No ha sido Google, ni Apple, ni Twitter, finalmente ha sido Facebook la compañía que ha comprado WhatsApp. Y lo ha hecho por la cantidad de 19.000 millones de dólares. Pero no nos importa eso, lo que de verdad nos importa es qué va a pasar ahora con WhatsApp? Te explicamos todo lo que va a ocurrir.
Cómo afecta a los usuarios
Según el que ha sido hasta ahora CEO de la compañía, Jan Koum, no va a afectar de ninguna manera a los usuarios. En teoría, WhatsApp va a seguir siendo independiente, y no va a ser controlada por Facebook. Afirman que la venta de la compañía a la red social de Palo Alto les permite continuar haciendo su trabajo al mejor nivel, y seguir ofreciendo a los usuarios una plataforma para conectar con millones de personas de todo el mundo, tal y como han hecho hasta ahora. Sin embargo, habrá que ver si al final no acaban cambiando muchas cosas en este sentido. Todo lo podemos resumir en la frase de Jan Koum: "Esto es lo que cambiará para ti y para los usuarios: Nada".
Y queremos hacer especial hincapié en el aspecto de la publicidad, pues lo más probable es que, al menos en el futuro a corto y medio plazo, no veamos publicidad en la aplicación. Durante muchos años, los fundadores de WhatsApp han afirmado que tenían una verdad única, y es que nunca iban a incluir publicidad. Con ello por bandera, sería imposible que ahora se dijera que no habrá cambios, y que dentro de unos meses introdujeran publicidad. Podemos esperar que eso no cambie.
Desde la óptica del usuario, los pilares que se han mantenido en WhatsApp durante todo este tiempo siguen presentes: enfoque en la mensajería, simplicidad de uso y privacidad reforzada con tecnologías como el cifrado de extremo a extremo. Esto último es clave: la introducción del cifrado completo en chats y llamadas reforzó el compromiso de la plataforma con la confidencialidad de las conversaciones, y ha seguido siendo una seña de identidad de la app incluso bajo el paraguas de Facebook.
También conviene remarcar que, pese a innumerables rumores, WhatsApp no se ha fusionado con Facebook Messenger ni se ha convertido en una función de la red social. La aplicación se mantiene separada, con su icono, sus equipos y su hoja de ruta propia, algo que contribuye a preservar la experiencia que millones de personas esperan al abrir la app.
¿Pasará a ser completamente gratuita?
Lo que no queda tan claro es qué ocurrirá con el futuro económico de los usuarios. Y es que, la consecuencia más probable de la compra de WhatsApp por parte de Facebook es que no haya que pagar por utilizar la aplicación. El mantenimiento de la red social a nivel técnico es mucho más caro que el de WhatsApp, y es improbable que la compañía de Palo Alto planee rentabilizar la compra de WhatsApp cobrando a sus usuarios. Es fácil que no tengamos que volver a pagar nunca más por el servicio de mensajería. Al fin y al cabo, eso tampoco molestaría a nadie. No introducen publicidad, y no cobran.
Con el paso del tiempo se han explorado vías de monetización que no penalizan al usuario particular. La más relevante es WhatsApp Business, un conjunto de herramientas que permiten a empresas y comercios atender clientes, enviar notificaciones y construir atención posventa sobre la propia app. En ese entorno corporativo, la plataforma cobra por volumen de conversaciones y funcionalidades avanzadas a partir de ciertos umbrales, sin tocar la experiencia gratuita del usuario final.
Además, se han barajado opciones de monetización muy acotadas que no irrumpen en los chats personales: por ejemplo, fórmulas de anuncios en secciones no intrusivas como los Estados o los Canales, o modelos de suscripción opcional para canales que desean ofrecer contenido premium. La idea central permanece: ninguna publicidad en medio de tus conversaciones, y ninguna barrera de pago para chatear.

Entonces, ¿qué es lo que va a cambiar?
Ahora bien, tampoco podemos pensar que Facebook desembolsa unos 16.000 millones de dólares para que todo siga igual que siempre. Lo más probable es que veamos cambios, sobre todo en el ecosistema de Facebook. Por ejemplo, el futuro de Facebook Messenger es incierto. La aplicación de mensajería ha avanzado mucho, e incluso había conseguido un núcleo de usuarios bastante amplio en Estados Unidos. La compra de WhatsApp es muy positiva para los de Palo Alto. Lo más probable es que veamos a Facebook Messenger desaparecer, y que sus restos se integren dentro de WhatsApp.
El propio Mark Zuckerberg ha dicho que "WhatsApp está en camino a conseguir 1.000 millones de personas". O sea, que lo más probable es que ya no podamos hablar con personas solo a través de su número de teléfono, sino también a través de su perfil en la red social. Eso va a cambiar algunas cosas de cara al futuro de las conexiones sociales. Sin querer, todos nuestros contactos de Facebook podrán ser contactos de WhatsApp. Es fácil que ese vaya a ser uno de los cambios.
Lo que se ha confirmado con el tiempo es una integración progresiva y selectiva: no hubo una fusión total con Messenger, pero sí sinergias puntuales y una visión común de mensajería privada. Por ejemplo, el ecosistema de Meta ha trabajado en interoperabilidad para que servicios distintos puedan comunicarse entre sí en determinadas condiciones, ampliando el alcance de las conversaciones sin obligar a migrar de plataforma.
