propio diseño evolucionó hacia un endoesqueleto más integrado: la base pasó a alojar componentes críticos (antenas, sensores, batería principal, CPU o pantalla) y a reservar bahías para módulos funcionales como cámara, batería adicional, audio o una segunda pantalla de tinta electrónica. Esta transición buscaba equilibrar la flexibilidad con la estabilidad estructural, aunque también generó críticas por reducir el grado de modularidad original.

En lo comercial, Google planteó un ecosistema con certificación de módulos de terceros y un posible ‘marketplace’ de hardware, con el objetivo de asegurar compatibilidad y seguridad. Esa capa de control ayudaría a evitar problemas de calidad, aunque también suscitó debate sobre cuán abierto sería el sistema.

Project Ara

No queda otra que esperar a que se tengan nuevas noticias por parte de la compañía de Mountain View para conocer cuál es el camino emprendido, pero lo cierto es que esto no hace más que sembrar dudas sobre Project Ara. No sobre su posible llegada, que todo apunta a que será una realidad antes o después, pero sí respecto a si finalmente será como nos lo habíamos imaginado hasta ahora. ¿Qué opináis?

Contexto, alternativas modulares y situación del proyecto

En sus primeras demostraciones públicas llegó a verse un fallo de arranque en directo, y más tarde los prototipos evidenciaron que podían desensamblarse al caer. Ese historial explica por qué el equipo priorizó rediseñar el sistema de sujeción. También hubo cambios de ubicación del piloto, que inicialmente se barajó fuera del continente y terminó orientándose a distintas plazas en Estados Unidos.

Con el paso de los meses, medios de referencia informaron que Google optó por congelar internamente el proyecto para centrar recursos en su propia línea de hardware (como portátiles, tabletas y móviles de marca), aunque se deslizó la posibilidad de que Ara pudiera licenciarse a terceros. Sea como fuere, la idea de fondo —un teléfono modular de consumo— seguía viva en el sector.

De hecho, hubo acercamientos al concepto: Motorola lanzó sus Moto Mods para la familia Moto Z, con fijación magnética y comunicación por pines Pogo (baterías, altavoces, cámaras o incluso un proyector). También LG probó suerte con sus ‘Friends’ para el LG G5, aunque sin intercambio en caliente. Ninguna de estas apuestas logró masificarse por precio, disponibilidad y por las limitaciones del teléfono base.

En paralelo, iniciativas como Fairphone o Puzzlephone han explorado modularidad orientada a reparabilidad y longevidad, con piezas fáciles de sustituir y una arquitectura menos granular que Ara, pero muy práctica para el usuario medio. Este enfoque cuadra con tendencias actuales: más años de actualizaciones de Android y normativas europeas que exigen baterías reemplazables, un caldo de cultivo favorable a que los teléfonos duren más.

Hoy, con tecnologías maduras en conectividad, materiales y ensamblaje —y con los plegables como escaparate de lo que la industria es capaz de hacer—, la modularidad vuelve a asomar como una vía para aportar novedad y sostenibilidad. Si Google retomara Ara, o si un tercero lo licenciara, tendría a su favor un mercado más receptivo, costes de componentes más bajos y un relato claro: permitir que cada persona construya y actualice su móvil a su medida sin tirar el conjunto.

Teléfono modular Ara

Queda por resolver el triángulo de hierro de cualquier producto de consumo: experiencia, precio y logística de producción a escala. La historia de Project Ara enseña que la ingeniería puede con casi todo, pero también que la ejecución y el tiempo de llegada al mercado son determinantes. Si la modularidad llega a cuajar, no será por espectáculo, sino por ofrecer beneficios palpables en durabilidad, personalización y coste total de propiedad.


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