También es razonable que WhatsApp aproveche capacidades transversales de su matriz: infraestructura a escala global, detección de abusos y spam más sofisticada, y herramientas de negocio mejor conectadas con otros productos. Todo ello suma a la estabilidad y a la expansión de funciones, manteniendo el corazón de la experiencia: chats simples, fiables y privados.

Un WhatsApp más avanzado
Lejos de que esto vaya a ser negativo para WhatsApp, lo más probable es que ahora veamos a una aplicación mucho más avanzada. Por ejemplo, a nivel de diseño, Facebook Messenger había dado algunos pasos de gigante en comparación con WhatsApp. Lo que podemos esperar es que a partir de ahora las actualizaciones sean mucho más importante, con más novedades, y con más cambios. Un WhatsApp con vídeo no sería nada raro, un completo rediseño para Android también es algo lógico, y las inclusiones de algunas características nuevas es algo que seguramente veremos. ¿Qué irá primero? Eso solo el tiempo lo dirá, pero lo que está claro es que a los ingenieros y diseñadores de Facebook al servicio de WhatsApp va a tener consecuencias muy positivas para dicha aplicación. Y más si se han propuesto de verdad continuar con las bases de la app.
El tiempo ha dado forma a esa expectativa: WhatsApp incorporó llamadas y videollamadas, clientes de escritorio y web, multidispositivo sin depender del teléfono, Estados para publicaciones efímeras y, más recientemente, Canales y Comunidades que organizan conversaciones y difusión de contenidos a gran escala. En paralelo, el diseño ha evolucionado, la app se ha optimizado y se han introducido mejoras como reacciones, encuestas y filtros más útiles para gestionar chats.
Todos estos cambios han llegado sin renunciar al eje central de WhatsApp: ser una herramienta de comunicación directa. La línea que separa la mensajería privada del ruido de otras redes sociales se ha preservado, y la plataforma continúa evitando funciones que puedan diluir la sencillez o comprometer la confidencialidad.

La estructura de WhatsApp no varía demasiado
Soy Facebook, compro una aplicación por 16.000 millones de dólares, y decido lo que hago con ella. Eso es lo que cualquier podría creer, pero no es lo que parece que va a suceder. WhatsApp va a conservar la misma estructura ejecutiva. De hecho, Jan Koum, el cofundador y hasta ahora CEO de WhatsApp, va a pasar a ser uno de los directivos de Facebook. Pero no es lo único, porque Facebook no ha depositado los 16.000 millones de dólares en la cuenta corriente de la compañía de la conocida app de mensajería. Tan solo han desembolsado 4.000 millones de dólares en líquido. Los otros 12.000 millones de dólares forman parte de un pago en forma de acciones de Facebook, que por cierto, son un seguro de vida. Y si habéis visto por ahí que la cifra de venta es de 19.000 millones de dólares, y no de 16.000 millones, es porque hay 3.000 millones de dólares que Facebook pagará en forma de acciones restringidas, que irá concediendo a los fundadores y a los empleados de la que ha sido hasta ahora la plantilla de WhatsApp en los próximos cuatro años. En total, hablamos de una plantilla de unos 30 trabajados, que van a tener su parte de Facebook.
Lo más lógico es que lo de Palo Alto tampoco quieran perder el talento de los ingenieros de WhatsApp, que han sido capaces de crear una aplicación que, según algunas estimaciones, habría superado en volumen a los propios SMS. Por tanto, estos seguirán formando parte de WhatsApp, o de Facebook, y la esencia de la aplicación seguirá siendo la misma.
Con el transcurso del tiempo, los fundadores y ciertos directivos han abandonado la compañía por diferencias estratégicas, sobre todo en torno a la monetización y la gestión de datos. Este relevo no alteró el núcleo de la app, aunque sí marcó debates internos relevantes: dónde trazar la línea entre privacidad y negocio, cómo introducir funciones de valor sin abrir la puerta a la saturación, y cómo escalar un servicio global sin comprometer su promesa original.
¿Podría cambiar WhatsApp radicalmente?
Estrictamente hablando, sí. Por mucho que digamos ahora, y por mucho que prometa la propia WhatsApp, lo cierto es que tampoco podríamos extrañarnos si dentro de un año WhatsApp incluye publicidad, o si dentro de dos años, pasa a llamarse Facebook Messenger. No conocemos las condiciones del contrato, pero podemos intuir que tampoco habrán podido firmar el seguir teniendo el control total de la aplicación. Facebook tiene planes para WhatsApp, y lo único que se puede esperar, es que no quieran cambiar radicalmente la aplicación.
Ese temor ha estado siempre sobre la mesa, pero la evolución real ha sido más conservadora. WhatsApp ha explorado formatos publicitarios muy delimitados en espacios como Estados o Canales y mantiene la experiencia de chat sin anuncios. También ha introducido herramientas de pago en entornos empresariales y opciones de suscripción vinculadas a la difusión de contenido en canales, dejando a salvo los chats personales.
Puede haber ajustes de estrategia (por ejemplo, más valor para perfiles profesionales, mejoras en descubrimiento de canales o la integración con comercios), pero el diseño actual del producto demuestra que la prioridad es preservar la confianza del usuario general. Un cambio brusco que socave esa confianza sería un riesgo mayor que su potencial beneficio.
¿Beneficia o perjudica a WhatsApp?
Ya hemos comenzado a ver multitud de artículos que nos hablan sobre alternativas a WhatsApp. Pero lo más probable es que la medida de compra de WhatsApp por parte de Facebook no solo no perjudique a la aplicación, sino que la beneficie, que beneficie incluso a las dos. Esamos hablando de las dos plataformas sociales de mayor nivel del mundo entero, de todo el planeta. En estas últimas épocas estaban en un ligero debacle reputacional. ¿Qué significa esto? Pues que perdían fama, algo lógico cuando se convierten en estándarse. Pero por otro lado, no solo seguían más o menos estables en base de usuarios, sino que seguían creciendo. Yo puedo dejar de utiliar Facebook un par de semanas, pero lo cierto es que al final siempre vuelvo, a ver algo, a pulsar Me Gusta, a publicar una foto, a realizar un comentario. Con WhatsApp puede pasar parecido. Puedes pasarte un mes utilizando una aplicación alternativa de mensajería con un grupo que también ha pasado a utilizar esa app. Genial, pero al final siempre vuelves a WhatsApp, porque unos no lo utilizan, porque la otra aplicación consume mucha batería, porque consume muchos recursos…
La unión de estas dos gigantes busca la estabilidad total. Son dos plataformas que dan sentido a todo Internet tal y como lo conocemos hoy, y el que ahora formen parte de un único núcleo, hace que sean todavía más fuertes.
En términos de negocio, WhatsApp ha alcanzado miles de millones de usuarios activos, lo que la convierte en el estándar de mensajería móvil en numerosos mercados. Su liderazgo no se ha traducido a la misma velocidad en ingresos proporcionales, en parte por su prudencia al monetizar. Aun así, el producto genera centenares de millones al año vía Business, un volumen en crecimiento constante, con un margen aún enorme para explorar líneas como pagos integrados, herramientas de comercio y servicios premium en canales.

La base de usuarios es inmensa
Por último, no podemos olvidarnos de la base de usuarios. Un servicio online atraviesa varias fases. En la primera trata de captar a "early-adopters" más influyentes. Después, trata de hacer que estos atraigan a los usuarios más comunes, los más clásicos: mi padre, mi madre, mis tíos, gente con ordenador, smartphone y quizá tablet, pero que tampoco sabe lo que lleva el último móvil de Samsung. Lo más normal es que los servicios comiencen a decaer en esta fase. Los usuarios más clásicos no utilizan mucho el servicio, y los influenciados se van tan rápido como han llegado. Esto hace pensar a muchos que el éxito de un servicio online depende de los influenciadores, pero nada más lejos de la realidad. La clave está en los usuarios más comunes, los clásicos. Si captas a esos, has triunfado.
Facebook y WhatsApp son un claro ejemplo. En su momento, los primeros en llegar fueron los más tecnológicos, los más aventureros. Con el paso del tiempo, estros atrajeron a usuarios más comunes, que acabaron viendo en estas dos plataformas la capacidad para comunicarse con otros, para estar en contacto. La base de estos creció muchísimo. Y ya no solo hablamos de los usuarios con móvil y ordenador, no solo de padres y madres, sino de abuelos y abuelas, niños que todavía no tenían la edad legal para estar en Facebook, personas que nunca habían mostrado el menor interés en el mundo tecnológico, ahora todos esos se comunican por WhatsApp, publican comentarios en Facebook, e incluso comparte las ofertas que se cruzan en la publicidad. A veces, parece que tienen hasta más actividad que los usuarios más tecnológicos. ¿Pero qué ha pasado con estos últimos? Se han ido escapando. En su momento fue a Twitter, la nueva plataforma de comunicación. Y sí, al final ha crecido mucho, al estilo de Facebook, pero están conviviendo las dos. Ha llegado Google+, y antes Google Wave, siempre con mucha emoción, con mucho entusiamo. Y ahí está ahora, parada, salvada porque hay que pasar por el aro para el SEO. En lo que respecta a las comunicaciones y mensajería instantánea, las hemos visto de todos los colores. Line, la propia Facebook Messenger, Spotbros, Hangouts, BlackBerry Messenger, Viber, todas y cada una de ellas tenían más funciones que WhatsApp, eran más avanzadas, más rápidas, más seguras, más bonitas, permitían llamar, tenían pegatinas… y todas ellas tenían algo en común, la inmensa mayoría de los usuarios las ha acabado desinstalando de su smartphone, para dejar WhatsApp como única app de mensajería. Los más tecológicos llegaban, algunos clásicos las empezaban a utilizar, pero no había base suficiente, acababan "muriendo" quedando como aplicaciones marginales.
WhatsApp y Facebook tienen una cosa en común. Las utilizan los usuarios más clásicos, los que no dejan de utilizar un sistema porque haya uno nuevo, los que incluso renegaban de estas cuando comenzaron a llegar. Mi abuelo, mi amigo antisistema, mi profesor de filosofía, todos ellos tienen una cuenta en Facebook y te hablan por WhatsApp, y no tienen ni idea de lo que es Line, aunque a nosotros nos suene ya a pasado de moda. Y ahora, además, resulta que Facebook y WhatsApp van en un set 2×1 indivisible. De los más de 1.000 millones de usuarios de Facebook, el 90% no se va a plantear ni cambiar de red social. Lo mismo ocurre con el 90% de usuarios de WhatsApp. Uniéndose, hacen que todavía ser más fuerte el vínculo de estos usuarios con estos servicios online, y más difícil que los abandonen. Por eso, la compra de WhatsApp por parte de Facebook va a beneficiar a las dos. Mañana se hablará de alternativas a Facebook y WhatsApp. Pasado mañana seguiremos hablando de una actualización sin importancia de WhatsApp o Facebook. Y se hará porque este último artículo importará a más personas que el anterior.
Privacidad, seguridad y datos: lo que más preocupa
La privacidad ha sido el gran eje de tensión desde el primer minuto. WhatsApp construyó su reputación sobre no depender de anuncios y sobre minimizar la recopilación de datos. La llegada de Facebook encendió alarmas: ¿se compartirían números de teléfono, metadatos o hábitos de uso con la red social para mejorar su segmentación publicitaria? Organizaciones de defensa de derechos digitales han pedido históricamente garantías sobre los límites de intercambio de información entre servicios.
En respuesta, WhatsApp reforzó el cifrado de extremo a extremo como una capa técnica irrenunciable que impide a terceros (incluida la propia plataforma) leer el contenido de los mensajes y llamadas. Se añadieron controles de seguridad como la verificación en dos pasos, avisos de clave de seguridad cambiada y mejoras en la gestión de copias de seguridad cifradas. Aun con estas medidas, el debate sobre metadatos (quién habla con quién y cuándo) continúa y explica la prudencia a la hora de introducir publicidad directa en el producto principal.
En el entorno regulatorio, distintas autoridades han avanzado marcos que incentivan interoperabilidad y que exigen transparencia sobre cómo se usan los datos. WhatsApp ha adaptado sus políticas y sus prácticas a esos requisitos, manteniendo la experiencia centrada en conversaciones cifradas y evitando la explotación comercial de los chats privados.

Estrategia móvil de Facebook: por qué el interés en WhatsApp
Si hasta hoy había una asignatura que se le resistía a Facebook era el móvil. Sus intentos por volverse más instantáneo no habían tenido éxito y han apostado por el caballo ganador. Facebook ha anunciado la compra de la empresa de mensajería instantánea WhatsApp por 19.000 millones de dólares, unos 13.800 millones de euros.
Compra de Whatsapp
Desde 2012, la red social iba tras la pista de la compañía de mensajería y, tras varios intentos de compra, finalmente se ha hecho efectiva. Facebook adquiere así la totalidad del servicio de WhatsApp y desembolsará 4.000 millones de dólares en efectivo y otros 12.000 millones en acciones. Los otros 3.000 millones se repartirán en acciones especiales (títulos restringidos) para los fundadores y empleados de la compañía durante los próximos cuatro años. Además, Jan Koum, el consejero delegado de WhatssApp, se incorporará al consejo general de Facebook.
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WhatsApp, el rey de la mensajería instantánea
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Pero, ¿por qué ha comprado Facebook a WhatsApp y no a otras apps de mensajería? La respuesta es sencilla si nos fijamos en los números: más de 450 millones de usuarios mensuales, de los cuales el 70% se conectan a diario y 50.000 millones de mensajes diarios, una cifra superior al total de SMS que se envían en todo el mundo.
Estas cifras han convertido a la compañía, formada sólo por 58 trabajadores, en la empresa líder dentro de su sector y avalan su crecimiento. Line, We Chat, Snapchat, junto al nuevo Telegram, son otras de las compañías que han intentado hacer sombra a WhatsApp aunque ninguna ha lograda desbancarla.
Así lo ha afirmado el fundador de Facebook. “WhatsApp está en la senda de conectar a 1.000 millones de personas. Los servicios que ha alcanzado este hito son increíblemente valiosos” ha destacado Mark Zuckerberg.
Estrategia móvil de Facebook
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En las últimas semanas se ha comentado si Facebook estaba perdiendo su éxito y si tenía fecha de caducidad. Uno de los principales argumentos de esta teoría era la pérdida constante de usuarios jóvenes; la red social ha visto cómo la media de edad de los usuarios ascendía y los más jóvenes huían a las aplicaciones móviles de mensajería.
Para luchar contra ello, Mark Zuckerberg creó hace varios años Facebook Messenger su propia aplicación para enviar mensajes directos entre usuarios. Aunque en principio estaba pensada sólo para contactar entre usuarios de la red social, a finales de 2013 y aprovechando la actualización del iOS 7, la app se renovó y ya permite hablar con contactos externos a Facebook como los que tengamos en nuesta agenda telefónica.
Su interés por las aplicaciones móviles no quedó sólo ahí. Recientemente, Facebook ofreció 3.000 millones de dólares a Evan Spiegel, el CEO de Snapchat, otro servicio de mensajería instantánea en auge entre los adolescentes, quien no aceptó la oferta. También en 2012, la red social se hacía con Instagram, la app para compartir fotografías, por 1.000 millones de dólares.
En palabras de Zuckerberg, “la compra respalda la misión conjunta de Facebook y WhatsApp de dar más conectividad y utilidad al mundo. La combinación ayudará a acelerar el crecimiento y el compromiso con los usuarios de las dos compañías», ha afirmado la compañía que lidera Mark Zuckerberg.
Facebook y WhatsApp: ¿cómo será la relación a partir de ahora?
Tras el acuerdo, muchas son las dudas que quedan en el aire: ¿seguirá siendo WhatsApp independiente? ¿Qué ocurrirá con Facebook Messenger? Por el momento no hay muchos datos sobre cómo evolucionará la relación entre Facebook y Whatsapp, aunque todo apunta a que WhatsApp no se fusionará dentro de la red social y será independiente, al igual que lo sigue haciendo Instagram. De esta forma, Facebook Messenger continuará prestando servicio aunque habrá que ver cómo evoluciona.La unión de los dos gigantes promete revolucionar el sector móvil y marcar un punto de inflexión en la historia de las redes sociales. ¿Cómo evolucionará la relación? ¿Irá convirtiéndose Facebook en una red de mensajes básicamente? ¿Cómo afectará a la privacidad de WhatsApp? ¡Déjanos tu opinión!Como podemos comprobar, Whatsapp es un ejemplo de éxito dentro del sector de los negocios móviles. ¿Has desarrollado una app? ¿Quieres que tu negocio sea móvil? Si estás interesado en el mundo de los negocios y tienes un espíritu emprendedor, no te puedes perdes nuestro Master en Dirección de Empresas para Emprendedores. No te lo pienses más, ¡Te esperamos!
Monetización y negocio: ritmo, opciones y límites
Una de las mayores preguntas tras la compra ha sido cómo convertir la abrumadora escala de WhatsApp en ingresos sostenibles sin traicionar su experiencia. Hasta el momento, la plataforma ha priorizado el crecimiento y la utilidad sobre la explotación comercial agresiva. Sus ingresos provienen sobre todo de WhatsApp Business, mediante tarifas asociadas al volumen de conversaciones y a capacidades empresariales, mientras crecen otras vías como Canales con opciones de suscripción y herramientas para creadores.
Comparada con otros servicios de Meta, la monetización de WhatsApp avanza de manera más cauta. Instagram, por ejemplo, adoptó publicidad en el feed y en las historias con celeridad, impulsando un negocio que explotó rápidamente. En cambio, WhatsApp ha evitado anuncios en chats y se ha concentrado en casos de uso de atención al cliente, notificaciones útiles (envíos, reservas, confirmaciones) y, en algunos mercados, pagos y comercio conversacional.
Mirando al futuro, existen rutas razonables para ampliar ingresos sin deteriorar la experiencia: una tienda de stickers gestionada por la plataforma, funciones avanzadas de productividad o seguridad para cuentas profesionales, herramientas de descubrimiento para Canales y opciones transaccionales dentro de chat que faciliten compras, reservas o donaciones de forma nativa.
Las comparaciones con otras compañías muestran que WhatsApp, pese a su liderazgo en usuarios, todavía está muy por debajo de su potencial de facturación. Ese margen, lejos de ser un problema, es una oportunidad: la app puede seguir iterando y ampliando servicios en el perímetro de la mensajería sin asumir riesgos reputacionales por ir demasiado rápido.

El "caballo de Troya" y el papel de los fundadores
Mucho se ha escrito sobre la metáfora del "caballo de Troya" aplicada a las grandes adquisiciones tecnológicas: comprar un producto querido por los usuarios, mantener su identidad en apariencia y reformarlo desde dentro añadiendo funciones y marcos de monetización. En el caso de WhatsApp, esa transformación no ha sido una destrucción, pero sí una revolución progresiva del producto: de un simple mensajero con suscripción simbólica a una plataforma de comunicación con negocios, comunidades y herramientas de difusión.
Los fundadores, profundamente comprometidos con la ausencia de publicidad y una relación sobria con los datos, terminaron por apartarse ante desacuerdos con la hoja de ruta. Sus críticas han alimentado el debate público sobre la dirección de WhatsApp y han servido como recordatorio del pacto fundacional con los usuarios: mantener los chats privados libres de anuncios y de explotación excesiva de información personal.
Este pulso entre privacidad, experiencia de usuario y sostenibilidad financiera es uno de los aprendizajes más interesantes del caso WhatsApp: demuestra que es posible crecer en funciones y negocio sin sacrificar la esencia del producto, aunque obliga a negociar cada paso con extremo cuidado.
Ventajas e inconvenientes de la compra: claves ampliadas
La primera reacción fue una sorpresa mayúscula. 19.000 millones de dólares parecían una exageración para una empresa con apenas 55 empleados y con una capacidad para generar ingresos más que cuestionable. La cantidad que se ha pagado supera en más de un 50% lo que Google pagó por Motorola y supera, por ejemplo, la capitalización de una histórica como Sony. El futuro de esta fraternal ligazón es todavía incierto, pero estas son algunas de las certezas, y alguna hipótesis que abren un abanico de ventajas e inconvenientes.
– ¿Y si WhatsApp desapareciese?: Parece más que improbable que esto suceda, ya que cuando compró Instagram no la integró, sino que la mantuvo independiente. Aunque muchos expertos en seguridad en la red verían en ello una ventaja, pues lo consideran muy vulnerable en aspectos de seguridad.
-Triunfo rotundo de WhatsApp: Los propietarios pasan ahora a controlar en torno al 7% del accionariado de Facebook.
-Facebook compra talento: Puede parecer carísimo, pero la realidad más inmediata es que los desarrolladores de WhatsApp pasan ahora a la nómina de Mark Zuckerberg.
-WhatsApp también mejorará: Es evidente que la app de mensajería instantánea estaba instalada en una cómoda posición, sin innovar excesivamente. Si los desarrolladores de Facebook se involucran en su evolución, WhatsApp puede crecer. Algo importante en un momento en el que aparecen competidores que han mejorado sus prestaciones.
-WhatsApp no tendrá publicidad: La primera pregunta que hicieron sus usuarios y el primer temor que se despejó. No habrá publicidad en la App de mensajería instantánea.
-La privacidad: La gran preocupación. Con la adquisición de Instagram y WhatsApp, Facebook domina (casi) absolutamente las comparticiones desde dispositivos móviles, uno de los principales pros de Zuckerberg en la compra. La gran incógnita es cómo utilizará esa información. De momento ya se ha garantizado que WhatsApp no tendrá publicidad , pero ¿podría venir ésta a través de Facebook?
-Una bolsa de datos y usuarios: Facebook acaba de comprar 450 millones de usuarios. De los que 350 intercambian mensajes diariamente, y un tráfico de 50.000 millones de mensajes cada 24 horas. Es el gran valor de WhatsApp, y ver cómo lo gestiona Facebook es la gran incógnita.
-¿Se extinge Facebook Messenger?: En principio se mantienen como servicios complementarios , pero no sería descartable que suceda en el medio plazo
-No es tanto cash: Realmente, Facebook solo paga en efectivo 2.900 nillones de euros del total de 13.800 millones de euros. El resto es en acciones.
-¿Qué pasa con los accionistas?: El rally bursatil de Facebook desde su salida a Bolsa alcanza el 80%. Se puede decir que, definitivamente, logró seducir a los inversores. Realmente, la operación sólo representa el 5% de la capitalización de Facebook. Aunque el primer día la acción cayó un 6%, por el shock de una operación tan elevada, parece que ya se ha recogido toda la caída. A largo plazo, las expectativas siguen siendo alcistas.
Ventajas e inconvenientes de la compra de WhatsApp por parte de Facebook
Facebook compró WhatsApp en 2014 porque supo ver que cuando su red social se convirtiese en una estatua de sal, WhatsApp dominaría el mundo de la mensajería instantánea. Idéntico movimiento al que hizo dos años antes con Instagram. Buen ojo.
Ocho años después de invertir 22.000 millones de dólares en ella (una cantidad superior a la inicialmente transmitida por la revalorización de las acciones de Facebook), solo ha logrado que WhatsApp facture poco más de un 10% de lo que le costó. Mientras que con Instagram la rentabilidad fue temprana, y el crecimiento de sus ingresos, explosivo, con WhatsApp todo está avanzando a un ritmo muchísimo más lento.
800 millones de dólares al año y subiendo
WhatsApp podría monetizarse por vías más o menos razonables como la venta de packs de stickersen una tienda centralizada donde la plataforma cobre una comisión, al estilo de la App Store; por funciones avanzadas solo para suscriptores de pago, o por opciones de compra in-app al estilo de Tinder.
Sin embargo, WhatsApp solo se monetiza a través de los usuarios de WhatsApp for Business, su producto corporativo, a quienes cobra una vez superen las 1.000 conversaciones. A partir de esa cantidad cobra por mensaje a un precio que varía en función de bloques por millones.
Esto le ha permitido ir logrando unos ingresos al alza, que rozaron los 800 millones de euros al cierre de 2021…
…pero con un acumulado todavía muy lejano a la inversión que hizo Facebook por ella.
WhatsApp está muy lejos de su potencial en cuanto a facturación. Es la tercera plataforma social a nivel mundial por usuarios solo por detrás de Facebook y YouTube, con 2.000 millones de usuarios activos mensuales.
Si comparamos con negocios de otros sectores, WhatsApp juega en la liga de Groupon, Bumble, SquareSpace o ShakeShack, empresas que o bien no son globales o bien tienen una penetración muy baja, pero logran ingresos muy similares a la aplicación de mensajería.
Su liderazgo en cuanto a usuarios únicos no se corresponde con el de sus ingresos. Ahí va una relación de la ídem entre usuarios e ingresos (año 2021) de cada una de estas grandes plataformas. Excluimos Facebook Messenger de la ecuación.
Tras ocho años desde que Facebook compró WhatsApp, y aunque los ingresos que esta le genera van aumentando con el paso del tiempo, siguen muy lejos de suponerle rentabilidad al precio pagado, pese a su enorme éxito global.
Por comparar, Facebook pagó 1.000 millones de dólares por Instagram, lo cual equivale a su facturación semanal. Con unos ingresos como los de 2021, WhatsApp necesitaría 25 años más para recuperar lo invertido por Facebook. Claro que nadie duda de que esto llegará un poco más temprano.
Anoche presenciamos una de las mayores compras de la historia. La mayor red social del planeta, Facebook, compraba Whatsapp por la friolera cantidad de 19.000 millones de dólares.
Así que a partir de ahora, los que eran usuarios de Whatsapp se convertirán en usuarios de Facebook. Ahora Facebook tendrá acceso a nuestra información en Whatsapp y por supuesto, a nuestro número de teléfono, que en mi opinión no me gusta nada de nada.
19.000 millones por WhatsApp
Al acuerdo que han llegado ambas empresas ha sido de 19.000 millones de dólares, pero no todo en metálico, claro está. Esta cantidad de dinero se divide en 12.000 millones de dólares en stock de Facebook, 4.000 millones en metálico y 3.000 millones en acciones de Facebook para los empleados de Whatsapp. Si no puedes con tu enemigo, únete a él, o en este caso, cómpralo.
Tras la compra se empezaron a generar rumores sobre el futuro de Whatsapp y de lo que cambiaría de este servicio de mensajería ahora que pertenece a Facebook. ¿Introducirán anuncios?, ¿dejará de costar 0,89€ tras el primer año?, ¿remodelarán por completo la aplicación?. Según podemos ver en el blog de Whatsapp, ésta es su respuesta.
“Here’s what will change for you, our users: nothing.”
Esperemos que estas palabras sean ciertas y no veamos severas modificaciones influenciadas por Facebook en la aplicación de Whatsapp y mucho menos en sus servicios. El hecho de que las políticas de ambas empresas sean tan diferentes hará que se tenga que dialogar sobre el funcionamiento final de Whatsapp y Koum no quiere nada de cambios. Quiere que siga siendo una aplicación libre de anuncios y con las suscripciones establecidas actualmente. ¿Quedará la cosa así o Zuckerberg hará de las suyas?
Pero no sólo influenciará Zuckerberg en Whatsapp, sino que el CEO de Whatsapp, Koum, se convierte en parte del órgano ejecutivo de Facebook, teniendo voz y voto.
Dos años de negociaciones, no de la noche a la mañana
Pero no todo fue de la noche a la mañana. Zuckerberg estuvo negociando con Koum, el CEO de Whatsapp, durante dos años hasta al final conseguirlo. «Let’s connect the world together«, esas fueron las palabras de Mark Zuckerberg en uno de los varios encuentros que tuvieron.
Tras este tiempo de reflexión, Koum se plantó en la casa de Zuckerberg para confirmar la unión y la compra de Whatsapp por parte de Facebook. Aunque parecía algo repentino, no fue así, el CEO de Whatsapp no cedió tan rápido ante Zuckerberg.
¿Por qué Zuckerberg compró Whatsapp?
Lo que impulsó a Mark Zuckerberg a comprar Whatsapp fueron tres aspectos claves:
- Whatsapp suma 1 millón de usuarios al día y tiene 450 millones de usuarios activos cada mes. Más que Facebook, Instagram, Skype y demás.
- El 70% de los usuarios de Whatsapp usan sus servicios a diario. Mientras que el 62% de los usuarios de Facebook visitan a diario esta red social.
- Zuckerberg quería convertir Whatsapp en empresas tan populares como Youtube, Tencent o la misma Facebook.
Esta compra es un claro ejemplo de «Si no puedes con tu enemigo, únete a él». Facebook ya lanzó un servicio de mensajería propio, Facebook Messenger, el cual permitía asociar tu número de teléfono y comunicarte con el resto de tu agenda de contactos. Pero el éxito de esta aplicación fue inexistente, más bien, se sigue usando como forma de usar el chat de Facebook sin tener que ingresar en la aplicación.
Dentro del mundo de las aplicaciones de escritorio, Facebook es enorme, pero cuando se trata del sector móvil, ahí la cosa no va tan bien. Es quizás por esto que Facebook se decidiera en comprar Whatsapp, para así conseguir beneficios a través del mercado de aplicaciones móviles, donde peor le iba la cosa. Es cierto que muchas veces revisamos nuestro Facebook desde el smartphone pero, ¿cuántas veces usamos Whatsapp?
¿Sólo era Facebook el interesado en Whatsapp?
La compañía de mensajería instantánea Whatsapp ha estado en el punto de mira de muchas empresas. ¿Alguien ha dicho Google?, pues sí, Larry Page echó el ojo en Whatsapp. Ya se rumoreaban negociaciones entre Larry Page y Jan Koum pero un tiempo después, esos rumores se desvanecieron, dejándonos con la duda de si eran ciertos o no.
Una de las cosas que me sorprende es que finalmente Google no se hiciera con el dominio de Whatsapp, ¿acaso la oferta no era tan suculenta como la que ofreció Zuckerberg?.
Al final Facebook se llevó el gato al agua y se hizo con este enorme servicio de mensajería instantánea y claro está, el cual era su objetivo principal, con todos sus usuarios.
Y vosotros, ¿os esperabais algo así?, comentad debajo.
Via: Omicrono
Publicidad vs. privacidad: escenarios futuros
WhatsApp ha amagado en varias ocasiones con incluir algún tipo de publicidad, pero los propios responsables han matizado que, si llega, estaría acotada a superficies como Estados o Canales, evitando invadir los chats. Este camino encaja con lo que vemos en el mercado: muchas plataformas ofrecen versiones gratuitas sustentadas por anuncios más opciones de pago con beneficios adicionales.
La clave para WhatsApp es mantener intactos dos principios: no tocar el cifrado de los chats y no introducir interrupciones en medio de una conversación. Los usuarios han mostrado tolerancia a anuncios en espacios claramente separados, siempre que se respete su privacidad y que los controles de configuración sean claros.
Al mismo tiempo, la app ha crecido hacia usos profesionales y de comunidad donde los Canales pueden convertirse en un espacio para suscripciones o patrocinios con reglas del juego transparentes. Esta vía permite mayor sostenibilidad sin canibalizar la experiencia personal de mensajería.
En cualquier caso, la presión regulatoria y la sensibilidad pública alrededor de la privacidad obligan a cualquier cambio a ser gradual, con comunicación previa y opciones de control para los usuarios.

Interoperabilidad y el futuro de la mensajería
Otra de las tendencias que impactan a WhatsApp es la interoperabilidad. Por un lado, amplía el alcance de los usuarios sin obligarles a instalar más apps; por otro, implica retos técnicos y de seguridad para preservar cifrado, identidad y controles de abuso cuando se comunican servicios con arquitecturas distintas. Meta ha confirmado su voluntad de habilitar mensajería con otras apps del rubro en contextos regulados, algo que puede redefinir la forma en que entendemos el chat privado en el ecosistema móvil.
Para los usuarios finales, esto significa potencialmente poder enviar mensajes a contactos en otras plataformas desde la misma app, reduciendo la fragmentación. Para creadores y negocios, abre puertas a alcances mayores y a nuevas formas de servicio omnicanal.
El desafío para WhatsApp será mantener su estándar de seguridad y simplicidad mientras integra puentes hacia fuera: la interoperabilidad sirve a los usuarios si no añade complejidad ni relaja protecciones.
Lo que hemos aprendido de otros intentos y competidores
En la última década han surgido infinidad de apps de mensajería que prometían ser más rápidas, más seguras o más divertidas. Muchas tenían funciones que WhatsApp no ofrecía entonces: pegatinas avanzadas, llamadas tempranas, clientes de escritorio, bots o canales desde el inicio. Sin embargo, la clave del éxito en mensajería no suele ser tener más funciones, sino alcanzar masa crítica y ofrecer una experiencia tan predecible que cualquiera pueda usarla sin curva de aprendizaje.
WhatsApp ha priorizado ese enfoque y, cuando ha incorporado nuevas capacidades (llamadas, vídeo, reacciones, comunidades), lo ha hecho con un ritmo prudente para no romper su simplicidad. El resultado es una plataforma donde la mayoría de contactos ya están, y en la que la adopción de novedades es más natural porque el núcleo del producto permanece intacto.
Esta lección explica por qué, pese a competir con alternativas muy completas, WhatsApp sigue siendo la opción por defecto para la mayoría. La compra por parte de Facebook añadió músculo tecnológico y financiero para mantener la escala y la fiabilidad que requiere ese liderazgo.

¿Qué cambia para ti hoy?
Si usas WhatsApp para hablar con familia, amigos o trabajo, lo más importante sigue intacto: tus chats, tus grupos, tus llamadas y tus videollamadas. Es posible que veas más opciones para organizar comunidades, unirte a canales o interactuar con empresas, y que algunas funciones se vuelvan más inteligentes (búsquedas, filtros, respuestas rápidas). Pero la pantalla donde escribes seguirá siendo la misma, con la misma promesa de privacidad en el contenido.
En el horizonte, podrás aprovechar mejoras en interoperabilidad, descubrir canales temáticos de calidad y contar con más herramientas si gestionas un negocio desde WhatsApp. Para quienes prefieren una experiencia minimalista, la app seguirá permitiendo ignorar lo accesorio y centrarse en lo esencial: hablar con quien quieres, cuando quieres.
Y, como siempre, podrás decidir: silenciar canales, abandonar comunidades, limitar quién te agrega a grupos, revisar la verificación en dos pasos y cifrar las copias de seguridad. El control sigue en tus manos.

Mirando todo lo anterior, la compra de WhatsApp por Facebook ha sido una palanca para acelerar funciones, consolidar la infraestructura y abrir vías de negocio respetuosas con el usuario, a la vez que ha mantenido el terreno sagrado de los chats sin anuncios y con cifrado de extremo a extremo. El equilibrio entre crecimiento y confianza es delicado, pero hasta ahora se ha preservado el ADN que hizo a WhatsApp imprescindible y, a la vez, se han sembrado las piezas para un ecosistema más rico y conectado.



